En tiempos de crisis crece la realización de remates

En Comodoro Rivadavia las subastas tienen su espacio con un grupo de martilleros públicos que ejecuta remates judiciales, comerciales y particulares. Si bien no hay estadísticas oficiales sobre esta forma de venta, se estipula que se realiza por lo menos una subasta por mes. Se trata principalmente de automotores que son adquiridos para la reventa o uso propio a precio ventajoso frente a su valor de mercado.

Javier Morales alza la voz y dice "20.000 pesos" ante la consulta del martillero público de cuánto ofrece por el Mercedes Benz 608, modelo 1983, que está para la subasta. Ante su ofrecimiento otro de los posibles compradores se tienta y aumenta la apuesta a $60.000. De ahí en más, "palo a palo" siguen haciendo crecer el monto hasta llegar a los $70.000.
Parece que el segundo comprador se dará por vencido y que Morales ganará la subasta. Sin embargo irrumpe "el portugués" Guerreiro y ofrece $71.000 por el viejo camión azul que fue recientemente embargado por el Banco Chubut y que ese mediodía de setiembre está en remate.
Javier lamenta la oferta que llegó a solo un segundo de que el martillero gritara "vendido". Lo mirá de reojo y piensa. Pero lejos de achicarse va al frente y sigue aumentado el valor. Por momentos duda, hasta que finalmente quiebra la negociación y luego de tres tiempos el martillero grita "vendido por $73.500".
Javier está feliz. Recuperó el viejo camión que su papá había vendido en la década del 90, el cual entró en remate y sin dudarlo quiso recuperarlo. "Me llevo lo que quería. Decidí venir porque estaba el vehículo que era de la familia cuando éramos chicos. Sabía que estaba en el remate porque lo vi secuestrado y por suerte me lo pude quedar", comentó Javier Morales al ser consultado por El Patagónico.
"Mi familia lo vendió y fue pasando de mano en mano hasta que a la última persona que lo tuvo se lo secuestraron. Tiene un significado inmenso para mí, más que nada para tener guardado en el patio el camión que era del viejo", confesó el hombre que por primera vez en su vida acudió a una subasta.

LEJOS DEL SHOW
Los remates son cosa seria en Comodoro Rivadavia. Lejos de los shows que se pueden observar en televisión, principalmente en programas de Estados Unidos, es todo un mundo por descubrir, con su propia dinámica y participantes, muchos habitués de este tipo de negocios donde el precio lo terminan poniendo en cierta medida los mismos compradores.
José Carlos Svetik es uno de los martilleros públicos que se dedica a la actividad en esta ciudad. El fue quien presidió el remate del camión que compró Javier y quien de alguna forma los fue tentando para que los interesados fueran subiendo sus ofertas. Es que como explicaría después, su trabajo tiene un simple objetivo: tratar de conseguir el mejor precio que convenga a todas las partes.
"Por una cuestión de ética profesional nuestro trabajo es tratar de conseguir el mejor precio posible a los efectos de regularizar la situación del que debe y que el bien no se lo lleven por dos pesos, entonces uno alimenta esa puja", reconoció el martillero, quien a lo largo de sus 30 años de trayectoria le ha tocado rematar vehículos, inmuebles y hasta un frigorífico completo.
En Comodoro Rivadavia no hay estadísticas concretas de cuántos remates se realizan en forma anual. Los rematadores dicen que puede realizarse uno por mes, mientras que en el Poder Judicial que interviene en los remates judicializados por deudas prendarias o de otro tipo, no llevan estadísticas de los casos.
A la vez, muchas subastas se realizan a través de acuerdo de privados; es decir con remates comerciales o particulares, donde los martilleros cobran una comisión tras un acuerdo de partes por la venta de muebles, fondos de comercio o cualquier bien que se quiera vender de esta forma.
Más allá de los números, Svetik asegura que es "uno de los sistemas de ventas más antiguos que existen en el mundo", una práctica habitual que en esta ciudad también tiene su historia.
"El tema de las subastas siempre existió, lo que pasa que hay sociedades que están más acostumbradas a participar de esas subastas y otras que no. En Comodoro de unos años a esta parte se está notando que es mucho más variada la gente que asiste. Hoy había una familia y son camiones. No es habitual que vayan con hijos, pero sí matrimonios porque va cambiando la situación del mercado", explicó el martillero.
"Igual ahora está viviendo mucha gente de afuera y Comodoro se está convirtiendo en una sociedad más abierta. Entonces antiguamente sí era muy acotado el público, pero hoy se generalizó un poco más y es mucho más variado, no van siempre los mismos compradores", agregó.

