En la Cordillera un cosechero gana lo mismo que un peón rural

Cada año cientos de cosecheros golondrinas llegan a la Cordillera desde el norte del país para trabajar durante toda la temporada en la recolección de fruta fina, una labor de hormiga que desde hace tres años se comenzó a regular fuertemente a favor de los productores y de los recolectores. En un año de crisis la expectativa es que la cosecha de unas 1.320 toneladas rinda buenos resultados y se extienda hasta mayo, previo a la llegada de la primera helada.

“Yo siempre digo que cuando tenés la cosecha de la manzana no tenés un día para sacar esa fruta; la podes sacar hoy, mañana o la semana que viene. La fruta fina, en cambio, es muy delicada y los cosecheros tienen que estar muy bien entrenados porque una frambuesa pesa 7 gramos y se saca de a una, y una hectárea está rindiendo 8 mil o 9 mil kilos de fruta. Imagínate la cantidad de gente que tiene que estar trabajando y la cantidad de tiempo que se necesita” dice Javier Mariño, jefe de la agencia de extensión rural que el INTA tiene en El Hoyo y que depende de la Estación Experimental de Esquel, al explicar el trabajo que cada verano se realiza para cosechar la fruta fina.
Por estos días en el pequeño poblado de la cordillera, vecino a Lago Puelo y a El Maitén, cientos de cosecheros trabajan en la recolección de fruta fina, un sector de la producción rural golpeado por la apertura de importaciones que impuso el Gobierno nacional desde que llego a la Casa Rosada el neoliberal Mauricio Macri. Además, incide la baja que se produjo en el consumo de estos productos, no indispensables en la canasta básica familiar.
Los productores están expectantes por cómo se desarrollará la cosecha, ya que si bien “climática y agronómicamente la temporada viene bien”, continúa “el proceso de incertidumbre” ante la llegada de fruta más barata de Chile y la disminución de compra. “Eso frenó un poco la rentabilidad. Los productores lo que están diciendo es que tienen problemas para vender la fruta y que incluso tienen que venderla a un precio más bajo”, admitieron.

EL ARTE DE LA COSECHA
En noviembre comenzó la cosecha de fruta fina en la Cordillera, con la recolección de frutillas en El Hoyo, la zona más baja del sector que se encuentra a 200 metros a nivel del mar. Luego se extendió a Lago Puelo, Mallín Ahogado y las chacras que están en los cerros o en algún faldeo, cosechando algunas de las ocho especies de frutos que se encuentran en la región.
Para realizar el trabajo llegaron desde Jujuy, Salta, Tucumán y el norte de Formosa cientos de "cosecheros golondrinas" que se quedarán hasta el final de la temporada, prevista entre abril y mayo, dependiendo de la llegada de la primera helada que cortará la cosecha.
Así, en cada jornada, desde temprano cientos de cosecheros comienzan a realizar en las chacras y campos de la cordillera un trabajo de hormiga, dependiendo siempre de la cantidad de hectáreas. Por ejemplo, en una chacra de cuatro o cinco hectáreas se pueden encontrar entre 20 y 30 cosecheros, mientras que en un campo de 16 o 17 hectáreas, más de 120.
El trabajo es realmente artesanal, ya que como explicó Mariño una plantación de fruta fina tiene un tiempo límite para su cosecha. “Dura aproximadamente tres o cuatro días. Si no la cosechas pasa a otra categoría y al tercer día se comienza a caer de la planta. Entonces es muy importante tener los cosecheros en el campo y que estén organizados", explicó el jefe de la agencia de extensión rural que el INTA tiene en El Hoyo.
¿Pero cómo realizan su tarea los trabajadores golondrinas? Mariño explicó que cada cosechero organiza los lotes y cada dos días pasa a cosechar. Cada recolector lleva un registro de su producción que luego le servirá para poder cobrar. Así podrá juntar entre 40 y 45 kilos de frambuesa por día; 150 kilos de frutilla; o cerca de 140 kilos de cerezas. Siempre trabajando durante ocho horas y respetando los tiempos de descanso estipulados.

