Feriantes de Kilómetro 3 denunciaron que personal policial los quiso desalojar a punta de escopeta

Hace tres fines de semana, vecinos de zona norte comenzaron a instalarse en el predio de la plazoleta que se encuentra frente a La Anónima de Mosconi. Este sábado fueron desalojados por personal policial aduciendo que carecían de una habilitación para vender sus productos usados. Ayer la situación se volvió a repetir, pero esta vez se resistieron.

La idea es tratar de replicar el mercado de pulgas: revender cosas que ya no se utilizan en la casa, principalmente ropa que queda en desuso. Además, no deja de representar una ayuda financiera para quienes más sienten el ajuste económico implementado por el gobierno de Mauricio Macri.
Ayer la feria que hace tres semanas se instaló en la plazoleta de Kilómetro 3, ubicada frente a supermercado La Anónima, tuvo una nueva edición luego de que el sábado fueran desalojados por personal policial por carecer de una habilitación comercial.
Todo marchaba tranquilo, con compradores que aprovechaban el calor de la tarde de domingo. Sin embargo, cuando aún faltaban un par horas para que terminara la jornada, personal policial volvió a irrumpir en el predio, esta vez junto con inspectores municipales, encontrando una férrea resistencia de los feriantes que optaron por quedarse en el lugar.
El hecho fue denunciado por los propios vendedores ocasionales a través de las redes sociales, donde publicaron videos en los que se puede ver el accionar policial, con uno de los agentes portando una escopeta, algo a todas luces cuestionable por el contexto que se vivía en la feria donde la mayoría eran mujeres y había muchos niños.

RESISTIRAN

Luego de hacerse público el incidente, un equipo de El Patagónico se acercó al lugar de los hechos. Allí, los feriantes ratificaron que se quedarán vendiendo sus productos y volvieron cuestionaron el accionar policial. “Hay niños, mujeres, somos todas amas de casa. No estamos haciendo nada malo; solo ganándonos el pan dignamente. No estamos robando, son todas cosas nuestras", señaló María Paredes, quien llegó desde Valle C.
La mujer contó que está sin trabajo y que su esposo trabaja por día, una situación compleja al momento de costear un alquiler y cumplir con todas las deudas.
Rosa Sosa, por su parte, llegó desde Próspero Palazzo para vender comida. “Tengo todo, carnet, pero nadie me lo pidió”, manifestó. Mientras, Macarena, de Kilómetro 14, dijo que está tratando de juntar plata para el tratamiento que su hija debe hacer en Buenos Aires.
Para Luis Tonelli, otro de los feriantes, esta situación se dio por una denuncia que se habría realizado desde la vecinal de Mosconi, que habría pedido que se desocupe el predio ante el temor de que esta nueva feria se convierta en un fenómeno similar al de La Saladita, que funciona en el Quirno Costa.
"Vino un hombre del municipio con la policía y dio el nombre de la vecinalista que le pidió a un secretario que nos vengan a sacar de acá. Pero nosotros vinimos por necesidad, por la situación actual", señaló Tonelli.
"Por eso vinimos, pero nos organizamos y empezamos a vender. Acá no se venden bebidas alcohólicas, no hay problemas, somos todos trabajadores que queremos ganarnos el mango”, agregó, cuestionando también el accionar policial.
El Patagónico se comunicó con Esteer Cordero, presidenta de la vecinal del barrio General Mosconi, quien negó rotundamente que haya pedido el desalojo de los feriantes, pero aceptó que sí se consultó al Municipio por su habilitación.
"Preguntamos por nota a la subsecretaría de Fiscalización y nos dijeron que no estaba habilitada y que los iban a desalojar, pero nosotros en ningún momento pedimos que los desalojen”, sostuvo la vecinalista, quien optó por no brindar una opinión sobre el funcionamiento de este espacio y solo atinó a decir: "que las autoridades pertinentes actúen como deban actuar”.

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