Guardias, compromisos y faltantes

Luego de bastante tiempo de desidia y suplicio por la falta de guardias pediátricas, las autoridades municipales resolvieron tomar el toro por las astas y así encabezaron reuniones con todos los actores de la salud, tanto del sector público como del privado, aquel que, lamentablemente y de un largo tiempo a esta parte, decidió solo dedicarse a la parte rentable del servicio que, en consecuencia y a partir de esa clara y evidente decisión, dejó de ser tal para ser solo un negocio.
En los encuentros que se desarrollaron en el municipio y en el Concejo Deliberante, algunos de los cuales tuvieron momentos álgidos ya que fuera de los micrófonos los representantes del sector público reprocharon a los privados por esta ausencia de compromiso, parece haberse ido avanzando en la solución, al menos provisoria, de uno de los problemas más acuciantes que tienen los comodorenses, como es la falencia en la cobertura de salud, sobre todo la infantil.
Esta ausencia de guardias pediátricas, a excepción de la que funciona en el Hospital Regional que, por más colapsado que se encuentre, sigue siendo el único lugar en el que, a cualquier hora y en cualquier situación, se encontrarán profesionales y trabajadores dispuestos a la atención del paciente. El problema es que la sobredemanda genera recarga de turnos y esperas largas y angustiosas, que a su vez producen tensión entre los pacientes con los médicos.
La excusa o justificación para la ausencia de las guardias pediátricas es la falta de profesionales, cosa que explican no sólo sucede en Comodoro Rivadavia, sino en todo el país, porque los médicos, en función al ordenamiento y de la facturación de la salud, y más allá de la vocación que todos o casi todos tienen, terminan optando por atender en sus consultorios antes que en las guardias pediátricas, ya sean estas dependientes del sector público o privado.
La justificación puede ser atendible y real, pero lo cierto y concreto es que una sociedad no puede resignarse a ver cómo se desatienden obligaciones y cómo deja de protegerse lo más valioso que ella tiene que, como siempre nos han dicho en los discursos, son el futuro, que no puede estar representado en otros que no sean los más pequeños ya que estos, para usar otra frase gastada pero cierta, son los que tienen toda una vida por delante.
En estas reuniones entre el sector público y privado apareció otra situación aún más vergonzosa que la ausencia de las guardias pediátricas en las clínicas y sanatorios, y es que las obras sociales y prepagas, que tampoco garantizan la cobertura por la que muy bien cobran, tiene abultadas deudas con ese Hospital Regional al que -en consecuencia- recargan y usan de manera doble: primero llenándolo de pacientes, que bien podrían atenderse en el sector privado, y otra al explotarlo y vivirlo, ya que no le pagan por el servicio que éste con sus profesionales y trabajadores brindan.
El director del Regional, Gustavo Guerrero, rompió el silencio en este tema y así dijo en público lo que hace tiempo se viene reclamando en privado, como es la abultada deuda de las prepagas y obras sociales para con el sufrido nosocomio, que informó supera los 30 millones de pesos.
Ante esta realidad, estos números y el doble abuso de lo público, las autoridades municipales, como lo hizo el viceintendente Juan Pablo Luque, adelantaron que la comuna pedirá sanciones para las clínicas y sanatorios que no cumplan con sus obligaciones, que están contenidas dentro de la habilitación que se les otorgó a nivel municipal y que incluyen la prestación de un servicio de salud completo.
El Ministerio de Salud de la provincia también evidenció, en estas reuniones, su compromiso y predisposición para solucionar el problema, a partir de distintas alternativas como el trabajo conjunto con la Secretaría de Salud municipal, que desde hace tiempo en Comodoro hace esfuerzos para mantener los periféricos en los barrios de la ciudad, la entrega de viviendas para los médicos que se contraten, entre otras posibilidades.
La solución, en definitiva, parece estar primero en el reconocimiento del problema, segundo en la decisión política para intentar resolverlo por más difícil y crónico que sea, y tercero en la articulación de esfuerzos, tanto entre los distintos actores del sector público como y, sobre todo, con los del privado, a quien el Estado es el que debe inducir, regular y controlar para que cumpla el servicio y haga su aporte.
Más allá de las discusiones, reproches y acusaciones, en estas reuniones -en definitiva- parece haber surgido esta posibilidad de acuerdo para buscar, entre todos, la apertura de más guardias pediátricas que la del Regional, con la rotación de los pocos profesionales que hoy cuenta la ciudad, o con la búsqueda de nuevos, a los que habrá que convencer de la necesidad de hacer el esfuerzo y dejar, al menos por algunas horas, el confort de la facturación para acercarse al primer eslabón de la cadena del servicio, que es la necesidad y la urgencia, que sólo puede dejar de ser tal cuando se atiende con rapidez y con los elementos y profesionales adecuados.

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