El relojero al que balearon en dos asaltos y que aún espera justicia

Jorge Simeoni, propietario de la Joyería Fiorella, el 26 de julio de 2007 fue baleado por el peligroso delincuente bahiense Ricardo Fariña. Recibió tres balazos mientras trabajaba -dos en el brazo y uno en la pierna derecha-. Ya le habían pegado un tiro en el abdomen en un asalto anterior a la joyería de San Martín al 200. Por eso esta vez estaba armado. Cuando Fariña entró y ledisparó, él le descerrajó el cargador completo en el cuerpo. Al delincuente lo salvó que las balas de Simeoni fuesen encamisadas en cobre y no de plomo. Fariña fue condenado a 9 años de prisión, pero se mantiene prófugo de la Justicia desde el 2 de diciembre de 2013 cuando se escapó esposado del Hospital Regional. Fue su segunda fuga de la alcaidía Policial.

Es 29 de julio de 2007 y como puede Jorge Simeoni baja de la silla de ruedas. Se sienta en la escalera de ingreso a su vivienda y trepa arrastrándose por el suelo. Lo hace ayudado por los brazos y -sobre todo- por su fuerza de voluntad. Cuando llega a la cima, se desvanece. El esfuerzo para él ha sido demasiado, teniendo en
cuenta que la sangre que perdió horas atrás fue demasiada. Habían pasado tres días del violento asalto que sufrió el propietario de la relojería y joyería Fiorella, ubicada en San Martín al 200. Ricardo Fariña, un delincuente bahiense, le había pegado tres tiros en el cuerpo. El se resistió y le respondió vaciándole el cargador, lo que hizo que también la vida del delincuente corriera peligro varios días. Sobrevivió en precarias condiciones, oculto en un taller y recibiendo precarias atenciones de enfermería. Pero tenía el cuero duro, tanto que luego escaparía de la cárcel en dos oportunidades y aún sigue prófugo.
Las balas del revólver calibre 38 de Fariña le provocaron serias lesiones en su pierna derecha. El plomo le destrozó el hueso y debieron colocarle una prótesis con doce clavos. La semana pasada, Jorge comenzó a sentir dolores intensos y confesó que deberá acudir a la supervisión de un especialista.

LA SEGUNDA VIDA
Antes de ser baleado por Fariña, Simeoni ya había sufrido un asalto unos meses antes. Delincuentes a cara descubierta habían reducido a golpes al encargado de la seguridad. El más decidido pasó la línea de caja en donde Jorge trabajaba en la reparación de relojes y lo enfrentó.
"Empezamos a pelear. Me estaba apuntando y alcanzo a desviarlo, y el tiro me pasa por la grasa, me resbalo y me caigo" rememora a Letra Roja. El plomo le perforó la camisa y se incrustó en el abdomen. Por fortuna no le lastimó ningún órgano vital. Ese fue el primer asalto que sufrió el relojero al que todavía -dice- no le llegó la hora. Ese día sintió miedo. Parecía estar en cuadro de escena de cualquier policial taquillero. Caído en el piso, pateando, herido de bala en el abdomen, intentando levantarse. Bajo su desesperación trataba de escapar y no podía.
"Y viene el tipo, me apunta en el suelo y me tira al costado, como diciendo 'no te maté porque no quise'", recuerda. Nunca la Policía pudo detener al sospechoso. Dicen que se trataba de un pescador que había bajado de un barco, pero al fin y al cabo, pistas más o pistas menos, el hampón se escabulló.
"Hay que estar en el momento, algunos se asustan, otros reculan. Yo lamentablemente sé que encaro porque después me pasó dos veces más en la casa" dice Simeoni, que es consciente en que en ese tipo de enfrentamientos contra la delincuencia le puede ir mal y terminar con su vida.
"ME DA BRONCA NO
HABERLO MATADO"
Del segundo asalto, cuando se enfrentó a Ricardo Alfredo Fariña, a Jorge le quedaron secuelas irreversibles.Tiene una prótesis en su pierna derecha. La semana pasada fue a realizarse un chequeo porque le duele muchísimo. "Tengo un 'fierrerío'" dice y muestra la radiografía. Doce tornillos. Uno clavado con el fémur.
Jorge se dedica a trabajar y a enseñar a los hijos a ser honestos. Se le quiebra la voz cuando se acuerda de lo que vivió, pero es un hombre fuerte y no va a dejarle paso a lo emocional. Hoy, a ocho años y medio de aquel violento asalto, no piensa en el robo.
"Pero me da bronca que no haya cumplido su pena; me da bronca no haberlo matado porque lamentablemente tenía una bala incorrecta, tenía una bala enfundada en cobre porque si hubiese sido plomo, se hubiese deformado, no estaría acá" confiesa el relojero.
Es que cuando Fariña lo baleaba, él también descerrajaba a la vez sus disparos. Le tiraba y le tiraba. Los balazos herían a Fariña, pero no caía. Los dos se trenzaron en un forcejeo en donde las armas escupían balas. "¿Pero este tipo quién es? ¿Highlander?" se preguntaba para sí Jorge. Es que según recuerda él quedó tirado herido en el suelo de la oficina, y Fariña herido como estaba se sentó frente a la caja fuerte y comenzó a sacar los paños de joyas y dinero.
Después vino la charla con el que a Jorge le había vendido las balas encamisadas en cobre. Si hubiesen sido de plomo, el cuerpo de Fariña no hubiese soportado como lo hizo en un galpón donde se recuperaba de las heridas cuando lo encontró fortuitamente la Policía.
"Si tenía la bala correcta, (Fariña) iba a ser uno menos. Nos rasgamos las vestiduras por los derechos de los demás, pero hay que ser práctico. No es que quiero la Ley del Talión, el ojo por ojo, diente por diente, pero tampoco es justo que haya tanta delincuencia y tanta gente sufriendo" dijo Simeoni.
Jorge trabajaba en sus inicios desde las 7 hasta las 21 y luego los domingos desde las 9 hasta las 12:45. Nunca se metió con nadie. Lo que tiene lo consiguió trabajando.
"Yo no paso los derechos por arriba de nadie, y no permito que nadie los pase por encima de mí" deja en claro.
En su casa también corrió a los tiros en dos oportunidades a delincuentes que quisieron ingresar por el balcón. "Les tiré a los pies para asustarlos" explica.
No practica tiro, pero sí caza, y come algunas de las presas, como las liebres; no los avestruces. "No mato por matar". En su casa siempre hubo armas, sus hijos y sus hermanos saben usarlas.

