Gamerro busca indagar desde la ficción cómo Shakespeare leía a Cervantes

A 400 años de la muerte de William Shakespeare, el escritor, docente y traductor publicó "Cardenio", una novedosa ficción sobre la obra perdida del autor de "Macbeth", que además de recrear con gracia el clima londinense de principios del siglo XVII, aborda la lectura que el gran dramaturgo inglés hizo de Cervantes.

Carlos Gamerro (Buenos Aires, 1962), autor de obras como "Las Islas", "El sueño del señor juez", "El libro de los afectos raros", "Ficciones barrocas" y "Facundo o Martín Fierro", dialogó con Télam sobre la construcción de "Cardenio", publicada por Edhasa. "El mundo en que vivimos sigue siendo en buena medida el mundo que Shakespeare delineó para nosotros", plantea.

-Télam: ¿Cuándo nació la idea de transformar en novela esa pieza teatral perdida de Shakespeare y Fletcher?
-Gamerro: Supongo que el impulso inicial viene de muchos años atrás, cuando estaba en la carrera de letras de la UBA (Universidad de Buenos Aires), haciendo mi segunda lectura del Quijote, con una edición anotada, y al llegar al capítulo 23 de la primera parte encuentro una nota al pie que se refiere a Cardenio, obra perdida de Shakespeare, donde menciona también la traducción del Quijote al inglés de Thomas Shelton de 1612.
Ahí tuve la sensación de que una obra de Shakespeare basada en el Quijote algo me estaba diciendo. Son las dos lenguas con las que crecí, las literaturas que ya en ese momento más me convocaban. Quizás se remonta más atrás: los antepasados de mi abuelo materno, que venía de Gibraltar, la conjunción de lo inglés y lo hispánico.
Durante mucho tiempo no hice nada con eso, salvo dedicarme a leer a Shakespeare y a Cervantes por placer y luego para dar clases, pero siempre me rondaba la idea, cuando estaba escribiendo la novela anterior -"Un yuppie en la columna del Che Guevara", sentía que se estaba terminando un ciclo que tenía que ver con una historia reciente de la Argentina, sobre todo la dictadura. Entonces quise hacer un cambio radical y escribir sobre otra época, otra geografía, otra cultura y otro idioma, porque la primera versión de "Cardenio" la escribí en inglés.

- T: ¿Cómo fue el trabajo con el lenguaje para abordar la escritura de esa época y que sea accesible para el lector contemporáneo?
-G: El punto de partida fue el Quijote en la traducción de Shelton. Escribiendo en inglés me parecía que tenía mejores chances de hablar como la época. Previamente y durante la escritura escuchaba sin parar todos los días las obras de Shakespeare y algunos contemporáneos en audio, para que la lengua se me hiciera familiar. Fue fundamental para esta novela el trabajo con la oralidad, por más que después su forma fuera escrita. Cuando la reescribí en español hice lo propio, sobre todo con Cervantes.
En el proceso de escritura, me pasó algo curioso: hay palabras de la época de Cervantes que siguen vigentes en nuestro español, en el Río de la Plata, y ya no en España, eso pasaba sobre todo con lo sexual, palabras como "pija" en el sentido que usamos nosotros, que hasta los españoles piensan que son americanismos, en realidad son palabras españolas que aparecen sin duda en Quevedo.

- T: La idea del montaje, la fragmentación, lo epistolario, aparece a lo largo del libro: ¿Eso ayudó a estructurar la novela?
-G: Por un lado tiene que ver con ciertos intereses míos que vienen desde antes. Yo empecé escribiendo guiones de cine antes de escribir novelas, el montaje cinematográfico siempre me pareció fascinante como forma de narración; una de mis novelas anteriores, "El secreto y las voces", está construida por montaje de textos disímiles, algo que también aparece hasta cierto punto en "Las Islas". Decidí prescindir de un narrador porque no quería una voz contemporánea mientras escribía.
Por otra parte quise, ya que los protagonistas son ingleses, ceñirme a los géneros que se manejaban entonces: la poesía, los textos, las cartas, el teatro, algún tipo de panfleto narrativo, porque lo cierto es que prácticamente la Inglaterra de Shakespeare desconoce el arte de la narración, es decir del cuento y la novela. Eso me parece bastante interesante porque es lo que de alguna manera aprenden para el futuro de los españoles.

- T: Aunque en la novela se retrata el amor, la traición y el poder, los grandes temas de Shakespeare, también se desarrolla la aventura y el humor, quizás más cercanos a Cervantes: ¿Se trata de un homenaje a ambos?
-G: Creo que hay temas comunes en Cervantes y Shakespeare y en toda la época. El conflicto amor-amistad es casi un cliché. El carácter pasional de la amistad aparece en ambas literaturas, de hecho los ingleses de la época de Shakespeare eran más latinos que ingleses, si pensamos en lo que entendemos hoy por inglés. Me parecía interesante ver como Shakespeare leía a Cervantes.

- T: La novela se puede pensar como una operación borgeana. ¿La considerás así?
-G: Más allá de las múltiples cuestiones que pueden verse en "Pierre Menard, autor del Quijote" sobre el lugar fundamental de la lectura como hecho literario antes que el texto desnudo, creo que hay algo que todo escritor puede sentir hondamente: el hecho de leer un libro y querer escribirlo. Lo genial de la solución de Menard es que lo escribe igual.
De alguna manera, tanto como el Quijote como con las obras de Shakespeare, uno al leerlas como escritor siente el deseo de acercarse, puede ser desde la traducción, o también desde esta oportunidad que se me presentó: imaginar cómo fue la obra perdida de Shakespeare, a partir de los materiales de ambos. Me divertí jugando a ser Fletcher, el hombre que escribió con Shakespeare.

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