En la búsqueda de la imparcialidad y la justicia

Soportan el insulto permanente desde el primer minuto, así como la burla y el agravio por su fisonomía. Son alrededor de 40 personas las que le ponen el cuerpo al referato en la capital petrolera, mientras ejercen una función que vista desde afuera suma más ingratitudes que otra cosa. Testimonio de uno de ellos, militar y "casco azul" en Haití, que habla sobre el rol que ocupa cada fin de semana.

Nunca perdió los estribos. Y si lo hizo fue en el ámbito de su hogar, a pesar que reconoce que es un subordinado más en ese espacio. Sí cuenta con un carácter especial para afrontar la tarea de ser árbitro de fútbol de Comodoro Rivadavia y estar en "la búsqueda de la imparcialidad y la justicia". Guillermo Díaz sostiene que se fue moldeando con el paso de los años y el acompañamiento de su familia.
Así, el sargento ayudante de 39 años parece de esos tipos que tienen todo claro. Sabe que es hincha de Patronato de Paraná (porque está cercano a su Chajarí natal). Que cuando era adolescente iba a seguir el legado de su padre y se convertiría en militar. Y que sobre los 22 años iniciaría la carrera en su destino (la capital petrolera) como árbitro de fútbol, dado que era evidente que no contaba con recursos para el sueño del pibe: "ser jugador de fútbol".
"Vas a recibir insultos de todo tipo y se van a acordar de tus familiares en forma constante", le dijo a Guillermo el árbitro Carlos Rujano, cuando lo acompañó en su debut en un partido de 9ª en cancha de Laprida del Oeste.
Los insultos y los agravios los fue superando en forma progresiva. De hecho, hasta en cierto punto los entiende. "La gente acumula una serie de tensiones durante todo el fin de semana y cuando va a la cancha se la agarra con uno. De nuestra parte está la actitud que ello no interfiera en nuestro rol. Porque si hay alguien que no tiene que perder el equilibrio es el árbitro, aunque ello no te asegure que no te equivoques", sostiene a El Patagónico.
Sobre sus orígenes apunta: "me encanta el fútbol pero carezco de habilidad, luego en su momento me llegó la motivación porque veía en acción al 'Sargento Giménez' (Daniel, ahora retirado del referato) que también era militar (principal del Ejército). Y ahí arranqué en la escuela del finado Armando Mújica (Dios lo tenga en la gloria) y ahí arranqué para nunca arrepentirme", recalca.
En lo que hace al contexto que se origina en torno a los encuentros, Guillermo reafirma que deben ser los aspectos que menos relevancia se le deben dar.
"Lo que acontece alrededor del partido no hay que darle importancia. Hay que meterse en el juego, aunque ello no sea garantía de nada. Pero nunca vas a poder dejar conforme a nadie. Primero hay que tener una personalidad que hay que sostener dentro y fuera del campo de juego. Es una responsabilidad muy grande que hay que tener junto con los asistentes. Gracias a Dios me han tocado buenos compañeros de trabajo. La gran responsabilidad en un partido es el árbitro. Entonces cuando los jugadores o cuerpo técnico se desubica hay que aplicarle el reglamento y se irán a los vestuarios", sentencia.

ELECCIONES

En la previa de cada partido, Díaz no se persigna ni mucho menos. Si algo de algo carece es de dramatismo. Esa templanza lo llevó a ser parte de los cascos azules donde brindó ayuda humanitaria en dos campañas de 9 meses de duración la primera y 7 la segunda vez.
"Cuando tenía 22 años ya tenía compañeros del Ejército arbitrando como Jorge Burgos, Walter Tévez, Raúl Pagani. Enrique Silva o Gustavo Bustos, que por ahí no están más porque se fueron de pase. Pero en su momento me motivaron mucho".
El único 'trago amargo' a esperar sería el público, pero ello lo fue dejando de lado en forma progresiva como todo en su vida.
"El debut fue un momento de nervios, pero uno busca hacer todas las cosas que en su momento el instructor te enseñó. Principalmente estar en los detalles. Respecto a lo otro, el agravio muere en el partido, ni siquiera trasciende fuera de ello. Además uno debe arbitrar con la impronta que todos los partidos son importantes, obviamente Newbery vs Huracán es uno de los más importantes por todo lo que representan", sostuvo.
El primer destino del padre de Guillermo fue el batallón de Comunicaciones 9 en Km 3, por eso cuando al nacido en Chajarí (Entre Ríos) le tocó el mismo destino que su padre, no dudo y está radicado en la ciudad desde hace por más que 25 años.
"Mi papá impartía orden y era justo en casa. Se enteró que era árbitro cuando le mandé foto y me dijo que me daba su apoyo si yo lo disfrutaba. Porque si hablamos de plata, tampoco es que te haces rico. Es cierto que lo poco o mucho que se cobra ayuda. Un árbitro de Primera por partido saca un promedio de 800 pesos, y ello le implica una estadía de cuatro horas en la cancha donde es destinado. A eso hay que sumarle los días de semana para entrenar y estar en condiciones físicas, porque lo nuestro no termina en los 90 minutos", recalca.
En la misma sintonía también reconoce que la familia acompaña, para entender su ausencia los fines de semana.
CUESTIONES DEL JUEGO