EL OFICIO
Jorge es relojero desde los 14 años. Su iniciador fue Alberto Acosta, un amigo de la familia en Esquel. Su madre quería que aprendiese un oficio. Hasta que no arregló por sí solo su primer despertador, Simeoni no cobró un peso. Desde ese día no frenó con su trabajo. Después otro profesional le enseñó relojería de pulsera. Hoy a los 60 años sigue trabajando en su propia relojería y joyería, ubicada en pleno centro de Comodoro.
Desde pequeño perdió a su padre y su madre trabajaba 15 horas por día en el Hospital. Realizar los quehaceres de la casa, cocinarse, trabajar seis horas al día en la quinta y limpiar el gallinero, era una tarea cotidiana. Allí aprendió a valorar muchos aspectos de la vida. Eso es lo que ahora trata de enseñarles a sus hijos: el esfuerzo del trabajo y las responsabilidades.
"Las cosas no se solucionan mágicamente; las tiene que solucionar cada uno" repite.
Como sabía liquidar sueldos para empresas constructoras, en Comodoro hizo facturación en Pérez Companc. Después puso una mesa de trabajo en la galería Tower en donde vendían calculadoras. Cerraron y él compró la llave. Estuvo once años en la galería, le pusieron un ultimátum y arregló su salida. "Nadie me corre, no me corren con una pistola, me iban a correr con versos" recuerda.

EL HOMBRE HOY
Son las 11 de la mañana. Un hombre ingresa buscando un repuesto para una malla. Encontró una figura dorada y al parecer creyó que era oro. Jorge la analiza y comenta: "todo lo que brilla no es oro". Y le dice al hombre que se trata de un tenedor de bronce de los que se usan como adorno. El visitante guarda el objeto que traía envuelto en un paño y se va.
Jorge no sabe cómo se fugó Fariña, condenado a 9 años de prisión por el robo agravado que ya se había escapado de la alcaidía Policial en 2009 y que luego fue recapturado en Bahía Blanca. No le prestó atención a la fuga. Cuando se entera de que un solo policía lo había custodiado al Hospital Regional desde donde salió corriendo esposado y se subió a un vehículo, se sorprende.
La primera vez que Fariña se fugó y lo recapturaron le preguntó a su mujer: "¿cuánto pensás que va a durar adentro?". Fariña se volvió a fugar. Pasó la mayoría de la pena prófugo. Y la misma expira este año.
"Agradezco estar vivo, no fue mi momento y listo. Nadie muere antes de tiempo", reflexiona. Opta por no psicoanalizarse porque no quiere complicarle la vida al profesional. "Trato de no joderle la vida a la gente", dice.
Es agnóstico pero lo criaron bajo el catolicismo, y aprendió: "no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a tí".

SIN JUSTICIA
A Jorge lo hirieron en las dos oportunidades que lo asaltaron en busca de la caja fuerte. Pero él cree que hay personas que han sufrido más el arrebato de la delincuencia. Se acuerda de José Luis García y de Santiago Blanco y se enfurece.
"Habría que cambiar tantas cosas. Son una serie de cosas encadenadas. Nada tengo que decirles a los jueces de ese momento. En el panorama de ahora del país hay jueces corruptos, jueces cagones, jueces comprados, jueces o fiscales que se falopean y los tienen agarrados, jueces amenazados. El que es juez tiene que impartir justicia pero es difícil porque hay tanta delincuencia, tantos métodos. Hoy a un juez le conocen la vida, es difícil. La policía es lo mismo, policías corruptos. Mientras esto no se sane, va a seguir lo mismo. No se hace nada. Los gobiernos de los Kirchner fomentaron la impunidad. Que este político está entongado, que éste está con la droga. No sabes a quién creerle, pero mientras haya impunidad, mientras entren por una puerta y salgan por otra, esto va a seguir igual", reflexiona el sobreviviente.
Dice que la cadena perpetua no debería tener un tope de 25 años. "No quiero la pena de muerte, no me interesa, pero la cadena perpetua es perpetua. ¿Qué vas a estar reconsiderando la salida transitoria de un tipo que mató a alguien?" sostiene.
Sabe que su pensamiento es retrógrado, pero que las normas se deben respetar. Compara que ahora a los chicos los califican con colores para que no sea agresiva la manera de calificar. Tirar un papel a la calle, pasar el semáforo en rojo, pegarle a las mujeres, son cosas que Jorge dice que deben ser condenadas.
Es temperamental y a veces levanta la voz, pero es que su tono es alto. Tiene una ventanita de esperanza: que alguien escuche su pedido de justicia.

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