La exposición al ruido altera la salud y la personalidad

La contaminación acústica es uno de los grandes problemas de salud que afecta a muchas capitales y ciudades urbanizadas del mundo. Sin embargo, a diario todos convivimos con alguna fuente de ruido que perjudica nuestra calidad de vida al alterar los procesos hormonales y nuestros estados de ánimo.

Por Dra. Laura Maffei.
M.Nº 62441


Se estima que más del 60% de los argentinos se siente perturbado por ruidos molestos en sus barrios u hogares, y un 49% en sus trabajos. En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) postuló a Buenos Aires como una de las cinco ciudades más ruidosas en el mundo.
Existe evidencia que confirma que la contaminación acústica tiene efectos tanto temporales como permanentes a través de los sistemas endocrino y nervioso autónomo. Las consecuencias en el organismo empiezan a ser observadas a partir de las exposiciones diarias a largo plazo a niveles de ruido por encima de los 70 dB (nivel límite recomendado por la OMS) y si bien siempre se ha hablado acerca de los daños directos que los ruidos provocan en los oídos, también actúan como un estresor y amenaza a la homeostasis del organismo (capacidad de mantener un estado interno estable) por lo que se ponen en marcha procedimientos tanto para luchar como para huir.
El ruido actúa como una amenaza y por eso el organismo se defiende con el incremento de la segregación de las hormonas adrenalina y cortisol. Ésta última, regresa al cerebro y actúa en la amígdala y en el hipocampo, dos áreas relacionadas con las emociones y la memoria, es por eso que de seguro no olvidaremos el lugar y condiciones que nos hicieron huir de un ruido molesto y además si la exposición es crónica, la acción que produce el cortisol lleva al enojo y a la hipersensibilidad emocional, lo cual hace que la persona se vuelva irritante, nerviosa y agresiva.
La exposición diaria al ruido también puede disminuir los niveles de serotonina puesto que el cerebro debe utilizar más cantidad para mantenerte tranquilo y centrado en momentos de estrés. Los niveles de serotonina en el organismo tienen una influencia directa sobre los estados de ánimo, al disminuir la cantidad de este neurotransmisor, aumenta el comportamiento violento. La persona expuesta a un estrés crónico, es muy probable que se vuelva menos sensible a los ruidos pero en cambio sientan mucho más otros tipos de estresores.

LAS CONSECUENCIAS
Estudios en individuos expuestos a diferentes fuentes de ruido demuestran que algunas de las consecuencias físicas son: el incremento del ritmo cardíaco, la presión sanguínea y la viscosidad y los niveles de lípidos en sangre.
La exposición al ruido puede causar dos tipos de estrés: el agudo (el que se desencadena por un ruido inesperado y repentino) y el Estrés crónico (provocado por la exposición continuada a fuentes de ruido).
El estrés agudo se presenta con un incremento de los niveles de adrenalina y el flujo de oxígeno al cerebro y se reduce la activación de otras áreas. En estos casos, el organismo interpreta que la amenaza es inmediata y la secreción de hormonas de estrés resulta en un incremento del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea, una rápida liberación de energía en el torrente sanguíneo, reducción del metabolismo con una disminución en la activación salival y gastrointestinal, reducción en las hormonas sexuales y activación de algunas funciones inmunes. El incremento de energía al cerebro, corazón, y músculos le permite enfrentar la amenaza.
La exposición crónica a estrés y sus consecuentes cambios hormonales puede ser de particular importancia en el desarrollo de enfermedades. Si las reacciones de estrés son crónicas, el sistema gastrointestinal, piel, sexo, sueño y la respuesta a infecciones pueden verse afectados.
Además de los cambios de estados de ánimo, el ruido también afecta a la motivación y la resolución de problemas, aptitudes fundamentales en todo trabajo. Las últimas encuestas nacionales determinan que 1 de cada 2 argentinos encuentra en su ámbito laboral ruidos que los perturban. Dentro de las condiciones laborales el ruido debe ser tenido en cuenta ya que es una de las principales causas de enfermedad, ya sea por las consecuencias del estrés o por daño auditivo directo.
Una única exposición al ruido durante dos horas es suficiente para generar un daño celular y una alteración en la conducta, si la misma es por 15 días pueden presentarse fallas en la memoria y en la capacidad de habituarse a ambientes. Además, provoca un menor nivel de alerta ante el peligro, alteraciones en la memoria, dificultad para saber qué es lo pertinente de lo no pertinente.

ZUMBIDOS DE ESTRES
Los daños en el oído son acumulativos porque se van dañando las células ciliadas del órgano de Corti que está dentro de la cóclea. Por eso es común que la gente consulte por zumbidos que señalan la irritación coclear. Dichos acúfenos también pueden ser generados por el estrés que afecta de forma negativa al estado de ánimo, como puede ser asimilar el diagnóstico de una enfermedad, una separación, u el fallecimiento de un ser querido.
Los zumbidos se deben a problemas vasculares en el oído interno, el estrés es una situaron en que los vasos se contraen. Lo mismo sucede en los oídos, la micro circulación es sumamente delicada y los afecta no solamente acúfenos sino también mareos que es lo que sucede en el Síndrome de Menière.
Para protegernos del ruido y en consecuencia del estrés es recomendable limitar el volumen de los aparatos electrónicos. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el grupo etario con más riesgo de quedar sordo es el de los jóvenes, "más de 1.100 millones" están en riesgo a causa de prácticas inseguras de escucha, como usar dispositivos electrónicos y auriculares reiteradamente y a un volumen más alto al recomendado. También se aconseja usar a conciencia la bocina del automóvil, evitar aceleraciones y en los hogares, se puede proteger de los ruidos usando cortinados, o ventanales con vidrio doble)
Como el olfato puede acostumbrarse a un mal olor, el organismo es capaz de acostumbrarse a los ruidos. Sin embargo, sus efectos negativos no se reducen por costumbre. Y si bien parece que, por ahora, del ruido nadie se salva, consultar con un profesional puede salvar de una de sus consecuencias más peligrosas: la naturalización del estrés.

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