Facundo Tromer, el guerrero del fondo que se aleja del fútbol para disfrutar la familia

El jugador nacido en Viedma y con 30 años cumplidos, tomó la decisión de no jugar más. Su último club fue Florentino Ameghino donde fue capitán, pero antes llegó desde Sol de Mayo a Huracán de Comodoro Rivadavia donde tuvo dos etapas con un paso en el medio por Boca de Río Gallegos jugando torneos federales. También defendió los colores de Deportivo Roca. Actualmente está a cargo de la pensión en la CAI donde hay alrededor de 40 chicos de diferentes localidades. El caudillo de la última línea vivió el fútbol de la misma forma que transita su vida: dando todo.

por Carlos Alvarez
c.alvarez@elpatagonico.net
Las decisiones no se toman en caliente. Por eso, el defensor Facundo Tromer vivió y disfrutó cada etapa en el fútbol como la vida misma, y con el correr de los partidos del último torneo Federal B con la camiseta de Florentino Ameghino, fue charlando con su señora Melisa y a la vez asimilando su alejamiento del fútbol para comenzar a disfrutar de sus hijos, y de otra manera de vivir.
Cuando muchos apuestan a la experiencia de los jugadores para disputar torneos federales, el ex volante central que se destacó en Sol de Mayo de Viedma para que Orlando Portalau lo llame de Comodoro Rivadavia para sumarse a Huracán, allá por 2008, tiene otros planes lejos de la pelota para 2017.
Identificado con la camiseta del "Globo" comodorense donde tuvo dos etapas diferentes, con una temporada en Boca de Río Gallegos -inesperada para él- el defensor que comenzó jugando de volante central terminó de una forma inesperada por una lesión en el isquiotibial de la pierna derecha, pero satisfecho a los 30 años, su carrera futbolística.
"Dalee, dalee, cerraaaaa. Bieeeeen". La voz no es otra que la de Facu en la defensa. En los últimos torneos fue la voz de la defensa, ordenando, marcando, y despejando el peligro lejos de su arco.
Los años y la experiencia acumulada lo llevaron a jugar en la última línea. No le pidan sutilezas con la pelota, como así tampoco hay que pedirle garra y corazón porque se sabe de antemano que entregará el alma en cada pelota.
Si en el último partido que jugó con la camiseta de Florentino Ameghino frente a Estrella Norte terminó lesionado, y no quiso salir porque no había más cambios y eso hizo que la lesión sea más grave. Con la confirmación de que en el torneo Final A de Comodoro Rivadavia, el CAFA lidera, pero su recuperación demandará más tiempo, decidió colgar los botines.
"Ya no quiero jugar más torneos federales, quiero dedicarle tiempo a mi familia, disfrutarlos porque desde los 14 que ando dando vueltas atrás de la pelota, y ahora quiero cuidar el trabajo en la CAI, gracias a la mano que me dio Gonza Segura", acota Facundo mientras sus hijos Francina y Genaro quieren aprovechar la presencia de él luego de llegar del trabajo.
A los 9 años comenzó en Sol de Mayo cuando se alejó del Club del Banco donde eran todos amigos con tres categorías. Los inicios lo tenían en el círculo central hasta que en ese entonces su DT lo comenzó a poner un poco más atrás.
"Durante el torneo me terminé de convencer. Soy apasionado y vivo el fútbol como vivo la vida. Trato de dejar siempre lo mejor y por ahí me han tocado vivir cosas que me hacían cambiar la forma de pensar. En los vestuarios soy el primero en joder, me gusta hacer bromas, y siempre me caracterice por eso, pero a lo último ya no lo disfrutaba. Yo mismo me desconocía", admite el defensor que terminó siendo capitán en Florentino Ameghino.

ACOMPAÑAR,
APUNTALAR Y ACONSEJAR DESDE OTRO LUGAR
La amistad con el arquero Gonzalo Segura hizo que comience a darle una mano en la cantina de la CAI, pero al poco tiempo la comisión directiva "azzurra" le ofreció un trabajo en la pensión del club donde se hospedan alrededor de 40 chicos que llegaron desde diferentes puntos de la región, y también de otras provincias.
"Hoy me toca estar en otra función. La posibilidad que me brinda la CAI para trabajar con chicos y tratar de acompañarlos, educarlos, enseñarle códigos que se están perdiendo. A mí lo que me dejó el fútbol fue conocer gente y hacer muchos amigos. Estar en diferentes lados me hizo crecer como persona. Hay mucha gente que va a la cancha y te putea, pero no sabe que vos dejaste la familia, y muchas cosas para estar ahí, viviendo en una pensión y duele. Algunos más, otros menos, pero trataré de inculcarle a los chicos que estudien porque no todos llegan, y siempre es importante tener estudios", remarca Facundo Tromer.
Mientras sus hijos lo llaman a los gritos para seguir jugando a la pelota en la calurosa tarde comodorense, Facundo se toma unos segundos tratando de analizar su trayectoria para ver qué momento futbolístico lo guarda en un cuadrito.
"Los sabores amargos son más que los lindos en el fútbol. Hay partidos que uno lleva en el corazón. Cuando perdimos en Neuquén 5-0 y acá le ganamos 6-1 y fuimos a los penales para ir a la final por el ascenso", asegura rápidamente.
El partido que hace referencia Facundo Tromer se jugó en el estadio municipal el 14 de diciembre de 2009 y él anotó uno de los goles en una jornada histórica. El "Globo" necesitaba ganar por cinco goles para forzar la definición desde los doce pasos, y lo logró con tantos de Esteban "Piojo" López, Pablo Romano, Cristian Millahual de penal, Darío Pranich, Diego Rubilar y Tromer, para llegar a los penales donde se lució Mauro Zamora al atajar tres.
Histórico, épico, increíble, milagroso, emocionante, de película. Todos los adjetivos se quedan cortos para referirse a lo que logró esa tarde Huracán en el estadio municipal Comodoro Rivadavia, que significó la clasificación a la fase final que se disputó el año siguiente.
Y el peor momento que le tocó vivir adentro de una cancha fue la lesión en la rodilla, donde estuvo 8 meses parado, y perdió la casa y el trabajo, pero subraya: "todo sirve para crecer como persona, fortalecerse".
En el recuerdo está la etapa en el sur del país donde defendió los colores de Boca, y le tocó enfrentar y marcar a grandes amigos en Huracán como por ejemplo Esteban "Piojo" López.
"La experiencia de Boca de Río Gallegos fue un poco inesperada. Todas las experiencias son buenas. Sinceramente no tenía pensado irme de la ciudad porque estaba trabajando, pero sumó. Conocí personas increíbles y es lo que te deja el fútbol. Tengo amigos en todos lados, en Río Gallegos, en Deportivo Madryn, en Roca, y eso es lo bueno".
Facundo Tromer decidió dar un paso al costado. Ya no estará el domingo temprano con el bolso, los botines y las medias, pero estará presente en cada compañero por las bromas y los consejos que ha sabido dejar. La vida le puso otro desafío, y como siempre, desde los 14 años cuando debutó con la camiseta de Sol de Mayo, le pondrá el pecho con una sonrisa y rodeado del amor de la familia.

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