"Hasta de las Islas Malvinas nos mandaban zapatos para repararlos"

La zapatería "Everest" está a punto de cumplir 57 años y su historia empezó cuando Alfonso Villares llegó a Comodoro Rivadavia desde Asturias, ya que le tocaba cumplir con la milicia y decidió irse de su país. "Mi papá era uno de los mejores zapateros de España, pero como no le interesaba la carrera militar decidió venirse para la Argentina", cuenta Carlos Villares.

Cuando Alfonso llegó a esta ciudad observó que hacía falta un zapatero y decidió abrir su primer negocio en la calle Urquiza donde estuvo un año hasta que tuvo la posibilidad de ampliar sus horizontes.
"Los recuerdos de chico eran que salía de la escuela y pasaba a la zapatería para ayudarlo. Siempre fue así y siempre me gustó el oficio. No hay vuelta que darle", afirma Carlos.
La vida prosperó para los Villares. Le permitió expandir sus servicios a distintas partes de la región. "Nosotros atendíamos a gente de Rawson, Caleta Olivia, Pico Truncado y Río Gallegos que por aquellos años era visto como algo extraordinario por las distancias", sostiene.
"Hasta tuvimos la oportunidad de arreglar calzados de gente de las Islas Malvinas. Eso lo sabe muy poca gente. Nosotros le arreglábamos el calzado a mucha gente. Recuerdo todos los meses traían una bolsa grande de zapatos para que los arreglemos y eran zapatos ingleses buenos, resistentes que nunca más volví a ver", dimensiona.
Carlos pasó su adolescencia entre la escuela y la zapatería. Cuando terminó sus estudios secundarios decidió irse a Córdoba para estudiar la carrera de aviador, pero un problema visual le impidió pasar el examen.
"Tenía todo listo y lo más importante es que tenía el apoyo de mis padres, pero cuando me dieron la negativa, porque es una carrera militar entonces tenés que tener 100% bien todo, me empaqué y decidí quedarme acá, que no me disgustaba, al contrario me gustaba mucho el oficio pero yo quería ser piloto comercial", subraya.
Los años le permitieron a Carlos adquirir todos los secretos de su padre hasta el más delicado que es fabricar zapatos forrados que acompañan el vestido de la novia.
La técnica consiste en desarmar complemente el calzado y comenzar a forrarlo con la tela del vestido, pero requiere precisión y delicadeza suprema para que todo quede como corresponde.
"Es la única zapatería en la Patagonia que realiza este tipo de trabajo, pero ha decaído bastante porque es un gusto caro que las personas se regalan. También se puede hacer con los vestidos de 15 años. Es un trabajo precioso, muy difícil de hacer, pero que queda muy lindo cuando está terminado", asegura.
"Es un trabajo muy artesanal. Yo no lo hago acá, lo hago en el comedor de mi casa porque tenés que lavarte las manos cada diez minutos", agrega.

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