"El que juega al fútbol sabe que no lo va a dejar nunca"

Comenzó a jugar a los 5 años en un equipo llamado "Amistad Sur", y nunca dejó de hacerlo. Quiso disputar su último partido con la camiseta de USMA, en el campo de juego con césped sintético, pero no lo dejaron. Sin embargo, sigue disfrutando de la "pasión" y admite: "no sé hasta qué año jugaré, pero son distintas etapas, y ahora estamos empezando una nueva". A su vez, y luego de jugar un Panamericano y un Mundial de Clubes de Fútbol de Salón, ahora dirige a Lanús en la Liga de Honor.

por Carlos Alvarez
c.alvarez@elpatagonico.net

Puede charlar del trabajo, de la familia, de la vida y de proyectos, pero Eduardo "Tatu" Cárcamo siempre terminará hablando de fútbol. Lo siente así. Lo vive y lo disfruta desde los cinco años cuando aprendió a patear una pelota en el equipo "Amistad Sur", y con 36 años no va a cambiar.
Supo defender los colores de la CAI, cuando el club aún no estaba afiliado a la Liga de Fútbol de Comodoro Rivadavia, y también integró el equipo de Huracán que salió campeón del viejo Argentino B dirigido por Jaime Giordanella, donde tuvo de compañero al arquero suplente de River Plate, Julio Chiarini, entre otros de renombre y experiencia.
También dejó su huella en General Roca, donde compartió la desaparecida Cuarta División con sus hermanos, y antes de ir a USMA, jugó en Próspero Palazzo.
Con su familia como principal sostén, "Tatu" ha jugado en diferentes clubes de Comodoro Rivadavia, y reconoce que Vanesa (su esposa) lo ha bancado siempre y estará eternamente agradecido. Muchos fines de semana venía de jugar en cancha grande, y 'rebotaba' en su casa para ir a jugar Futsal.
Ya el año pasado comenzó a pensar en alejarse de esa responsabilidad de ir a entrenar, de 'bajar' del campo y salir a las apuradas para el predio de USMA, pero quería cumplir un sueño. "El retiro del fútbol oficial lo venía meditando. Me costaba entrenar, se me hacía muy tarde. La familia que espera, el trabajo y los horarios. El año pasado lo empecé a pensar. Ya no entrenaba como debía. El último año estaba decidido dejar, pero se daba una situación especial con la gente, con la inauguración de la cancha. Lo hablé con el cuerpo técnico. Yo mientras pueda venir a entrenar, voy a querer jugar hasta fin de año y despedirme en la cancha", les dijo al cuerpo técnico "Patricio" integrado por Thiago Errazu y Héctor Villafañez, pero no lo pudo lograr. No lo dejaron. "Son cosas del fútbol, no se dio, pero ya está. Yo quería retirarme en la cancha. No se pudo, sentí un poco de nostalgia y amargura. Después uno lo asimila de otra forma", afirma en el living de su casa mientras se pone serio y mira un punto fijo.

JUEGOS DIFERENTES
No tuvo tiempo de pensar demasiado en la despedida que no fue, porque hubo bienvenida de 'viejos' compañeros y amigos en los Veteranos de General Roca donde el compromiso por jugar es el mismo de siempre, pero no demanda las horas de entrenamiento que por ahí se necesita para jugar en la Liga Oficial. "En los Veteranos se juega diferente. El fútbol oficial es muy dinámico, y se corre mucho. Si hay jugadores de buen pie, prevalece lo físico, y en los Veteranos es al revés. Ves jugadores experimentados, con mañas, y es divertido. Las dos formas de jugar están buenas", reconoce Eduardo con una amplia sonrisa.
A los 36 años valora los consejos que le dieron en sus inicios Armando Tula, "Beto" Bellido y Víctor Doria en la CAI, pero también el esfuerzo enorme que hacía el señor Alonso y la señora Mary, del barrio Próspero Palazzo, que lo buscaban en su casa para ir a jugar, y por eso valora muchísimo la amistad que hizo a lo largo de su trayectoria.
"No hay un logro que esté por encima de la amistad. Tengo ascensos con Roca, hemos peleado con USMA para mantener la categoría, y también fue una hermosa experiencia cuando logramos el ascenso en el Argentino B con Huracán. No me tocó jugar mucho, pero compartir el vestuario con grandes jugadores. Estaban Julio Chiarini, Andrés Price, el 'Colo' Domínguez, Guille López, el "Piojo" López, Jeremías Buz, Daniel Neculman y muchos más. Estaba Jaime Giordanella en el banco", recordó con precisión. Cerca de 17 años ligado al fútbol no es poco tiempo. Y "Tatu" lo sabe, pero además sabe reconocer y valora el apoyo incondicional de su familia para seguir vigente. "A mi familia soy un agradecido de por vida. Mi señora Vanesa, junto a mis hijas Agustina, Nahiara, Valentina, y mi hijo del corazón, Nemías. Fueron muchos años, 17 años que me bancan este recorrido. La locura de jugar al fútbol", dimensiona el volante.
Trata de definirlo en pocas palabras, pero el fútbol significa mucho en la vida de "Tatu". Mira un punto fijo, respira profundo y afirma convencido: "el fútbol es una pasión. Es un hobbie, y el que juega al fútbol sabe interiormente que no va a dejar nunca el fútbol. Podes estar con una molestia, pero pasan veinte días, te recuperas y cuando pisás una cancha se te pasa todo. Veo gente grande jugando, y cuando los veo me saco el sombrero. No se hasta que año jugaré, pero son distintas etapas, y ahora estamos empezando una nueva", resaltó.

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