Entre la estigmatización y la carencia: en Comodoro hay cerca de 3.000 ocupaciones de tierras

Existen 1.648 ocupaciones de tierra en la zona sur y más de 1.000 en la zona norte, de acuerdo al relevamiento de la Subsecretaría de Hábitat y Vivienda de la Municipalidad. El Estado trabaja en la regularización de algunos sectores. Mientras, investigadores estudian el fenómeno, derribando mitos y ahondando en problemáticas que abundan en esos barrios: carencia, falta de servicios y la estigmatización en el cuerpo y la vida misma.

La ocupación de tierras en Comodoro Rivadavia es una problemática histórica, vinculada de manera directa al crecimiento poblacional y a los ciclos de bonanza de la explotación petrolera. La necesidad de contar con un pedazo de tierra para construir el techo el propio ha sido parte del desarrollo de la ciudad desde sus inicios y se extiende hasta estos días donde en el mercado inmobiliario un terreno sin edificación puede costar entre $300.000 y el $1.000.000.
Según datos de la Subsecretaría de Hábitat y Bienestar, que depende de la Secretaría de Tierras de la Municipalidad, en la actualidad existen cerca de 3.000 ocupaciones de tierras, 1.648 en la zona sur y más de 1.000 en la zona norte. Quizás las más emblemáticas son el asentamiento conocido como "barrio Las Américas" –anteriormente conocido como "Barrio de los Paraguayos"- y el sector de la zona de Kilómetro 8, sobre la avenida Nahuel Huapi, entre Standart y Palazzo.
El fenómeno es tan importante y particular que motivó que recientemente se presentara un libro que estudia la problemática (ver recuadro) y además que el Gobierno nacional decidiera iniciar en Comodoro Rivadavia un relevamiento que se ejecutará en todo el país.
En el campo académico, Santiago Bachiller es el investigador que encabezó el trabajo titulado "Toma de tierras y dificultades de acceso al suelo urbano en la Patagonia central". El antropólogo estudia el fenómeno en Comodoro Rivadavia y también en Puerto Madryn junto a los investigadores Brígida Baeza, Letizia Vázquez, Bianca Freddo, Natalia Usach, Sergio Kaminker y Carolina Lastra.
Según explicó Bachiller, el trabajo comenzó mientras estudiaba a la gente que trabaja y vive en el basural. Durante el proceso le llamó la atención que quienes no dormían en el lugar vivían en asentamientos y viviendas autoconstruidas. Esto lo llevó a estudiar el fenómeno. "El contexto era 2008, que se tomaban hasta las macetas como decía una informante", cuenta Bachiller al ser entrevistado por El Patagónico.
"Se calcula que un 30% de las personas que viven en ciudades latinoamericanas accedieron a una vivienda a partir de tomas y en la Patagonia también hay una escala importante. Pero no es un problema solamente de Comodoro, que está muy ligado al petróleo, tiene que ver con los países de tercer mundo, donde no hay políticas suficientes de viviendas a nivel estatal y el mercado inmobiliario apunta a las élites", analiza Bachiller sobre la base de lo que pudo recabar en la investigación.
Es que al estudiar la problemática y dialogar con quienes viven en estos asentamientos, el investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) pudo comprobar que hay ausencia del Estado para el acceso a un terreno; que el mercado inmobiliario, con precios que oscilan entre los $3.000 y los 10.000 para el alquiler de una vivienda básica, deja afuera a un importante sector; y que existe una falla del sistema de créditos de los bancos, sumado a la tradición inflacionaria.
Más allá de estas particularidades, Bachiller asegura que la principal dificultad en Comodoro es el petróleo, al cual define como una bendición y a la vez el impulsor de la desigualdad.
"En pleno boom petrolero se calculaba que el 70% de las viviendas en alquiler eran captadas por las contratistas y petroleras, con lo cual quedaba un 30% para el resto de la población. Eso hizo que tengan los precios más caros del país. Entonces cuando hablé con los entrevistados me di cuenta que muchos habían pasado por alquileres que eran carísimos para sus salarios, y muchos otros habían pasado por situaciones de hacinamiento o problemas familiares por construir en el mismo predio de sus padres", recordó.
"El trabajo también me permitió desmitificar que las tomas son sinónimos de inmigrantes. Evidentemente son una población importante, entre otras cosas porque la normativa municipal (para acceder a un terreno fiscal) plantea que previamente tenés que vivir cinco años en la ciudad, entonces solicitás un expediente y te tarda cinco años más. Te deja diez años de precariedad y evidentemente mucha gente tomó porque no le quedaba otra. Ahora hay todo un grupo de población que son comodorenses, sobre todo parejas jóvenes de 30 años que ya tienen hijos y no aguantan más la situación de vivir en el fondo de los viejos y también avanzan en el proceso de toma", graficó.

