La joven que despertó del coma luego de 33 días celebró Navidad junto a su familia

En los primeros minutos del 25 de abril un camión Mercedes Benz chocó al Ford Ka que conducía Micaela Caris, una joven que viajaba con otros tres acompañantes y que tras el accidente estuvo en coma 33 días. "Quiero disfrutar mi vida como la estoy disfrutando ahora y ser feliz todos los días porque eso me enseñó la vida", contó a El Patagónico.

El jueves a la medianoche en la casa de la abuela de Micaela Caris (20), sobre la avenida Juan José Paso en el corazón de Próspero Palazzo, las copas sonaron más fuerte que nunca luego de un largo y angustioso año que amenazó con pintar el presente con el dolor de la tristeza.
Es que estos últimos siete meses la familia de Micaela y ella misma tuvieron que atravesar duros momentos, tras el accidente que protagonizó en los primeros minutos del 25 de abril y que la dejó 33 días en coma.
Fue una Navidad diferente para ellos, sabiendo que vivió para contarlo gracias a la atención médica que recibió del equipo de terapia intensiva del Hospital Regional y de los profesionales que la atendieron luego en Buenos Aires, donde tuvo volver a pararse, animarse a caminar y superar los diversos traumatismos que sufrió en su cabeza.
Micaela recibió en la casa de su abuela Mabel a un equipo de El Patagónico y esta vez fue ella quien se refirió a su evolución, tal como hizo su familia el 4 de junio cuando una semana después de que despertara del coma accedieron a brindar una entrevista a este medio en una visita a la sala de terapia intensiva.
"Ya pasaron siete meses, pero para mí todo es muy reciente, como que fue ayer. Como no estuve acá no lo viví, por eso que estoy agradecida de estar viva, agradecida a todos los que me ayudaron: mi familia, mi mamá más que nada que siempre estuvo conmigo, a mis amigos, Antonella principalmente y todas mis amigas", señaló, acompañada por dos de sus tías Anabel y Valeria, y su abuela, Mabel Domínguez.