"Es difícil cuestionar a un árbitro sentado desde un costado de la cancha. Aunque también es cierto que nosotros a veces somos determinantes en el resultado", dispara Guillermo Díaz con total franqueza. Sin ánimo de guapeza, pero con la firmeza de revalorizar su vocación y la de sus compañeros.
Lo de él son decisiones de segundo. Y de carácter: "no me identifico con ninguna camiseta de Comodoro. Es cierto que tengo colegas que fueron futbolistas, como mi 'maestro' Roberto Varela. Por eso cuando comencé me apoyé en gente más grande que yo como Roberto, Claudio y Juan Carlos Quiroga, Alejandro Sepúlveda (que para mí es uno de los mejores árbitros de la zona), Raúl Pagani. De todos ellos fui sacando las cosas más positivas. Por ejemplo Varela tiene mucho carácter y partidos importantes encima. Y es necesario que sea así", recalca.
La misma claridad tuvo cuando se ofreció como voluntario en 2010 y 2012 para estar desplegado a 15 kilómetros de Puerto Príncipe (Haití). "Fue una linda experiencia trabajar con otros ejércitos (pakistaníes, chilenos y ecuatorianos). En cuanto a situaciones que me tocó vivir en esos lugares no fue nada salido de lo común. Haití es un país totalmente pobre. Tal vez uno de los más pobres de Latinoamérica. Pero tampoco podemos asustarnos porque en algunos puntos de la Argentina se viven situaciones similares", expresó.
EL OFICIO Y LA PRENSA

"No me puedo quejar del arbitraje en Comodoro, creo que estamos un poquitito mejor que en Buenos Aires, tanto en el referato como en el juego porque acá hay y salen muy buenos jugadores de fútbol" es la frase con la cual marca describe al fútbol local.
En cuanto al diario del lunes o las polémicas por lo acontecido (que es materia predilecta del periodismo deportivo, más allá de si vieron o no el partido en cuestión), Díaz apunta: "La verdad yo me dedico a hacer lo mío, no cuestiono a mis compañeros. Sí los apoyo si creo que son injustas las apreciaciones. Y en caso que yo vea a un compañero flojo en la cancha lo voy a apoyar. Porque tal vez el árbitro si es gordo le 'queme' la cabeza los comentarios sobre su cuerpo y pierda los estribos más rápido. Como sea, ello no tiene nada que ver (el cuerpo) porque además de dirigir el fin de semana, nosotros vamos a correr tres veces por semana y cada seis meses rendimos prueba de aptitud física. En definitiva, si no salimos nombrados en los diarios es porque hicimos las cosas bien. Como sea, ello es una mirada particular que tengo sobre el tema con la prensa", sostiene.
En criterios particulares, lo suyo pasa por el detalle. Ya sea desde estar entre 25 a 50 metros de la pelota. Siempre pendiente de lo que allí acontece, porque para el resto deposita la confianza en sus asistentes.
"Primero que nada cobro lo que veo. Dudo hasta del tipo que viene a venderme algo a mi casa. Si se pegan, va tarjeta para ambos, uno por empezar y el otro por responder. Tampoco creo en eso de 'decisión salomónica'. No existe para mí porque si se pegaron se van los dos. Siempre lo tuve claro: amonesto lo que veo y expulso a quien se merece. También es cierto que hay jugadores que son predecibles (animales en estado natural) que por más advertencia previa que la hagamos, la mayoría cae en la misma falta hacia el rival", recalca.
"Dedícate a jugar, vamos a jugar o darle un buen espectáculo a la gente", es la frase recurrente de Guillermo cada fin de semana. Pero los jugadores son duros para reflexionar, y si lo hacen, la tarjeta ya dio por terminado el tema.
Luego, a la salida de los vestuarios, Guillermo da el tiempo para el diálogo si se lo piden. Porque en definitiva lo suyo se trata de impartir orden en algo que no deja de ser un juego.

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