La inclusión rompe barreras

Camila Gallardo empezó a patinar a los 5 años, aún cuando las chances eran casi nulas por tener Síndrome de Down. Pero el destino quiso que sus sueños se cristalicen mediante la inclusión, y todo fue gracias a que su mamá, Verónica Muñoz, siempre estuvo convencida de que las barreras podían derribarse.
Su entrenadora desde aquel entonces hasta hoy, Antonella Tiglio, comenta: "Todos le decían a la mamá que iba a ser casi imposible que ella patine, porque a los nenes con Síndrome de Down se les complica el hecho del equilibrio. Por ahí no pueden andar en bicicleta, y menos patinar".
El desafío no fue para nada fácil, pero de eso se tratan los desafíos, cuando uno está dispuesto a enfrentarlos. "Con mucho trabajo, con muchas herramientas, de a poco, logramos todo lo que ella hace hoy. A nivel motricidad no tiene ninguna barrera, y por eso le enseño las mismas dificultades que al resto de las chicas. Obviamente, ella tiene otro reglamento, pero las dificultades son las mismas que el resto de sus compañeras", explica la "profe".
Tiglio apostó a la inclusión cuando recién arrancaba su carrera a nivel municipal. "Cuando 'Cami' entró, era mi primer año como 'profe' en la 'Muni' y fue un desafío, porque no tenía los conocimientos que se adquieren durante la trayectoria", recuerda.
Inclusive, los valores y el esfuerzo de Camila acompañaron el progreso de Antonella como entrenadora. "Para mí nunca fue un impedimento que ella sea una persona con discapacidad. Al contrario, es una nena que me ayudó mucho a integrar el grupo, se lleva bien con sus compañeras, tiene valores como deportista que en otras cuesta verlo, no baja los brazos nunca, viene a entrenar todos los días, así haya viento, lluvia o nieve", recalca.
El instinto de superación es admirable. "Como toda adolescente, hay momentos en que no quiere pasar su coreografía o le dan miedo algunas cosas, pero ella siempre está superándose. Eso, como 'profe', me da orgullo, porque veo que se desenvuelve bien en una pista o con la gente, como en tu caso, que vino enseguida, te habló y te contó todo", enfatiza Antonella.
Por eso, insiste: "A los papás que tienen hijos con alguna discapacidad, siempre les digo que se acerquen al club, que les brinden la posibilidad de subirse a un patín. A veces no lo hacen por temor a que se golpeen, pero es un proceso".
"'Cami' empezó agarrándose de las barandas, de la mano, con una sola figura, y hoy es una nena que salta, gira para ambos lados, se mantiene en un pie, patina para los cuatro sentidos. Lleva un proceso, pero es un deporte super lindo", asegura.
La escuela de patín artístico Olas del Sur funciona en el gimnasio de la escuela 211 (Lisandro De la Torre y Roca). Para nivel inicial, las clases se dictan los lunes y viernes de 17:00 a 18:00 y lunes y miércoles de 18:00 a 19:00. Por su parte, el grupo avanzado, que es más reducido, entrena los lunes y miércoles de 19:00 a 20:00, martes y jueves de 18:00 a 20:00 y viernes de 18:00 a 20:00.
"A los nenes que tienen algún nivel de discapacidad, los incluyo en el grupo más avanzado por una cuestión de cantidad, porque es más reducido. Eso me permite tener otro seguimiento y otro plan de trabajo. Por eso entrenan a la par", argumenta Tiglio.

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