EL MUNDO DE LOS REMATES
Los remates o subastas constituyen toda una ceremonia, en un escenario delimitado y preparado para la ocasión. La mecánica de cada una de las ventas dependerá del tipo de remate que se realice: si es por la vía judicial ante el embargo de un bien, o es por la vía comercial o particular, de común acuerdo con los vendedores.
Todas las subastas son públicas y para participar en ellas los potenciales clientes no necesitan anunciarse ni inscribirse, ya que se busca que el sistema sea transparente.
Por esa razón, si el remate es judicializado deberá ser informado con un edicto judicial a través de los medios de comunicación, uno de los dos diarios de mayor tirada o bien esporádicamente una radio, proceso que no es habitual.
En el mismo se darán a conocer las bases de compra, con día, horario y lugar; detalle de los vehículos y nombre del martillero, quien el día pautado esperará a los posibles compradores que llegarán al lugar sabiendo la dirección. El sitio estará identificado con una bandera roja que se instalará en el portón de acceso. Todo un símbolo de los remates.
Una vez que se cumpla el horario estipulado comenzará la subasta con presencia policial. El martillero les contará a los posibles compradores las reglas del juego. Una de ellas es que no se puede interrumpir el remate, salvo para ofertar a los efectos de no cortar el normal desenvolvimiento de la subasta. También explicará los montos de las comisiones y los plazos y formas de pago, con las posibles sanciones en caso de no cumplir con el acuerdo. Luego llegará la pregunta directa: ¿cuánto se ofrece? y comenzará la rueda de números.
Es todo un atractivo para el espectador, ya que en la negociación cada uno apelará a su propia estrategia, mientras otros serán simples espectadores ante el nulo interés por el bien en venta y por supuesto no faltará la viveza criolla. Así, algunos ofertadores tratarán de disparar el número para sobrevalorar bien y tentar a otros para que sigan la negociación.
Es que como dice Mario Demetrio -un integrante de la comunidad gitana que participó de la subasta donde ganó Javier y en la que se ofertó también un Mercedes Benz 1114 modelo 1978- en los remates suele haber "levantadores de precios", gente que solo acude con el fin de incrementar los montos o poner trabas a los compradores.
"Vienen a subir el valor. Ese que estaba hoy es un subidor de precio nomás, sube el monto como para que yo me funda, pero por ahí se les va la mano", cuestionó. "Esta vez no le salió la jugada. A veces se les escapan los precios y es incomparable, como hoy que los montos no subían y de repente se dispararon", aseguró.

UN TRABAJO NO DEL TODO GRATO
Según informaron fuentes consultadas, en Comodoro Rivadavia habitualmente son tres los martilleros públicos que realizan este tipo remates: Svetik, Andrés Zárate y José Quinteros, aunque desde la Asociación de Martilleros Públicos de Comodoro Rivadavia aseguran que en esta ciudad hay más de 23 profesionales habilitados por el Superior Tribunal de Justicia (STJ).
Uno de los martilleros con mayor trayectoria en esta ciudad es Arnaldo Alberto Visser (63), quien hace ocho años decidió dejar el oficio por las dificultades que tiene una actividad que suele aumentar en tiempos de crisis.
"Es una actividad muy cruel. Está ligada a los avatares de la economía y siempre uno está con gente que no paga sus deudas. Entonces hay que trabar embargos sobre los bienes de los deudores y eso es muy duro. Muchas veces hay criaturas y a nadie le gusta que le saquen sus cosas porque uno tiene que ser el malo de la película", señaló.
En su caso Visser trabajó más 30 años en el rubro, rematando todo tipo de productos. Desde su experiencia asegura que en su época en algunos bienes se podían conseguir mejores precios que en el mercado tradicional, aunque muchas veces a los compradores les gana el entusiasmo.
"En mi época era el 30% menos del valor de las cosas en un comercio, una concesionaria o muebles, aunque por algunos compradores pagan más de lo debido, después se arrepiente, pero ya es tarde hay pagar", advirtió.
Con esto coincide Svetik. "Se pueden conseguir vehículos a menor costo que en el mercado tradicional. Pero se deben conocer los valores del bien que se va a subastar. A veces sucede que se dejan llevar por la emoción porque tienen un interés en ese bien y eso hace que vayan levantando el precio y se haga una mejor venta. A veces se producen pujas muy intensas", afirmó.
Es que más allá de los valores, en los remates también surge la competencia, el deseo de quedarse con el bien que otro quiere comprar, algo que caracteriza a este tipo de mercado donde el oportunismo es el principal valor.

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