La desidia lo hizo posible

La magister en gestión documental y administración de archivos, Adriana Casatti, dijo ayer que "no surgen palabras cuando un archivo se pierde por las llamas. Sólo hay dolor".
Añadió que "el fuego se devora todo; se lleva la memoria; deja sin pruebas a la gestión de sus actos administrativos y quedan capítulos de la historia vacíos de contenido. Cuando un archivo se pierde devorado por el fuego hay un solo responsable: el hombre".
Casatti, quien actualmente es responsable del archivo universitario, expresó que "el hombre encarnado en el Estado es el responsable de generar las condiciones y garantías para custodiar y preservar el patrimonio documental albergado en el archivo o, en manos anónimas que actúan criminalmente para destruir las pruebas irrefutables plasmadas en los documentos".
Cuestionó además que "durante largas décadas se advirtió que este día podría llegar. Todos, absolutamente todos, hicieron oídos sordos, se fueron en promesas de campaña, en anuncios grandilocuentes que jamás se concretaron porque el Archivo jamás fue una prioridad para ninguna gestión municipal".
En ese sentido, lamentó que "mucho podría decir. Innumerables gestiones realizadas avalan hoy mi desazón e impotencia. Sólo puedo sentir pena, mucha pena por lo que hoy Caleta Olivia acaba de perder como sociedad. Sólo ruinas como mudo testigo para un final anunciado".
"Se perdió la memoria institucional municipal –agregó-, un patrimonio arquitectónico invaluable que era emblema de nuestra historia local, además de un edificio que recordaba a los vecinos del barrio Parque su historia de vida".
"Es tarde para buscar responsables del hecho en sí. Los informes del perito dirán que fue una falla eléctrica. Otros dirán que fue intencional. Como archivera y experta en la materia, diré que el único responsable es la ausencia de una política de Estado que velara por proteger su patrimonio documental e histórico dejándolo abandonado a la suerte de nadie".
Finalmente manifestó que "un intenso olor a humo y cenizas penetran en mi casa como una triste despedida de mis 'amigos': los documentos".

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