ENTRE LA CARENCIA Y
LA ESTIGMATIZACION
Para Bachiller, la investigación, que fue financiada por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, es el inicio del estudio de la problemática en la zona. Por esa razón ya se encuentra investigando un segundo fenómeno: la toma de tierras en los asentamientos donde hubo pozos petroleros y realiza un diagnóstico sobre cómo influye el Estado y el mercado inmobiliario en la problemática.
Letizia Vázquez, antropóloga y becaria del CONICET, acompaña este trabajo. Junto a Magali Chanampa, también becaria y licenciada en Gestión Ambiental, estudian los asentamientos. En su caso tienen como principal objeto de estudio al sector conocido como "Las Américas", toma de la zona sur de esta ciudad que en su momento fue bautizada como "Barrio de los Paraguayos", al ser estigmatizada por su población inmigrante.
El sector hoy se encuentra en plan de regularización con 283 familias que tramitan la mensura de terreno luego de diez años de espera y es un asentamiento en estudio para la Municipalidad.
Chanampa, quien realizó su tesis de grado sobre los problemas ambientales que hay en el barrio, tras interpelarse ¿por qué se moviliza la gente a moverse y vivir en esas condiciones?, resalta que no es fácil vivir en asentamientos.
"La vida en estos barrios no es fácil, son muy condenados ‘como voy y tomo que es fácil’, pero hay que vivir en esos barrios, en esas condiciones: sin agua, gas. Me parece bastante dura la vida, más allá de que se van mejorando un montón de cosas con el tiempo, porque vivir en esas condiciones y las necesidades, llevan a organizarse y a conseguir un montón de cosas a partir de eso", analizó.
Esa organización, incluso política de la que habla Chanampa, también le llamó la atención a Vázquez, quien se acercó al barrio a partir de la estigmatización que vio en el sector. "Empecé a conocer gente que vivía la estigmatización en su cuerpo. Gente que no podía atravesar las 1.008 porque le gritaban 'bolita de mierda' o les pegaban o les cobraban peaje. Niños que también pasaban por esta situación y gente que hace diez años no tiene gas, cuando uno se levanta en su casa calentito si hace frío", contrastó.
"Con la investigación pudimos ver que muchas cosas de la organización surgieron a partir de enfermedades de los nenes: neumonías, broncoespasmos y el agua en verano. Entonces también me interesó saber por qué la gente comienza a tomar un terreno y saber cómo se ocupó la ciudad a lo largo de la historia. Ahí pudimos ver que mucha gente en barrios que se consideran establecidos en la ciudad no tiene títulos de propiedad, porque la ciudad fue ocupada irregularmente por esta explotación petrolera que tanto nos da y tanto nos quita. Y la condena muchas veces se refleja en los medios y la forma en que las instituciones del Estado reproducen esta estigmatización", evalúa.
Más allá de estos análisis de estigmatización y carencia en su trabajo, los investigadores sociales también pudieron detectar otras situaciones que se dan en torno de la toma de tierras. Una de ellas es que muchas veces las empresas contratan mano de obra del interior del país, pero no le otorgan vivienda. Que socialmente no se mide el impacto social que tiene la migración con personas que luego son clientes y ciudadanos. También que existe una falta de regularización estatal del mercado inmobiliario.
Vázquez fue más allá y tras los primeros datos del relevamiento de diarios que realizó de lo que sucedía en 1958, pudo comprobar que en ese entonces no se hablaba de toma, sino de la necesidad de las familias. "No surgían como ocupas ilegales, sino como urgencia de vivienda. No encontré una caracterización de ilegal o de ocupa". Lo que también deja a la luz el doble discurso que existe en la ciudad, el desconocimiento, y la falta de conciencia histórica colectiva”, planteó.

EL MUNICIPIO ESTUDIA LAS TOMAS
El ex concejal Carlos Vargas, quien está a cargo de la Subsecretaría de Hábitat y Viviendas, fue un referente de la toma de tierras que en la década del 90, como uno de los fundadores del barrio Moure.
Dice que hoy el Estado trabaja para brindarles respuestas a las familias. "Estamos trabajando. La idea es avanzar en la regularización porque si le mejorás la calidad de vida a la gente, dejás de atenderlos por otro lado, porque la gente cuando carece de servicios básicos son más proclives a enfermarse", afirma coincidiendo con el análisis respecto a salud que antes realizó Letizia Vázquez.
"Entonces queremos ir con los datos al intendente para saber a cuánta gente le podemos llevar los servicios. Hoy estamos trabajando en Buenos Aires para traer obras al barrio Las Américas, estuvimos en el Ministerio del Interior, y ya estamos en Kilómetro 8", señaló.
"La gente se sacude mal por el tema de los asentamientos, pero Comodoro se hizo así y no ha cambiado. Para cambiar tenemos que comprar dos topadoras, nivelar y empezar a dar terrenos. Pero siempre hemos ido atrás del problema", manifestó.
El funcionario habla desde su propia experiencia. Le ha tocado estar de cada lado de la vereda. De chico creció en el barrio Pietrobelli, una zona que surgió como asentamiento, donde no tuvo agua durante muchos años y recién vio llegar "la cloaca cuando realizaba la colimba".
Luego fue uno de los vecinos que encabezó la toma de tierras del Moure, un sector que en su momento fue estigmatizado y hoy es considerado un barrio más, fenómeno que a Bachiller le llama atención por la integración que produce la ciudad a costo de la estigmatización de otro grupo.
Por todo esto es que el ex concejal considera que será difícil solucionar la problemática con el paso de los años. "La ciudad creció desprolija a pesar de que el Estado le ha puesto mucho esfuerzo. Nosotros le ponemos mucho entusiasmo a lo que hacemos y el intendente está convencido que hay que llegar con luz, cloaca para que la gente más humilde pueda tener una mejor calidad de vida", indicó.
"Pero ahora es muy diferente a cuando nosotros ocupamos. En el 94 había una profunda desocupación, había mucha recesión y el 78% de los que realizamos la toma éramos nacidos en Comodoro. En estos últimos años fue a la inversa, llegó gente de toda la Argentina y gente de otras partes del continente. Vino gente muy humilde que se encontró con una durísima realidad porque Comodoro es una ciudad muy cara. Algunos se volvieron y otros les gustó quedarse porque es una ciudad pujante aún en medio de la crisis. Entonces va a ser difícil que esto cambie, porque Comodoro siempre va a ser una ciudad de trabajo que va a recibir gente", analizó sobre esta problemática que convive prácticamente con el origen mismo de la ciudad.

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