La campeona del mundo nacida en Comodoro que sueña a lo grande

Leila Ramos vivió un año que no olvidará. Participó en el Campeonato Mundial de Taekwondo ITF y se coronó campeona mundial en Formas 1º Dan, y en su presentación individual en lucha hasta 50 kg se quedó con la medalla de plata. Ahora apunta al Mundial 2018, que se disputará en la Argentina.

por Carlos Alvarez
c.alvarez@elpatagonico.net

El año de Leila Ramos fue muy intenso. Entrenamientos en triple turno, escuela y los viajes a Buenos Aires para formar parte de los selectivos, hasta llegar al punto máximo a fines de julio, cuando compitió en el Campeonato Mundial de Taekwondo ITF y se coronó campeona mundial en Formas 1º Dan, y en su presentación individual en Lucha hasta 50 kg se quedó con la medalla de plata.
El cansancio físico y mental pasó a un segundo plano cuando le tocó demostrar lo aprendido junto a Sergio Oyarzo, su sabonim, lejos de casa y con la celeste y blanca puesta en Inglaterra. Saber que su familia estaba lejos físicamente, pero alentándola a la distancia, le dio la fuerza suficiente para lograr algo histórico.
Todo se le cruzó por la cabeza a la taekwondista de 15 años cuando la nombraron y dijeron que era campeona mundial en Formas 1° Dan. "En ese momento me emocioné mucho, pero creo que recién ahora con el paso de los meses empecé a darme cuenta de la dimensión. En ese momento no caía. Ahora, cuando la gente te reconoce, o cuando te dan un premio como me pasó con la Mara Dorada (máxima distinción que otorga el Centro de Periodistas Deportivos de Comodoro Rivadavia), empiezo a entender más lo que logré", explica Leila, rodeada por su mamá y su hermano Ian.
Su tío Santiago Mamaní fue, sin querer, uno de los impulsores para que Leila se meta en el mundo de las artes marciales y el taekwondo en especial. A los 7 años, ella lo veía regresar feliz de sus prácticas en el barrio Laprida, y sintió curiosidad por el deporte. Una vez que comenzó a entrenar, supo que era lo suyo y no quiso abandonarlo nunca más. "Cuando volví, mi tío me dijo que era su orgullo y que él quería ser como yo. El dejo la actividad y lo pasé de cinto. Ahora rindió y me dice que quiere ser como yo", afirma con una sonrisa.
"Estar en un Mundial es algo muy grande. Uno no pensaba en lograr lo que logré. Siempre confié en mis entrenamientos y en mi sabonim, pero fue un proceso largo. Empecé con los selectivos. En marzo del 2015 comenzamos a viajar para ir al Mundial. Era entrenar todos los días y tres turnos. Fue muy cansadora esa etapa", recuerda con el paso del tiempo.
Las primeras citas en Buenos Aires debían programarse con varios días antes, porque eran en colectivo, hasta que se dieron cuenta que estar 26 horas arriba de un colectivo, y luego entrenar de manera muy exigente, no rendía sus frutos, y fue su mamá la que decidió invertir hasta lo que no tenía para que su hija viaje en avión. Incalculable el dinero en viajes, pero tuvieron su recompensa.
"Cuando me acuerdo de todo lo que viví en Inglaterra es muy emocionante. Ahora comienzo a tomar dimensión del logro, pero en ese momento no había día que no llore. Extrañaba mucho a mi familia. En ese momento no tomaba dimensión de lo que viví", rememora Leila.

EL TAEKWONDO COMO FORMA DE VIDA
Leila tuvo su fiesta de 15 a fines de febrero de 2016 y no tuvo la ceremonia tradicional, pero sí fue la ideal para ella. Ingresó al salón con un vestido, pero arriba tenía puesto una bata con capucha, el protector bucal y los guantes. Eso sí, llevaba la coronita que le regaló su abuela Sandra a los 9 años. Hizo su ingreso con el tema "El ojo del tigre", más conocido por la película de Rocky.
El taekwondo es su forma de vida. Y su cumpleaños número 15 no será uno más.
"Era una princesa, pero con capa. Le regalamos un cinto con su nombre bordado. Habíamos preparado un ring arriba del escenario. Llega, se saca la capucha, revolea los guantes y se había olvidado de escupir el bucal a lo Rocky", recuerda su mamá Carolina.

LA MURGA, UN CABLE A TIERRA FAMILIAR
Leila Ramos vivió el 2016 con mucha intensidad. Los primeros seis meses fueron a full entre escuela, entrenamientos en triple turno y la organización del viaje a Inglaterra.
Prácticamente no tuvo tiempo para mucho más, y le quedó al margen de la agenda su otro pasatiempo, la murga, que es su cable a tierra cuando no entrena. "Es algo que lamentó mucho cuando no podía ir para dedicarse a los entrenamientos", explica su mamá.
Hasta tuvo que salir del grupo de whatsapp 'Poesía Murguera', porque ella quería ir, pero no podía. Desde los 13 años que integra el grupo. "Es algo que se comparte con toda la familia y lo disfrutamos mucho. Me enganché mucho, y las reuniones para bailar siempre son numerosas. Es algo que sin duda no quiero dejar porque me hace bien", explicó la campeona del mundo.

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