La copa de leche en el corazón del Abel Amaya

"Manos Unidas" funciona desde hace seis años, primero en el barrio Ceferino y ahora en el Abel Amaya, donde más de 40 chicos asisten cada día para tomar su copa de leche y jugar un rato. "Entendemos que siempre se puede ayudar y darle una mano, sobre todo a los nenes", explicó Eduardo Quiñenao, el ideólogo de este lugar que sueña con convertirse en un refugio y continuar con la ayuda social.

Brian tiene 9 años, Agustín 4, Dylan 7 y Maxi 4, y desde hace un mes asisten al merendero Manos Unidas del barrio Abel Amaya. Así, cada día cerca de las 17, Zulema (21) y Camila los van a buscar a su casa para disfrutar de una hora de leche, facturas, galletitas y juegos, justo en la calle que honra a un hombre que supo de solidaridad y compromiso: el Padre Juan Corti.
Según cuenta Zulema, sobrina del ideólogo solidario de este merendero, en el caso de los chicos, de los cuales tres son hermanos, ellos comenzaron a llegar gracias a Mariano, el hermano mayor que fue el primero en asistir.
Así, el miércoles los chicos fueron los primeros en llegar, casi una hora antes del horario pautado, interrumpiendo su tarde de juegos y esperando impacientemente la hora de la leche.
En su interior, Zulema y Camila a esa hora ya preparaban las mesas que en un rato iban a ser el escenario solidario de la copa leche. Mientras tanto, esperaban también la llegada de Dahiana, Esther y Ruth, otras integrantes de la familia que colaboran con esta causa.
“Empezamos con poquitos nenes y ahora vienen más. Es lindo poder ayudarlos, darles una leche y jugar con ellos. A veces andan todos 'enquilombados', pero son super tiernos y te llenan de alegría”, contó Zulema sobre este pequeño grupo de chicos que forman parte de los 40 que cada día llegan al lugar.
Según cuenta Zulema, entre todos los integrantes de la familia, más otros colaboradores, juntan leche, galletitas, té y otros productos para darles a los chicos. A veces, de vez en cuando, también aparece otra alma solidaria que dona otros alimentos que más tarde despertarán sonrisas, dejando un sello eterno en cada uno de los chicos, tal como atestigua Eduardo Quiñenao (40), el ideólogo de este merendero, quien de chico también tuvo su copa de leche.

PASARLA BIEN
"Vengo de una familia numerosa. Soy originario y también experimenté conocer una copa de leche, gente que se preocupaba porque haya pibes que la pasen bien”, contó a El Patagónico.
"A veces no es que vos tenes necesidades extremas, sino que a veces el compromiso de laburo de tu vieja y tu viejo hacen que vos no tengas el plato en el horario que tenés que tenerlo. Yo experimenté eso cuando fui pibe y desde siempre soñé que cuando sea grande lo iba a hacer”, confesó sobre la forma en que surgió esta idea.
El merendero comenzó su actividad en 2006, primero en el barrio Ceferino, donde se inició con un comedor más chico y alquilado, y hace un año se mudó a esa esquina de Padre Juan Corti y Mario Alasia, en una de las zonas más carenciadas del barrio Abel Amaya.
Allí, además de la copa de leche, se corta el pelo, se hacen costuras, se almuerza, cena y hasta algunos duermen. Es todo ad honorem, a pulmón, poniendo incluso plata de sus bolsillos, pero sobre todo buena voluntad, como sucede ahora con la construcción de los baños.
"Entendemos que siempre se puede ayudar y darle una mano, sobre todo a los nenes. Nos gustaría hacerlo mejor, con un mejor servicio de calidad, pero todo tiene su tiempo y todos los días lo vamos mejorando”, agregó Quiñenao al explicar cómo se sostiene el lugar.
"Es toda gente de trabajo. Acá no tenemos sostén del Estado, ni del empresariado. Hay gente que está estudiando, otros que aprenden peluquería y lo vuelcan acá en la asociación. Lo único que nos complica es la falta de los servicios básicos que es algo esencial para cocinar. Tengo la cocina industrial, el horno pizzero, pero no los podemos usar como corresponde por el tema del gas", contó a modo de reclamo.
De esta forma el merendero, a seis años de su creación y a uno de la mudanza, continúa con sus actividades en etapa de construcción, y mientras tanto sigue sumando chicos, esperando que algún "padrino" se sume a esta causa ya que las falencias sociales del lugar son muchas.
“Estamos en el mejor barrio de la ciudad, pero con problemas específicos de necesidades básicas como zapatillas, una de las cosas por las que más luchamos, principalmente del 25 al 37", indicó Quiñenao en una clara indirecta a quienes se quieran solidarizar.
"Gracias a Dios siempre estamos tratando de solucionarlo con ayuda de los vecinos y los compañeros de trabajo. Pero estaría bueno que alguien se haga eco de este trabajo y colabore; estaría bueno encontrar un buen padrino”, auguró, confesando que su sueño es que el merendero se convierta en un refugio donde se pueda albergar más gente.

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