En Comodoro se atienden cuatro de cada diez casos de alcoholismo que registra Chubut

Comodoro Rivadavia es la localidad de Chubut en la que se registra la mayor cantidad de tratamientos por alcoholismo. Duplica en casos a Trelew, Puerto Madryn y Esquel. Además, supera con notoriedad a las rehabilitaciones por tabaquismo, marihuana, cocaína y otras sustancias. En esta ciudad existen dos centros de día donde se atienden a quienes reconocen su problema con el alcohol y buscan recuperarse. También funciona un grupo de Alcohólicos Anónimos al que cada tarde asisten entre 10 y 20 personas. Son hombres y mujeres que luchan contra una adicción que los enferma a ellos y a su núcleo familiar.

Juan F. tiene 64 años y es albañil. Hace 35 años que "tocó fondo", como él lo reconoce y empezó a asistir a las charlas de alcohólicos anónimos. En ese momento todavía vivía en Leandro N. Alem, una localidad de Misiones donde fue uno de los primeros integrantes del Grupo de Reanimación Fraternal, el cual comenzó a funcionar el 22 de noviembre de 1980 gracias a una monja.
Para Juan, quien se enorgullece al decir que fue uno de los primeros en recuperarse, el alcoholismo es un día un día. Por esa razón, cuando se vino a vivir a Comodoro Rivadavia decidió buscar un nuevo espacio, que finalmente encontraría en el Hospital Regional. En el centro asistencial, recuerdan los recuperados más veteranos, funcionó la primera sede de Alcohólicos Anónimos. Hoy sus actividades se desarrollan en una pequeña oficina de la escuela Ceferino Namuncurá.
De lunes a viernes, de 19 a 21, entre 10 y 20 personas participan de las charlas que realizan en ese espacio. Cuentan sus vivencias en un clima discreto donde nadie es juzgado y en el cual tampoco hay necesidad de identificarse, ya que tal como dice Juan “si vos decís que sos José sos José y si decís que sos Pedro sos Pedro".
Esa es una de las premisas del grupo, al cual asisten hombres y mujeres, desde ingenieros hasta albañiles y desocupados, desde menores de edad hasta adultos mayores, como es el caso de un hombre de 89 años o el de un adolescente de 15 , que pese a buscar la recuperación, falleció producto de las consecuencias del alcohol.
En Alcohólicos Anónimos no hay jefe, ni coordinadores, solo una pequeña comisión de tres personas: un presidente, un secretario y un tesorero. Este último fiscaliza lo que se recauda en forma voluntaria para pagar algunos gastos, como el comodato de la oficina casi simbólico y los costos mensuales en galletitas y gaseosas que comparten en cada charla.
El espacio no está en contra de la venta del alcohol, sino busca ayudar "al bebedor problema". No tiene ideología política, ni religiosa. Y sus actividades se dividen en las reuniones de servicio donde los integrantes de la comisión evalúan las cuentas; la reunión pública donde se abren las puertas a la comunidad para conocer de cerca al grupo tal como se hizo ayer; y la reunión cerrada donde encuentran la contención, narran sus propias historias e interactúan entre ellos, sin médicos ni medicamentos.
"Este es el único lugar del mundo donde no te juzgan. Por ejemplo yo dije soy un enfermo. Nadie me lo dijo, yo lo reconocí. En eso se basa el mensaje para todas las personas que quieran dejar de beber. No se cura, ni se da remedio, ni hay soluciones mágicas", recalcó Juan, quien bebió en exceso durante más de 25 años hasta que decidió entrar a Alcohólicos Anónimos.
"La verdad no sé porqué comencé a tomar. En este tiempo que estoy en el grupo yo pienso que nosotros tomamos por pretexto: para poder hablar con alguien, para ser mejor. Pero sí te puedo asegurar que es una enfermedad psicofísica y progresiva que enferma no solo a uno, sino también a la familia y a la comunidad, porque en estado de ebriedad uno le puede pegar a su mujer y al que se metió", confiesa quien define que estos últimos 35 años fueron los mejores de su vida.
En el caso de Raimundo S., un comerciante de 41 años que hasta antes de caer en el alcohol practicaba deporte y llevaba una vida saludable, revela que comenzó a beber producto de la depresión que le causó el cáncer que sufrió su esposa. Su adicción incluso lo llevó a ser medicado.
"Yo hace seis meses que vengo. Anteriormente había participado de las reuniones seis meses más y estuve siete meses sin venir. Pero volví porque volví a tomar alcohol y las reuniones me sacaron adelante", contó a El Patagónico marcando la pauta de lo que representa para ellos asistir a este tipo de espacios.
"Yo en mi caso siempre laburé, hice muchas cosas en el transcurso de mi vida, pero cuando empezó esto me aislé completamente. Fue muy duro. Y cuando comencé a venir me sentí aliviado, cómodo, conté mis problemas. Pero dejé porque pensé que no era necesario. Me la creí y volví a caer", reconoce con el dolor en el rostro por algo que él solo puede sentir.
