José Guinao, el sobreviviente de la explosión en Tecpetrol

El trabajador que protagonizó involuntariamente la explosión ocurrida en el yacimiento El Tordillo donde resultó gravemente herido, se refirió a las responsabilidades por lo ocurrido. "Cualquier laburo que hagas en planta tienen que pararla y ellos no la pararon. Vaciaron un tanque nomás para que la producción no pare. Teníamos como cinco horas para laburar, pero alguien abrió una válvula equivocada", aseguró.

Por televisión, José Guinao (44) sigue la crisis petrolera que en la Cuenca del Golfo San Jorge exige incentivos para la industria que permitan sostener las fuentes laborales, incluso el puesto de él que por el momento está cubierto por la ART.
El operario petrolero fue uno de los protagonistas de la fatídica explosión que el 27 de agosto del año pasado, en el yacimiento El Tordillo operado por Tecpetrol, se cobró la vida del soldador Cristián Gutiérrez (36), dejándolo gravemente herido a él y a su compañero Roberto Araneda (45), además de otros operarios que sufrieron lesiones leves.
Ayer, a casi cinco de meses de lo ocurrido, Guinao dialogó en exclusiva con El Patagónico en lo que fueron sus primeras declaraciones desde aquella mañana de agosto en que fue testigo directo de una tragedia. También dijo que fue un calvario su estadía en la Clínica del Valle, desde donde pidió el traslado a Buenos Aires.
"Era un laburo que lo hacemos siempre", señaló al contar en el inicio de la charla lo que pasó ese jueves, añadiendo que "es una pelotudez más grande que una casa. Estábamos Cristian, Roberto, 'Ratón', Abraham y yo. Teníamos que cambiar un pedazo de cañería que en el codo estaba pinchado. Esa cañería no llevaba presión porque es un tanque que cuando se rebalsa el petróleo cae por la pierna de rebalse y va a una pileta. Es medio difícil que se rebalse, pero es por precaución".
Así fue como decidieron emplear un corta-caños porque no podían utilizar soplete, por el gas. Cuando advirtieron que salía petróleo, cerraron la válvula. La maniobra continúo. "Ahí actuamos nosotros: pusimos la bentonita que no deja que pase el gas; midió la chica de seguridad y soldamos la brida teniendo precaución", indicó.
Luego presentaron la pieza. Gutiérrez midió con el nivel para que quedara derecho y prolijo, Guinao lo ayudó a sostener y otro operario iba a puntear para que entraran en acción los soldadores. Sin embargo, no alcanzaron a realizar la maniobra.
"De repente se escuchó 'guu'. El ruido ese no me lo olvido más, yo estaba de frente al muchacho que murió y le cayó de lleno a él y a mí. No nos dio tiempo a nada. Con Cristian rajamos para el mismo lado; los dos prendidos fuego. Yo encontré tierra y empecé a rodar... me apagué un poco; lo que no me apagué fue el brazo y el pecho". De todos modos, tuvo más fortuna que Gutiérrez, quien allí perdió la vida.
Cinco meses después, Guinao intenta explicar las sensaciones de ardor que sentía en el pecho, los brazos y la cara, sus zonas más afectadas. Ccuando llegó una ambulancia, primero se llevaron a Roberto Araneda y luego a él. Fue porque el sistema de emergencia falló y lo que tuvieron que trasladar en una camioneta de turno hasta el cruce de las rutas 3 y 39, mientras veía la carne viva de sus quemaduras y su cuerpo lleno de petróleo.
Luego vino el silencio. Diez días en el Hospital Regional adonde fue internado en Terapia Intensiva; la inconciencia y el regreso al mundo y el posterior traslado a la Clínica del Valle, donde permaneció 25 días. Después lo debieron trasladar a Buenos Aires.

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