El vino ahora también entra por la vista

El vino seduce por su aroma, sabor, textura. Y ahora también por su imagen. La industria vitivinícola se reinventa. Algunas bodegas invierten tiempo y dinero en un cambio de imagen; otras directamente lanzan al mercado etiquetas con una impronta llamativa. En general, apuntan a un público de entre 35 y 50 años que tiene poder de decisión y consumo.

Leandro Ferreyra
lferreyra@ambito.com.ar

Hey Malbec, Pala Corazón, Mosquita Muerta, El Enemigo, Desquiciado, El Relator, Perro Callejero, Malo, Sapo de Otro Pozo. Estos nombres, entre tantos otros conceptos bizarros o al menos llamativos, "son guiños a una generación que hoy tiene entre 35 y 50 años. Se trata de personas que tienen poder de decisión y de consumo", considera el sommelier Marco del Castillo Maldonado.

MERCADO ATRACTIVO
"Hay ejemplos muy claros como Seminare, que alude a la canción de Serú Girán. Otro es Ji Ji Ji, que hace referencia a la canción de los Redonditos de Ricota. O una etiqueta del francés Thibault Lapoutre, reconocido enólogo de Bodegas Lurton que hoy tiene un emprendimiento paralelo que se llama Mundo al Reeves. Él hizo un vino que se llama Asa Nisi Masa, en homenaje a una película de Federico Fellini. Es claramente un guiño al arte, a esa misma franja etaria de buen poder adquisitivo que tiene poder de compra", agrega Del Castillo Maldonado.
"Hay de todo y para todos los bolsillos: El Enemigo se consigue a partir de $600; Malo, oscila los $950; pero hay muy buenos productos a precios accesibles, como Plop, que parte de los $260; Tinto Negro (arranca desde los $195) o Hey Malbec, que vale $270", concluye en sommelier.
Pero más allá de lo innovadora que resulte la imagen, los especialistas tienen una teoría en común: Si la etiqueta no está respaldada por calidad, el consumidor no se casa con el producto.
"No pensamos directamente en el marketing ya que para nosotros lo más importante es el vino adentro de la botella", asegura Matías Riccitelli, de Riccitelli Wines, creador de Hey Malbec y Hey Rose, entre otros. "Todas nuestras etiquetas cuentan historias de una manera descontracturada, es una forma de comunicar lo que pensamos y cómo vivimos", sentencia el hijo del reconocido Jorge Riccitelli.
Para Quentin Pommier, de Bodega Mundo Revés y creador del revolucionario Asa Nisi Masa, "Al ser un proyecto pequeño y sin presupuesto de marketing, necesitamos destacarnos por nuestra creatividad tanto en los vinos que hacemos como en su comunicación. La etiqueta es, por ende, la principal herramienta que tenemos para atraer al cliente, para sorprenderlo después con el vino. Pasamos mucho tiempo con el diseñador desarrollando las etiquetas. Nuestras ideas de marcas o diseño no surgen de un estudio de marketing o de un análisis de mercado. Son creaciones genuinas
que esperan simplemente encontrarse con su mercado", aclara.
Otra bodega que hoy apuesta fuerte a su imagen es Bodega Suter. "El trabajo global de rediseño lo hemos llevado a cabo junto al estudio SUReBrandesign, el cual cuenta con una vasta experiencia en la categoría vinos. En un mercado con una multiplicidad de oferta, la importancia del packaging es indudable", acota Juan Parajua.
"Hay muchos casos en los que más allá de la buena calidad del producto, la etiqueta juega un rol clave", opina Aldo Graziani. "Trabajar en un cambio de imagen no es un factor menor. Conozco casos que han cuadruplicado sus ventas. Pero ojo, siempre respaldados por un producto de calidad", afirma el sommelier.

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