"La libertad por sí sola no basta", planteó el obispo auxiliar durante el Tedéum

La Iglesia Católica de Comodoro Rivadavia se hizo eco de la coyuntura política nacional en el mensaje central del Bicentenario de la Independencia con alusiones elípticas por momentos y directas en otros a los casos de corrupción que se conocieron durante las últimas semanas. La lucha contra la impunidad también fue parte de los pronunciamientos.

Fernando Martín Croxatto, obispo auxiliar de la Diócesis de Comodoro Rivadavia fue quien tuvo a cargo la homilía en el Tedéum del Bicentenario de la Independencia, con un mensaje que incluyó también a los jóvenes y que fue matizado con párrafos emblemáticos del Martín Fierro.
La homilía comenzó sobre las 10 con el ingreso de las banderas civiles y militares a la Catedral, donde se dio lectura al preámbulo de la declaración de Tucumán y dos textos bíblicos, uno de ellos particularmente dirigidos a ilustrar la avaricia. Justamente ese pecado fue el elegido por el obispo auxiliar para contraponer su sentido al de la libertad.
Croxatto destacó que ambas palabras han marcado los 200 años de historia trascurridos desde la declaración de la Independencia. Definió a la libertad como el sueño de los próceres y a la avaricia como el germen venenoso que afinca en el corazón del hombre.
"Ustedes hermanos han sido llamados para vivir en libertad, pero 'la fuerza del instinto (la carne), combate en nuestro interior con la fuerza espiritual, la del Espíritu'; el instinto mata la libertad y conduce a la esclavitud y despliega toda una serie de vicios, de los cuales la avaricia como pecado capital es raíz de muchos males y que pisotean la dignidad de los otros. En cambio, la fuerza del Espíritu engendra un hombre libre, solidario y atento al bien de los hermanos y de la sociedad toda", señaló. Y añadió que ese pecado "reviste actualidad y nos desnuda como argentinos".
En sintonía con el mensaje que el viernes remitió el papa Francisco sobre el Bicentenario, Croxatto dijo que su propósito era fundar las glorias de la patria en los acontecimientos que se abrazan en el 9 de Julio, y enunciar aquellas verdades que dicen relación al bien de ella, aunque advirtió: "ni sería lo que debo ser como sacerdote y como patriota, si sólo me ocupara en perorar sobre la justicia de la Independencia, sobre el heroísmo de sus defensores, en contemplar eternamente el sol de mayo, y lanzarme fascinado en ese idealismo poético. Basta de palabras que no han salvado a la patria. Aplaudo, felicito, me postro ante los héroes de la independencia; cantaré vuestras glorias, tributo mi admiración a la nobleza de los argentinos; pero también señalaré sus llagas, apartando los ricos envoltorios que encubren vuestra degradación. Se trata, señores, de edificar la República Argentina".
Planteó así que es preciso reconocer la independencia como el árbol del bien y del mal, dado que si bien rompió el lazo con el usurpador, "también engendró la desunión entre nosotros"; "y esa sola ruptura con su triste consecuencia fue nuestro estado normal, la ensalzamos sobre la patria misma, sobre todo gobierno y buenas costumbres, y nos lanzamos con el ardor de las fieras al combate del egoísmo individual... La libertad sola, la independencia pura (no bastan), pero cuando los pueblos se aúnan y vienen todos trayendo el don de sus fuerzas, e inmolando una parte de sus libertades individuales, entonces existe una creación magnífica que rebosa vida, fuerza, gloria y prosperidad: entonces la vista se espacia hasta las profundidades de un lejano porvenir".

LINEAMIENTOS IRRENUNCIABLES
El obispo auxiliar recordó los lineamientos irrenunciables planteados por el Congreso Eucarístico Nacional reunido en Tucumán en junio último y que a los principios fundamentales de la Iglesia agregan los que pinta la actualidad nacional: estos son la lucha contra la pobreza y la exclusión, el combate contra el narcotráfico, la prevención de las adicciones, el impulso a la educación integral, el acceso universal a la salud y al agua potable, la generación de empleo digno, la erradicación de la trata de personas y protección de la vida; promover el cuidado del ambiente; trabajar por la cultura del encuentro, la lucha contra la corrupción y la impunidad.
"La casa común que formamos todos los argentinos, simbolizada en la casa histórica de Tucumán, no se cuida y se construye sólo preservando el bienestar material de los ciudadanos, sino desarrollando un proceso educativo que, además de ofrecer información y capacitación, forme a los argentinos en valores, los haga capaces de reconocer sus fragilidades y desarrolle en cada uno las virtudes cívicas que conforman una red de compromisos estables. La educación es el gran desafío que todos tenemos delante como Nación. Por algo se habla de una 'emergencia educativa'", afirmó el sacerdote en sus palabras finales. Recordó además: "la democracia alcanza su pleno desarrollo cuando todos asumen el bien común como intención primera de su obrar".

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