La amistad y las "derrotas dignas"

"Son realmente así. Tengo amigos en otros clubes. Se arman muy buenos grupos y buenas amistades. Nosotros terminamos de jugar y nos quedamos todos juntos más allá del tercer tiempo. El sábado es el día exclusivo para que la pasemos todos juntos. Capaz nos quedamos hasta las 12 de la noche. Vamos a casa y nos volvemos a juntar para salir", sostuvo Ramón Quinteros, capitán del Deportivo Portugués.
Más que rugby, "Papo" habla de su club "antes no teníamos nada. Ahora están todas las comodidades. Así y todo cuando era chico y nos invitaban a dos o tres para jugar en otros clubes como refuerzos (cuando les tocaba viajar) yo agradecía pero no iba. Nunca vestí otra camiseta que no sea la de Portugués. Salvo una sola vez me puse la de Puerto Madryn en un combinado para jugar contra Los Pumitas, porque no teníamos indumentaria. Pero fue la única vez", recalca.
Sobre "derrotas dignas", Papo tampoco se queda callado "te queda más bronca el tener que comerte 400 km ida y vuelta y dejar allá los puntos y venir cagados a palos, porque allá siempre te fajan. De hecho cuando éramos chicos, aparte de comernos cada 'carro' en el Valle del Chubut, traíamos 3 o 4 lesionados porque los habían fajado. Y si nunca trascendió fue porque nunca dijimos nada. De hecho si lo nuestro sí tomo estado público (la lesión a un jugador de Bigornia) es porque para los de afuera somos los 'negritos de Wal-Mart' de hecho hasta nos hicieron un cantito con eso", describe.
La mayoría de las veces el canto llega de los que acompañan a los rivales "igual lo que pasa en la cancha queda en la cancha. Capaz te cagas a piñas y luego en el tercer tiempo te tomas una cerveza con la misma persona. Antes me pasaba que dudaba si el pibe me había golpeado de mala leche o con intención. Pero luego lo superé con el tiempo, trato de que no queden rencores. Eso lo aprendí con los años. Antes me sacaba enseguida y respondía tal vez de la misma manera", confiesa.
Cuando perdés el eje, confiesa Papo, comenzás el juego "me pasó en el último partido ante Trelew, el 5 de ellos me bardeaba y me insultaba a mí nomás. Y no dejaba de mirarme. Y eso hacía que no sepa él dónde estaba la pelota. Y nosotros estábamos haciendo el try, y él estaba enceguecido con 'sacarme' a mí. Yo me cagaba de risa porque era un pendejo, y no sabía si lo hacía como parte de una estrategia o es así. Yo también cuando era pibe se me saltaba la térmica", recuerda.
En los equipos locales nunca lo 'buscaron' de hecho las tarjetas amarillas o rojas fueron por malas entradas de Quinteros. Aunque reconoce que no todos los jugadores tienen la misma templanza.
"Existen jugadores que enseguida se sacan. Nosotros tratamos de que eso no suceda, y para ello les hablo antes de salir a la cancha. A veces los parás otras no. Antes también éramos mucho de protestar o hablarle al árbitro. Eso cambió, ahora solo le habló yo al referee y solo cuando él me lo permite. En eso también crecimos".
Y cuando hay una injusticia te la tenés que comer, porque si no te informan y te quedas más fechas sin jugar.
Lo que más lo emociona es cuando un pibe que pasó por el club encauzó su vida. Nada que cosas extraordinarias, sino que trabaja, estudia o le cambio la contextura y la actitud.
"Hoy el club tiene un montón de cosas a disposición de los chicos. Y lo que más me emociona es ver chicos que se quedan hasta las 23 en el club, porque en definitiva muchos encuentran un espacio que es su hogar, que es suyo. Se la pasan más tiempo en el club que en sus casas. A mí me pasó de chico y no teníamos nada de nada. Solo por el hecho de ver a Cristian y José Quinteros entrenar. Igual, yo ya sé que de los tres soy el mejor", concluye entre risas.

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