La incertidumbre sobre si el bosque será capaz de adaptarse a la plaga

La ingeniera agrónoma Frida Piper, licenciada en Aprovechamiento de Recursos Naturales Renovables, fue consultada por El Patagónico por la plaga de cuncunas que afecta a Río Senguer.
Desde Coyhaique, Chile, la especialista argentina radicada en ese país, explicó los avances que han tenido las investigaciones sobre la cuncuna, una oruga que convive con la lenga y cuya población ha crecido de manera exponencial en los últimos dos o tres años.
"Por el momento sabemos que está distribuida en la zona central de Chile desde los 45 grados de latitud sur hasta Tierra del Fuego, y que disminuye el crecimiento de los árboles a los que ataca. Se reduce hasta en un 50% el crecimiento de esos árboles en comparación con los que no tuvieron el fenómeno, y ese crecimiento no cambia al año siguiente sino que dura por cuatro o cinco años", explicó.
"Si bien la podés encontrar todos los años, de vez en cuando se presenta como una irrupción y se comen todo, no dejan una hoja. Eso ocurre porque es un año en que se da muchísima eclosión de huevos y alta densidad de larva", detalló.
Según cuenta la investigadora, en la Patagonia la Universidad del Comahue en Argentina, y el Servicio de Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile, se encuentran estudiando esta problemática que genera interés en la comunidad científica regional, nacional e internacional.
"Las orugas son insectos, pertenecen a un especie que regula su temperatura con la del ambiente y el hecho de que tengamos un planeta cada vez más caliente, como sin duda estamos teniendo, está acelerando los ciclos vitales de los insectos homeotermos como la cuncuna", consideró Piper.
"Entonces a nosotros los ecólogos nos interesa mucho este bicho porque con el cambio climático se supone que todos los insectos van a aumentar en su intensidad y su frecuencia. Esto sobre todo en las zonas frías del planeta, no en el trópico", argumentó.
"Hay muy buenos estudios que están modelando que están pasando con las poblaciones de insectos y el cambio climático, y creemos que un aumento de la temperatura va aumentar un aceleramiento de ese ciclo vital porque a mayor tasas de consumo, más huevos. Entonces es bastante lógico anticipar que el daño de la lenga va a ser mayor en los árboles en los próximos años", señaló.
Por el momento, el dato alentador es que la supervivencia de los arboles está garantizada más allá de su crecimiento, según indican los primeros estudios. Es que según indica Piper: "no hay registros de un solo árbol que se haya muerto por la cuncuna". Sin embargo, una pregunta sobrevuela a los investigadores es si la lenga como especie será capaz de adaptarse a esta frecuencia e intensidad de irrupciones.
A la vez, Piper acepta que la plaga puede ser un aliciente al fuego, tal como lo advirtió Juan Prieto, dueño de un aserradero en Río Senguer. "Tiene toda la lógica. Un bosque sin hojas es más susceptible al fuego", admitió la investigadora.

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