REGULACION DE
LA ACTIVIDAD
Según explicó Mariño, “ya se ha socializado que hay un grupo de cosecheros que se dedican a este tipo de frutas. A ellos también les conviene porque saben que tienen cuatro o cinco meses de trabajo asegurado. No vienen a la cosecha de la manzana o de uva, que son 15 días, sino que arrancan desde noviembre y se quedan toda la temporada de verano hasta abril”.
"Incluso todos los productores que traen cosecheros golondrinas comienzan a hacer habitaciones, instalaciones, comedor y hasta algunos les ponen un cocinero. Entonces es un trabajo para el cosechero y para el productor que viene contratando la gente", detalló.
Lo cierto es que con el paso de los años se ha ido regularizando la labor de los cosecheros golondrinas y desde hace tres años UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores) y la Asociación de Productores de El Hoyo y Lago Puelo, con el acompañamiento del INTA, firman un convenio para establecer los valores que cobrarán los cosecheros.
El mismo fija las condiciones de trabajo y la estructura salarial para personal de cultivo, cosecha, embalaje y manipulación de fruta fina para toda la Comarca Andina del Paralelo 42° e incluye no sólo a los cosechadores, sino también a los preparadores de tierra; embolsadores; empaquetadores; sembradores y hasta el personal de carga-descarga, en este caso siempre que dependan de la empresa de la actividad de la fruta fina.
Este año la tabla de valores del pago por kilo cosechado quedó establecido en $14,83 para la frambuesa; $7,42 para la mora; $ 3,95 frutillas; $6,00 cerezas; $ 7,54 cassis; y $ 6,24 para la grosella y corintos, dando un marco de acuerdo legal al sector y favoreciendo tanto a productores como a cosecheros.
Para poder sacar los valores, como todos los años se realizó un taller de costos de fruta fina del que participaron productores, trabajadores y asesores técnicos de distintos organismos provinciales y nacionales, entre ellos el secretario general de UATRE, César Walter Hernández, y el secretario adjunto, Miguel Ibarra; las asociaciones de productores de El Hoyo y de Lago Puelo por sus respectivos presidentes, Andrés Alberto Kolb y Paula Costa; la agencia INTA El Hoyo, a través de Mariño, y los productores independientes representados por la municipalidad de El Hoyo, a través del intendente a cargo, Daniel Cárdenas, y la titular del área de Desarrollo Económico y Producción, la ingeniera Liz González.
De esta forma se establecieron los valores de cosecha que permitirán que cada recolector cobre por mes lo proporcional al sueldo que tiene un peón rural, es decir cerca de $12.000, según confirmaron fuentes oficiales.
“Mientras más fruta saque, mejor para el cosechero y para el productor también, antes que la empiece a perder o que se caiga de la planta. Con estos acuerdos lo que logramos es que a fin de mes, o a fin de quincena, el productor pueda liquidarle la cantidad de fruta cosechada. Está estipulado que si un cosechero hace un trabajo normal, de ocho horas, con los descansos correspondientes y con todo lo que corresponde, con ese valor por mes levantaría un jornal en blanco de un peón rural”, explicó Mariño.
"Antes de esto era complicado. El productor que tenía que liquidar sueldos todos los meses, tenía que liquidarle el jornal en blanco y llegaba a 12.000, pero sí el cosechero cosechaba muchos más kilos diarios le tenía que pagar la diferencia por otro lado, no la podía blanquear... y al revés también: si en vez de cosechar 40, cosechaba 20 kilos, tenía que ver la forma de pagarle por kilo ahora un poco que se blanqueó el trabajo del cosechero”, señaló Mariño.
Por lo pronto resta esperar cómo se desarrollará toda la temporada. Sin embargo, la expectativa de productores y cosecheros es que avance a buen ritmo y se pueda competir con el impacto que genera el ingreso de fruta fina extranjera.

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