Horacio Moyano, un arquero con "luz y fuerza" ante la vida

Llegó a Comodoro Rivadavia con 23 años de mochilero, para conocer y buscar trabajo. Consiguió una changa en el Puerto hasta que sin querer llegó a Huracán. Defendió también el arco de Jorge Newbery, y disputó un torneo Regional en el año 89 con Próspero Palazzo donde llegaron a quedar entre los ocho mejores equipos del país. También jugó en Ferro donde se consagró campeón en 1994. En 2008 volvió al "Aguilucho" con 48 años, invitado por su amigo Hugo Puntano, y actualmente ataja en los Veteranos para Luz y Fuerza.

por Carlos Alvarez
c.alvarez@elpatagonico.net

Los primeros revolcones de Horacio Moyano bajo los tres palos fueron en Villa Ballester, donde nació. De muy chico, y con menos de diez años trabajó para tener un mango más, y colaborar en la economía familiar. Su papá falleció cuando él tenía 13 años y su mamá cuando tenía 20. Siempre se las rebuscó para vivir. Actualmente trabaja en la Sociedad Cooperativa Popular Limitada, pero también le gusta hacer vidrieras en distintos comercios de Comodoro. Siempre sonriente, y eso que la vida también lo golpeó. En el 2009 sufrió la pérdida de su hijo Rodrigo, quien decidió quitarse la vida, y hoy con el paso del tiempo habla de él con una sonrisa. Construyó una resiliencia muy fuerte, y aprendió para crecer.
Las primeros partidos oficiales en el fútbol los vivió en el club Tigre, en Buenos Aires, donde llegó a la Reserva y tuvo como director técnico a Mario Griguol (primo de Carlos Timoteo, ex DT de Gimnasia y Esgrima). Ese entrenador lo formó como arquero y como persona hasta que a los 23 años decidió viajar al sur del país, a Comodoro Rivadavia luego de observar en el noticiero el mar y los cerros. El paisaje de la capital petrolera lo sedujo y se vino de mochilero con la única intención de pasear, conocer y de buscar un trabajo para subsistir.
De chico fue admirador de Hugo Orlando Gatti, y soñaba con el momento en que el "Loco" le regale un par de guantes. Si hasta se iba en bicicleta por la Panamericana hasta la casa del arquero de Boca y hacía guardia, pero nunca lo consiguió.
Cuando vino a Comodoro, no consiguió trabajo de inmediato y estaba a punto de pegar la vuelta porque no tenía dinero para seguir pagando la habitación. Un cordobés, lo invitó al puerto local, y con una tarjeta plástica prestada empezó a trabajar, a descargar los barcos y se quedó. Un día, volviendo del puerto ayudó a una persona que se había caído en la esquina de Pellegrini y Rivadavia, frente al Consejo Deliberante actual, pero en ese momento era el Mercado Comunitario, y ahí el fútbol le hizo un guiño. Su buena acción fue recompensada y consiguió un trabajo y empezó a entrenar en Huracán.
"Un día venía del puerto, de la casilla, porque íbamos todos los días a ver si había trabajo. Cuando vuelvo al centro, en pleno invierno vi una persona que venía tambaleándose, borracha, que se había caído en la esquina de Pellegrini y Rivadavia. Me acerqué para ayudarlo, lo acompañé a su casa, y esa persona fue el que hizo el contacto para jugar en Huracán. Yo no tenía intenciones de jugar acá, siempre me llamó la atención como atajarían en tierra tan dura. Lo llevé hasta su casa que quedaba en la calle Sarmiento. Ahí me preguntó qué hacía, de dónde era? Y cuando le dije que jugaba al fútbol, además de trabajar y estudiar, me dijo que vaya al otro día al Mercado Comunitario a verlo. Mañana a la una de la tarde anda a verme a mí al mercado comunitario en la carnicería. Yo te voy a presentar a Caro, un dirigente de Huracán. Yo pasé por las dudas, a ver si estaba. El tipo estaba recién afeitado, peinado a la gomina. Me conoció y lo llamo a Caro. Así llegué a jugar en Huracán, pero en ese época había unos 'nenes'. Le dijo que me tenía que dar trabajo para que pueda jugar. Me hicieron un contacto con Reyes, jefe de correos en la calle Alem, y ahí volví a jugar", relata Horacio Moyano, quien a los 57 años ataja en Luz y Fuerza en el torneo de Veteranos.
En Huracán estuvo en la temporada 83/84 y fue compañero del 'Bocha" Rodríguez, de Juan Murgia, el pelado "Flores", Daniel Lanza, Jaime Giordanella, el "clina" Atencio, y en el banco de suplentes estaban el Dany Amado, Hugo Puntano, el "Topo" Márquez entre otros.
Al poco tiempo, cuando decidió alejarse del "Globo" estuvo una temporada sin poder jugar porque no le quisieron dar el pase. Hasta que Jorge "Coco" Bersán un día pasó por su trabajo y le dijo que consiga el pase, que él lo quería en Palazzo.
"En ese momento, Bersán llevó a Calderón de Roca y también lo lleva a Alberto Lerra, quien termina siendo mi compadre, mi compañero de vida y padrino de Rodrigo. En ese año no pudimos ascender, perdimos la final con Sarmiento. Cuando asume José Karamarko, estábamos en la B, y cuando llegó, nos dijo: 'este equipo va a lograr el ascenso, va a salir campeón en la A, y va a ir al Regional'. Todos pensamos que estaba loco, y mirá la historia como es".
Con la camiseta del "Aguilucho" jugó un histórico Torneo Regional en la temporada 88/89 donde llegaron a estar entre los ocho equipos del país. Algo que la institución de zona norte recuerda hasta el día de hoy.
En cada club por donde pasó siempre dejó algo. A todas las instituciones por las que pasó puede entrar y ser saludado por todos porque su alegría y su buena onda siempre fue contagiosa en cada vestuario. El cebador de mate para unir a los más grandes y los más chicos. Por una invitación de su amigo Hugo Puntano volvió a Palazzo en 2008, y aportó su experiencia bajo los tres palos.

