Héctor "Tigre" Saldivia y su vida del otro lado de las cuerdas

"Veo que estás un segundo adelantado que los demás", esa fue la frase que el entrenador de la escuela municipal 1, Robinson Zamora, le dijo al pibe de 16 años. A partir de allí el muchacho se hizo hombre, construyó una carrera y supo de la victoria y los reveses que el destino otorga. En el festival despedida del viernes por la noche, el púgil dejó abierta la puerta para retirarse arriba del ring por última vez y ante su público.

por Angel Romero
a.romero@elpatagonico.net

Le faltaron los peldaños finales para el sueño que persiguió desde adolescente: ser campeón mundial.
Primero fue el marroquí Said Ouali en Las Vegas (2011), en pelea eliminatoria mundialista en el MGM donde la contienda se resolvió en el primer asalto.
Un año más tarde, y en Inglaterra el chico del barrio Quirno Costa volvía a ser superado antes del límite por Kell Brook en el tercer asalto. También por un título de la FIB pero más que nada por una chance clara de ir por el sueño mundialista.
La última campana sonó hace poco en Francia. En un rincón Héctor "Tigre" Salvidia -con 33 combates como amateur y 49 como profesional- salió en búsqueda de la hazaña. Pero en el otro rincón el marfileño nacionalizado francés Michel Soro, en una pelea por la disputa del título internacional Superwelter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), le frenó la ilusión también en el tercer asalto. Y esta vez la cuenta fue la final de 16 años de pugilismo. Aunque en el festival homenaje por su despedida, el "Tigre" bajó la guardia e hizo una expresión de deseos en medio del cuadrilátero para retirarse con un combate ante su gente, en fecha y rival a confimar.
Paradojas de la vida, sus vencedores tampoco conquistaron el cetro mundial.
"La verdadera pelea es la vida misma" fue una de las frases que más acuño Héctor "Tigre" Saldivia (32 años y padre de Mía) junto a su entrenador y suegro Robinson Zamora.
Hoy esa contienda lo encuentra del otro lado de las cuerdas, luchando por conseguir un trabajo en blanco como empleado municipal (lo que le implica tener aportes y obra social). Poder desarrollar ese trabajo en el gimnasio que lo forjó en el arte de los puños. Y dedicarse a los más pequeños.
"Estamos muy lejos del plano internacional", sostiene el "Tigre" entre un dejo de resignación y esperanza en la nueva etapa que inicia tras su retiro de la actividad. Ostentando el título de campeón argentino de los Superwelter, y latino del CMB y de la FIB.

"A LO SUMO LO CAGAN A PIÑAS Y NO VA A QUERER PELEAR MAS"
En la casa de los Saldivia la que lleva la que manda es la madre. Por ello cuando Héctor pasó de ir a pesas en el municipal 1 –junto a un grupo de compañeros de 2° año de tornería del Centro de Formación Profesional 652– a sumarse al boxeo con 16 años, el permiso estuvo siempre y cuando no se suba a un ring.
Pero a Robinson Zamora sólo le bastó tres semanas para ver que en el grupo de doce chicos que iban de 'onda', Héctor sobresalía.
"Veo que estás un segundo adelantado que los demás", esa fue la frase que el entrenador de la escuela municipal 1 le dijo a Héctor.
"Un segundo adelantado", nada de promesas de títulos del mundo o cosas por el estilo. Sí la convicción del polémico entrenador que si Héctor se proponía metas podía hacer del boxeo una carrera.
Pero la primera contienda a vencer era la propia madre.
"En principio fuimos a pesas –el lugar estaba a lado del gimnasio de boxeo y compartían baño– y cuando uno de nosotros vio a un par de chicos guanteando nos contó la novedad y cambiamos las pesas por las bolsas", rememora el "Tigre", "por parte de mi vieja siempre le encantó ver boxeo, pero nunca deseó tener un hijo boxeador" (y le salieron dos). Por eso me autorizó a ir con la promesa de que nunca se iba a subir a un ring", sostuvo.
"Para qué querés boxear si vos sos tranquilo y nunca peleaste en la calle", le decía la madre a Saldivia. De hecho, del grupo de chicos si había uno que tenía menos pinta de boxeador era él.
Seis meses de práctica y Héctor hacía su debut en el municipal 1, pero faltaba la autorización (se firma solo una vez) y el padre fue clave para convencer a su madre. Clave y categórico con su esposa: "a lo sumo lo cagan a piñas y no va a querer pelear más'.

