En El Bolsón, el arte emerge entre las cenizas

El Bosque Tallado en El Bolsón se encuentra a 13 kilómetros del centro. Unico en el mundo, cuenta con 50 esculturas que fueron talladas sobre los troncos que se salvaron del incendio de 1978.

Es uno de los lugares más impactantes de la zona. En permanente contacto con el entorno natural, los senderos del bosque hacen que el paseo sea fácil de recorrer y suman un atractivo único en el mundo: sus árboles en forma de escultura.
Para llegar, se debe tomar el camino de montaña que, saliendo desde la ruta 258 conduce a la plataforma del cerro Piltriquitron (en mapuche "colgado de las nubes"). Hay carteles que indican el desvío y son 13 km por camino de ripio hasta llegar a un gran estacionamiento donde se abandona el vehículo. Luego de aproximadamente una hora de caminata, dependiendo del ritmo de marcha, se llega al Bosque Tallado. En el trayecto se puede parar en los distintos miradores para admirar los picos nevados de los cerros Lindo, Hielo y Azul, y varios ríos.
El bosque, arrasado por un incendio en 1978, recuperó su esplendor en 1998 gracias a artistas de todo el mundo y ahora son cincuenta las figuras de dos a tres metros de altura llenas de expresividad que adornan este paseo. Cada uno de esos troncos de lenga antes yacían tumbados y teñidos de negro por las llamas y ahora fueron convertidos en hermosas esculturas, combinando el arte con la naturaleza, transformando así madera muerta por el fuego en obras de arte en un entorno espectacular.
El ideólogo es el escultor rosarino Marcelo López, que radicado en El Bolsón, fue seleccionado para participar en el segundo Encuentro Nacional de Escultores de General Roca, Río Negro, organizado por una comisión presidida por el escultor Rafael Roca. Luego de esa experiencia, y caminando los senderos del Cerro Piltriquitron junto a su esposa, tuvo la idea de dar vida a un bosque quemado. Pero era evidente que no podría hacerlo solo, por lo que organizó un encuentro de escultores.
Los ruidos de motosierras y los golpes de hacha invadieron el silencio y la espesura del bosque durante ocho días en 1998 por el trabajo de los 12 escultores tanto locales como nacionales, que fueron los encargados de de esparcir su arte en el bosque. Pero la faraónica obra no terminó allí, el segundo encuentro fue al año siguiente y en esa oportunidad fueron 13 los artistas patagónicos que dejaron su impronta en el cerro. En el 2003, 2007 y 2010 se repitió la experiencia y sumaron así 50 obras que hoy adornan el bosque.
Lo cierto es que hoy, este lugar se convirtió en un atractivo turístico insoslayable y en uno de los sitios más visitados por los turistas que pasan por la Comarca Andina del Paralelo 42. Y más allá del atractivo turístico, es importante destacar la importancia de esta propuesta: se le devolvió la vida a un bosque quemado y se creó conciencia de las consecuencias que puede tener el uso irresponsable del hombre en un recurso natural.

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