TRES COSAS
IMPORTANTES EN LA VIDA
Horacio Moyano también pasó por Ferrocarril del Estado donde logró el campeonato de 1994. En ese equipo están en "Rata" Ricardo Rubilar y Darío Puntano. Habla como si fuese ayer. De cada club tiene recuerdos frescos. Actualmente, con 57 años, sigue manteniendo viva la pasión por atajar, y armar el bolso el fin de semana.
"Hay tres cosas importantes, fundamentales, en la vida que aprendí. Una es la pasión por lo que haces, la segunda es soñar, y la tercera es tener esperanza. No hay que dejar que se muera ninguna. Debe ser muy feo vivir sin tener esperanza. Creo que van de la mano. Los sueños y la pasión. Hay que prolongar esa pasión lo más que se pueda, y través de los sueños hay esperanza. Siempre hay que tener sueños, y lo que uno haga, lo haga con placer", explica Horacio.
Hace casi 8 años perdió a su hijo Rodrigo, que también atajaba, cuando tenía 22 años. El "Gordo" como lo llamaban sus amigos, se había formado en la Comisión de Actividades Infantiles, y su último club fue Jorge Newbery. El Patagónico les hizo una nota especial para el día del padre en el año 2008 donde posaron juntos en el estadio municipal de kilómetro 3.
"Uno en la vida va modificando cosas interiores a medida que te suceden cosas. Yo creo que Rodri es una muestra de eso. No puedo explicar lo que me pasa cuando estoy jugando. Hay finales que ganamos por penales en los Veteranos, y yo te puedo asegurar que el que atajó en la definición no fui yo. La presencia de él la sentí de una manera increíble. Ese ángel estaba adentro mío. Hoy hablar de Rodri lo hago con alegría. Me junto con amigos de él, y me hace bien recordarlo así. Qué lástima que a una persona le tenga que pasar algo tan feo para poder crecer. Construí una resiliencia tan fuerte, que me hubiera gustado ser la persona que soy antes de que me pase eso".
Habla y comparte su enseñanza de vida. Sabe que hay que aprender a sufrir sanamente. Sufrís con el muerto o sin él. Vos tenes que soltarlo. Qué tenemos como creencia. Pareciera que si reímos o si escuchamos radio, parece que le faltamos el respeto. Cuando uno entiende que estamos de paso, y que en algún momento nos va a tocar la muerte, se vive diferente. Cada uno tiene su tiempo para sanar", admite.

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