La labor solidaria de los merenderos permite alimentar a unas 1.800 personas en Comodoro

Cada vez que una ciudad o un país atraviesa una crisis económica, la gravedad de la situación se refleja en la apertura de comedores comunitarios. En Comodoro Rivadavia se estima que en la actualidad funcionan más de 35 de esos espacios, la mayoría como merenderos y cada uno de ellos ofrece a diario su desinteresado servicio a más de 50 personas, sobre todo a los niños.

Hace dos años el comedor de Mirella Angulo era uno de los pocos espacios en Comodoro Rivadavia donde se ofrecía alimentación a personas carenciadas. A comparación de principios de 2000 era tan reducido el número de personas que acudían al refugio, que los seguidores de la obra de la fallecida Mirella habían pensado cerrar las puertas.
Sin embargo, los ciclos de crecimiento de la economía regional dependen de la estabilidad que muestra la industria petrolera. De ese modo, la caída del precio internacional del barril del crudo generó a partir de 2014 un efecto de arrastre sobre las demás actividades de la ciudad. En la actualidad esa crisis se combina con la delicada situación económica que atraviesa el país y se traduce en factores como desocupación y una constante suba de precios de productos básicos y servicios esenciales.
Así, de haber pensado alguna vez en cerrar sus puertas, en cuestión de pocos meses los voluntarios del comedor de Mirella tuvieron que ver cómo se las ingeniaban para alimentar a la creciente cantidad de personas que se acerca cada día al lugar.
Y ese panorama se repite con otras organizaciones solidarias -la mayoría de ellas sin apoyo del Estado-, que en el último tiempo se multiplicaron en los barrios más necesitados de Comodoro Rivadavia.
Se estima que en la zona sur hay más de 20 merenderos y comedores mientras que en la zona norte la cifra llega a 15. Cada uno de esos espacios atiende un promedio de 50 personas por jornada, la mayoría de ellos niños.

UN ESPACIO HISTORICO

El principal centro de contención sigue siendo el comedor Mirella. Está en el barrio Las Flores, donde de lunes a viernes recurren más de 100 personas por día para retirar un plato de comida. "Antes atendíamos 50 personas, pero desde enero de este año no bajamos de 100 platos de comida. Lamentablemente el número sigue creciendo y el panorama no es nada alentador porque cada vez son más las familias que necesitan una mano", sostiene Norma Angulo, responsable del comedor que inició su madre durante la década de los 90 en la propia cocina de su casa.
Norma sostiene que hace dos años el comedor asistía a no más de 20 personas y que en ese momento se analizaba cerrar el recinto para solamente contener a las personas en situación de calle. "Estábamos contentos porque la gente ya no venía, lo que era una señal de que las cosas habían mejorado. Ahora somos nosotros los que tenemos que pedir para que tratar de darle lo mejor a las personas", lamenta.
Noemí Pérez, integrante de la iglesia Tabernáculo de la Fe, recuerda que hace cuatro años solo se organizaban dos "Horita Feliz" –como denominan a sus espacios solidarios donde ofrecen merienda- pero en la actualidad el número de merenderos que atienden llega a diez en diferentes barrios.
"Todos los sábados recibimos a más de 50 chicos en cado uno de los merenderos que realizamos con la iglesia y cada vez son más las personas que acercan a pedir para sus hijos, por eso siempre estamos analizando en un nuevo espacio para poder abrir otro lugar más", reconoció.
Néstor González, impulsor del comedor "Divina Juventud" del barrio Máximo Abasolo también manifestó su preocupación sobre el número de personas que se acercan a su vivienda para solicitar un plato de comida.
"Esto es muy parecido al 2001. El hambre está en la calle. Lo podemos ver en todos lados por eso la gente se acerca a los comedores o a los merenderos. Lamentablemente yo lo había cerrado al comedor, pero lo tuve que volver a abrir porque la gente pide para comer", admite el responsable de esta iniciativa solidaria con la que asiste a más de 30 personas los lunes, miércoles y viernes en el garaje de su casa.

AYUDA DESDE EL CORAZON

Muchos de este tipo de espacios sociales no reciben ayuda estatal. Otros solo tienen algunas donaciones de harina o de leche, pero son insuficientes para cubrir la demanda actual.
Aunque las carencias son muchas, la predisposición de los vecinos y de empresas ayuda para que cada una de estas iniciativas pueda continuar con su tarea de contención.
"Tenemos que arreglarnos nosotros con lo que tenemos y lo que nos donan. Es muy difícil porque no siempre alcanza para todos y en determinadas situaciones ponemos nosotros de nuestros bolsillos", reconoce Norma Angulo.
La situación se repite en merenderos como "Pequeños Gigantes, "Padre Mugica" o "Jaime de Nevares" donde se solventan con el aporte de la comunidad. En esos espacios sólo brindan la merienda y aunque quisieran brindar también el servicio de comedor al mediodía no quieren arriesgarse a hacerlo, por temor a no poder alimentar a todas las personas que llegan.
"En muchas ocasiones pensamos en hacer un comedor (en lugar de un merendero) pero no podemos arriesgarnos a quedarnos un día sin comida, o abrir un día y al otro no porque la gente necesita comer", explicó Sabrina Tejada, una de las responsables del merendero "Padre Mugica" que funciona en Kilómetro 8.
El merendero "San Cayetano" es uno de los que recibe ayuda por parte de la Municipalidad y su responsable Gladys Hernández señala que el espacio no podría funcionar sin ese aporte. "Hubo días en el que no abríamos y teníamos que decirles a los nenes que no, que no había copa de leche. Es duro decir que no. Por eso no queremos abrir un comedor porque no contaríamos con la ayuda necesaria y podríamos fallarle a mucha gente", lamenta.

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