Raimundo relaciona el espacio de Alcohólicos Anónimos a la psicología. "Uno a veces viene con la mochila bien cargada y la descarga. Uno lo que encuentra acá es espiritualidad y gracias a los compañeros que dan sugerencias uno va saliendo adelante, porque se charla en base a los testimonios y los que nos llevó", describe un hombre que antes de asistir a este grupo visitó psicólogos y psiquiatras.
DATOS QUE ESTREMECEN
En Chubut y especialmente en Comodoro Rivadavia el alcoholismo registra datos alarmantes. En toda la provincia desde 1991 a 1996 fallecieron 201 personas por alcoholismo crónico, mientras que entre 2010 y 2014 fueron 99 víctimas por síndromes de dependencia del alcohol, de acuerdo a datos del anuario 2015 del Ministerio de Salud.
En Comodoro Rivadavia tan solo en 2014 fallecieron 9 personas por síndrome de dependencia del alcohol; una mujer y ocho hombres.
Durante ese año, últimas estadísticas disponibles, en los Centros de Día se atendieron 364 casos de adictos al alcohol de los 884 reportados en toda la provincia. Duplica los índices de Trelew, Madryn y Esquel y multiplicando por ocho la cantidad de casos de Rawson.
Según el informe del Ministerio de Salud, el alcohol es la sustancia que más casos presenta de personas dispuestas a someterse a tratamiento. Supera con amplitud a las rehabilitaciones por tabaco, cocaína, marihuana y otras sustancias.
De ese modo, Alcohólicos Anónimos se vuelve un espacio valorable para quienes padecen esta enfermedad. Sin embargo, durante varios años, en Comodoro Rivadavia, esa organización estuvo casi disuelta, luego de que cerrara el Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA) en el Hospital Regional.
Fueron tiempos en que sólo la voluntad y a veces el miedo a caer lograron que los integrantes de Alcohólicos Anónimos siguieran en contacto.
Recién entre 2009 y 2010 Dante, un ingeniero que llegó de Buenos Aires para trabajar en una empresa que había ganado una licitación, rearmó el grupo junto a Matías ante la ausencia de un grupo de contención.
En los primeros tiempos convivieron tres grupos simultáneos en las parroquias María Goretti, María Auxiliadora y Ceferino. Luego ante la escasa participación en los otros centros finalmente decidieron unificar todo en la escuela Ceferino, donde funciona hasta la actualidad,
"Tito" B. (59), un farmacéutico que tuvo un paso por el petróleo, fue testigo de todo este proceso, ya que en su caso forma parte del grupo desde los tiempos del Hospital Regional.
Según contó, a los 33 años comenzó a asistir a Alcohólicos Anónimos, obligado por su esposa ante los problemas que le acarreaba el alcohol en el trabajo, en la familia y en la calle, ya que más de alguna vez se peleó en los boliches o por las deudas.
"A los 33 años no controlaba nada de nada. Vivía para tomar. Yo empecé a tomar a los 13 inconscientemente, no creyendo que iba a terminar siendo un alcohólico. Alguien me acercó un trago, me gustó y vi que ese efecto me producía algo en mi cabeza, que me hacía desinhibirme porque era muy tímido, y con el tiempo lo fui agarrando como un bastón", admite.
Así cada vez que había una fiesta o tenía que encarar a una chica, "Tito" tomaba, hasta que decidió entrar en el grupo y cumplir los doce famosos doce pasos que en 1935, en Estados Unidos, crearon William Wilson y Robert Smith.
Desde entonces decidió no volver a levantar una copa, ya que en Alcohólicos Anónimos consideran que una gota lleva a la otra y despierta la impulsividad de la tentación, por lo que hay que concientizarse día a día, tal como asegura Roberto C. un hombre de 43 años que hoy está desocupado.
"Es como un detonante que puede abrir de vuelta todo. Estás a un paso, a un segundo de la primera gota", explicó. "Yo empecé a tomar a los 20, me gustaba ir a bailar e ir a chupar. Terminaba saliendo en cuatro patas del baño. Pero yo quería dejar de tomar porque me estaban pasando muchas cosas a consecuencia del alcohol que no me permitían llevar una vida normal", reflexiona.
"El alcohol me estaba haciendo daño, haciendo sufrir a mis seres queridos, y hoy me doy cuenta que es un asesino silencioso porque en toda la sociedad está instalado como algo bueno, pero el que no se supo controlar, después se da cuenta que estuvo hasta las manos. Hoy cuando salgo a un boliche ya no pasa, y pude darme cuenta que puedo vivir sin tomar", señala orgulloso por este cambio que comienza por asumir la adicción e intentar dejarla.

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