Impaciencia y reproches de los cientos de varados en el Módulo Norte de ruta 3

"El problema no es el clima, sino que no están trabajando" reclamaba ayer al mediodía Tatiana, una vecina de Lago Posadas, Santa Cruz que viaja con un hijo que sufre convulsiones a realizarle estudios a Buenos Aires y que desde el viernes están varados en la ruta 3. "No tenemos para comer, no hay comida, no hay agua. Vialidad está de paro" denunció Antonio, un camionero que se indignó porque dejaron pasar un camión desde Trelew a Comodoro en la madrugada y que llegó sin ayuda de cadenas, mientras ellos esperan desde el viernes circular hacia el norte. Los camioneros y las familias ya impacientes ante la espera pedían a Gendarmería que al menos los dejaran probar si podían o no cruzar. "La ruta está malísima, no hay ningún servicio. Hay autos abandonados", graficaba un estanciero de Pampa Salamanca.

Una larga hilera de camiones varados en más de cuatro kilómetros, desde Astra hasta el Módulo Norte de Comodoro Rivadavia y bajo un horizonte de cerros nevados, era la postal de la ruta nacional 3 en su kilómetro 1.830. Camioneros impacientes, familias enteras al costado de la ruta con 2 grados bajo cero y reclamando para que los dejaran aunque sea intentar llegar hasta donde pudiesen.
“El problema no es el clima, si no que no están trabajando” reclamaba Tatiana, una vecina de Lago Posadas, Santa Cruz, a El Patagónico. Junto con su familia, desde el viernes que están varados en el Módulo Norte en su EcoSport en la que llevan a un hijo que sufre convulsiones a realizarle tomografías a Buenos Aires. La mujer pedía a Gendarmería que por favor que la dejaran pasar. Una camioneta verde estaba cruzada en medio de la ruta nacional impidiendo el paso de los más de 400 camiones y automóviles particulares.
“Hay camioneros que están hace cuatro días que no tienen cómo seguir” dijo Raúl, otro automovilista. “No tenemos para comer, no hay comida, no hay agua” denunció Antonio, uno de los camioneros que lideraba ayer el reclamo ante las autoridades.
“De a tres o cuatro encadenados, se puede pasar. Ese camión (señalando un Iveco) bajó de Trelew sin cadenas. Vino a las 8 de la mañana de Trelew, sin cadenas, del Correo, salió 1:30 de Trelew y llegó a las 8:30 acá. ¿Por dónde vino? ¿Por los cables?” se preguntó molesto Antonio.
Una autoridad policial le confirmó a este diario que a ese camión lo dejaron pasar desde Trelew a Comodoro porque traía medicamentos. Pero al conocerse esa excepción ayer los camioneros que están varados desde el viernes se indignaron.
“Lo que estamos proponiendo es que nos lleven a tres o cuatro en una camioneta de Gendarmería. Agarras diez camiones que vayan rompiendo la nieve y todos los otros camiones van a pasar detrás. Vialidad (nacional) está de paro, hay que decirle a alguien del gobierno que venga y ponga el apoyo” reclamó Antonio.
El experimentado camionero les repetía a las autoridades que nadie sabe más que ellos que viajan a Ushuaia en invierno. “Allá andamos con un metro de nieve” graficó.
En medio del reclamo para pasar, llegó al Módulo Norte desde el norte una camioneta con restos de nieve en su carrocería. “La ruta está malísima, no hay ningún servicio; si te llegas a ir a un costado, te quedas. Hay autos abandonados” les informaba a los varados Rubén Alonso, de la estancia “Los Manantiales” de Pampa Salamanca.

CAMIONERO EN RUTA

“LAS OVEJAS METIDAS
DEBAJO DE LA NIEVE”
Tatiana le consultó: “¿Están trabajando?”. El estanciero le dijo: “No, no hay nadie. De Garayalde a donde yo doblé para acá, hay como 100 kilómetros, así que cien kilómetros para allá sí puede ser que estén trabajando” le aclaró Alonso.
“Desde Garayalde a Pampa Salamanca están trabajando, tirando sal” les explicó un sargento de la Gendarmería Nacional. “O sea a Ushuaia nosotros no podemos viajar más porque en invierno no podemos manejar. Tenemos que esperar el verano. Nosotros de toda la vida que manejamos. No venimos de un día para el otro. Hace cuatro días que estamos acá” reclamaba Alonso. “Si vos vieras cómo tenemos nosotros las ovejas metidas debajo de la nieve” graficó Alonso.
“Nosotros salímos afuera con una máquina nuestra y después te la tenes que arreglar como puedas” explicó el administrador de la estancia.
“Además como no anda nadie, si llegas a morder y te vas abajo, olvídate. Hay como seis o siete autos abandonados, pero no hay nadie. Los han dejado y se han ido” contó Alonso.
“La función de nosotros es prevenir” le repetía un gendarme a todos los automovilistas impacientes. Un alférez les pedía que hicieran espacio porque iban a pasar dos topadoras desde el sur hacia el norte para abrir camino.
Los camioneros juntaban ramas de los campos para calefaccionarse. Socializaban lo poco que les quedaba para comer. Uno compartía su último sobre de sopa; otros ya no tenían más víveres. Algunos se acercaban a una cabina para ver televisión satelital. Al costado del módulo solo había unos cuantos baños químicos. Mientras, se anunciaba que llegarían desde el Sindicato de Camioneros para llevarles agua y alimentos.
La indignación crecía cuando se enteraban por boca de un policía que las cuchillas de la máquina rompe-hielo se rompieron y que los de Vialidad se habían quedado sin sal para tirar en la ruta.

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