EL COMPAÑERO INCONDICIONAL
Arriba del cuadrilátero lo esperaba un tal Maniao del municipal 2, en su esquina estaba su entrenador pero más cercano a él y para toda la vida habría otra presencia.
"La pelea fue palo por palo y terminó con un empate. Mi rival era un pibe de carrera. Y tal vez por eso lo premiaron con un empate, aunque yo había visto una luz a mi favor. En lo personal ni esa vez ni nunca tuve cagazo, sí nervios. Más cuando me tocó pelear en mi ciudad (independientemente si era por un título o amateur). El solo hecho de contar con el aliento de mi gente era como una presión extra en mí para que salga ganando", confiesa.
Nervios, ya sea en los grandes escenarios o en los humildes festivales locales. Ni siquiera miedo, a pesar de la apariencia o lo que trataba de demostrar el rival antes de la primera campana.
"Siempre dije que si un día tenía miedo me iba a dedicar a otra cosa. Si siempre nervios y adrenalina a full hasta en mi última pelea. Y agradezco por ello, porque si no me tendría que haber dedicado a otra cosa" confiesa.
Nunca tuvo bien en claro porque le surgían nervios. Y sí el tema de combatir como local incrementaba ello "como amateur nunca perdí, hice 33 peleas y no tuve derrotas. Y como profesional hice 49 combates como profesional y me retiré invicto en mi tierra. De hecho como profesional me tocó perder con el (Jorge) "Chino" Miranda en 2007 en el mítico Luna Park. Pero me desquite en dos ocasiones" recalca.

UN CUENTO CHINO
El "Tigre" da y recibe. Y vaya que recibe, a tal punto que su rostro se encuentra desfigurado sobre su pómulo derecho. Enfrente, el cordobés Jorge "Chino" Miranda se siente a sus anchas, porque esa noche en el Luna Park y en la previa de la presentación de Rodrigo 'la Hiena' Barrios le saca cinto e invicto al chubutense.
"Cuando bajé del ring lo hice con la 'espina en el ojo'. En especial porque sabía que me había ganado con un golpe de suerte que me fracturó el maxilar del pómulo derecho. Que gracias a la operación del doctor Eduardo Nadini pude quedar en buenas condiciones", comenta.
Cuatro meses inactivo. Y antes de cumplir medio año el "Tigre" vuelve a combatir en Neuquén (noqueó en el tercer asalto al bonaerense Adolfo Dionisio Ríos) para retornar con éxito al cuadrilátero.
"A la segunda pelea que hice luego de la recuperación, lo trajimos al 'Chino' al Socios Fundadores. Esa noche, Miranda fue el hombre más odiado y silbado del festival. Porque me había sacado el invicto y el título Latino OMB. Y había una adrenalina especial. Y tal es así que empieza la pelea y cerca de los 40 segundos lo mando a la lona. Y cuando se levanta lo conecto con un uppercut de derecha y se terminó para él la pelea y yo me saqué la espina", sostuvo.
El cordobés usó a su favor el mismo argumento del "Tigre" y sostuvo que la derrota en el Socios Fundadores había sido un 'golpe de suerte' a favor de Saldivia. Cómo lo fue para él en el Luna Park.
La tercera fue la vencida. Y en Caleta Olivia Saldivia devolvió gentilezas y le quebró el tabique a Miranda. Fin del cuento.

EN ESTADO SALVAJE
"Nunca fui bueno para guantear. Porque no logro ser lo que soy arriba del ring. Es totalmente diferente a cuando suena la campana. Fíjate que me tocó guantear con boxeadores que habían sido mis rivales como Tito Weis o Miguel Mesa. Y no les podía pegar y me daba bronca. Sin embargo a la hora de la verdad los castigaba duro", confiesa Saldivia en lo que es la antesala de cualquier pugil.
Será porque lo que menos apariencia da Héctor Saldivia es de un boxeador. De hecho pasa inmutable ante las polémicas. Si no fuera por "Tigre" sería 'Héctor' un tipo común y corriente.
"Está lleno de ejemplos de boxeadores que hicieron conocer su agresividad y falta de conducta dentro y fuera del ring. Está lleno de 'Monzones' y 'Bonavenas'. Y siempre lo dijimos. El boxeo o el deporte es un paso más por la vida. La vida misma es una pelea donde hay que salir campeón todos los días. Además, en el boxeo tenés muchos 'espejos' para mirarte y saber a donde no querés llegar", recalca.
Volver por necesidad al ring, eso tampoco entra en el pensamiento de Héctor "hay infinidad de boxeadores que conocieron la gloria y luego se perdieron en el ocaso. Retornando en más de una ocasión por una necesidad y en condiciones deplorables. Yo eso tengo claro que no lo voy a hacer. Y si bien sigo haciendo de mi cuerpo un 'templo', creo que era hora de dar un paso al costado y retirarme, dado que no estamos a la altura del nivel internacional. Que siempre fue mi objetivo. Además, cuando yo empecé a boxear estaba sanito y siempre supe que quería terminar de la misma manera. Me retiro con todos mis cabales. Además, como decimos en esta escuela 'la verdadera pelea es la vida'".

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