UNA NOCHE
DE CUATRO MESES
Esta historia de amor y esperanza tuvo su inicio en la madrugada del 25 de abril. Esa noche Micaela se iba a quedar a dormir en la casa de Antonella Pizzonia, su amiga. Por esa razón estaban juntas antes de que se encontraran con Carlos "Charly" Cardozo, y Angel Ezequiel Paredes, los otros dos jóvenes que iban en el auto al momento del accidente.
El encuentro fue casual, y "Charly" le pidió a Micaela si podía hacerle un favor: acompañarlo hasta Kilómetro 14 donde debía dejarle la camioneta a su padre. La joven dudó por no conocer el camino, pero finalmente accedió, y antes de salir le preguntó a Antonella si quería ir o quedarse. La chica prefirió acompañarla y Micaela ante el miedo que le generaba no conocer el camino le hizo un sencillo pero contundente pedido que hasta quizás le salvo la vida: "ponete el cinto que tengo miedo".
Así Micaela siguió a los jóvenes que iban en la camioneta. Al ingresar al barrio la sorprendió la oscuridad del sector y los múltiples ladridos de perros que se convirtieron en su último recuerdo de esa noche.
Luego vendría el choque cuando intentaban salir del sector en el Kilómetro 1.819 de la ruta Nacional 3. Nunca vieron al camión, quizás por la falta de señalización en un sector que es alternativo al camino original que está en reparación desde hace mucho tiempo, o también por la presencia de un montículo de tierra que interrumpe la vista.
Lo cierto es que más allá de las razones, el camión Mercedes Benz -dominio AKM 467- que circulaba en dirección sur, chocó de frente al Ford Ka -AIW 792- de Micaela. Eran las 0:05 y en contados minutos llegaron cuatro ambulancias que trasladaron a los jóvenes heridos hasta el Hospital Regional.
Micaela se llevó la peor parte y quedó en terapia intensiva en grave estado, inconsciente por un edema cerebral. Durante dos semanas estuvo en coma farmacológico y así pasó su cumpleaños el 6 de mayo.
Pero esto no fue todo, ya que luego ingresó un virus en un pulmón y continuó dormida hasta que el 28 de mayo cuando ocurrió el milagro y despertó tras idas y venidas, entre el despertar y la desconexión de la realidad.
La noticia fue el mejor regalo para una familia que sufría cada segundo de espera. Principalmente porque ella respondía con una mirada o apretando la mano.
Una semana después la joven fue trasladada al Centro de Rehabilitación Ulme en Buenos Aires donde estuvo internada hasta el 25 de agosto, acompañada por su abuela, su madre y su tía Melanie.
Allí también tuvo que atravesar duros momentos, principalmente por las secuelas iniciales que le dejó el golpe en la cabeza, lo que los obligó a aguardar "el despertar del cerebro" para saber con exactitud sí el choque iba a tener consecuencias de por vida.
Según contó su abuela Mabel, el proceso fue duro, principalmente los primeros quince días, ya que Micaela repetía muchas cosas; algunos días los conocía y otros no; y tenía ataques de furia que incluso la llevaron a sacarse tres veces la sonda y la traqueotomía, algo que hoy ella no recuerda, pero que lo toma con la naturaleza que impusieron las circunstancias.
"Fueron momentos que me costó mucho pasar. No sabía qué hacía, no sé cuándo me desperté. Recién me acuerdo cuando me estaban por pasar de primer piso al cuarto. Lo primero que me acordé fue de mi amiga, Antonella. Pregunté por ella y me dijeron que estaba en Comodoro", contó a este medio con total naturalidad.
En principio se esperaba que su recuperación demandara por los menos seis meses. Sin embargo, a los 20 días ella ya estaba caminando, pese a que se le habían atrofiado los tobillos por el tiempo en coma.
Luego fueron todos pasos agigantados, como el día en que volvió a caminar, venciendo el miedo a no poder hacerlo nunca más. "Cuando me dijeron parate de la silla de ruedas no quería. 'No sé caminar' le dije a la enfermera. Me dijo 'Micaela no te olvidás de caminar'. 'Pero yo no sé' le dije y cuando me pararon tenía miedo, me agarraron entre dos enfermeros y me dijeron 'parate'; 'no' les dije y me dijeron 'ya estás parada, sos muy exagerada'", recordó entre risas.
Luego llegó el momento de seguir avanzando y así bajó sola a la confitería donde la esperaban sus familiares mientras iba al gimnasio a realizar rehabilitación. Esto fue reconocido con aplausos y sobre todo amor, algo fundamental en su recuperación, y que recibió tanto por parte de sus amigos y familiares, como de los lectores que se hicieron eco de esta historia según confesó su abuela.

CUANDO TODO SE VE DIFERENTE
Micaela volvió a Comodoro Rivadavia el 25 de agosto tras una segunda operación en la Clínica Zabala por las escaras que sufrió en su cabeza por estar acostada tanto tiempo.
Regresar a su casa fue un volver a empezar, el reencuentro con los recuerdos y el inicio de la normalidad de su vida. Pero también fue el momento de agradecer. Por esa razón, apenas pudo, junto a su familia fueron hasta el Hospital Regional para decirle "gracias" a todo el equipo de médicos y enfermeros que le salvaron la vida, ya que tanto ella como su familia saben que su trabajo, al igual que el de los profesionales de Buenos Aires, fue lo le permite hoy vivir este presente.
Micaela pasó Navidad con su familia, sabiendo que ahora todo se ve diferente. "Quiero disfrutar todo lo que queda de este año y salir adelante. No puedo creer que ya estemos en las fiestas porque el año se me fue rapidísimo, hay muchos días que no estaba consciente", confesó.
"Ahora quiero trabajar para mantenerme sola e independizarme. Pero más allá de eso quiero disfrutar mi vida como la estoy disfrutando ahora y ser feliz todos los días porque eso me enseño la vida", destacó.

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