La nostalgia y la sonrisa a la vuelta de la esquina

La ciudad de Buenos Aires, ese lugar donde hasta los ateos entienden que Dios atiende, tiene miles de paisajes. No se trata de cerros, valles, lagos o mares, sino de esos maravillosos paisajes urbanos que los propios vecinos, a veces con ayuda del Estado y otras por imposición propia, van generando.

Uno de ellos es el Museo de la historieta, ubicado básicamente en Balcarce y Chile, que comenzó en el 2009 tímidamente como un homenaje a Mafalda y, ante el éxito que generó, se multiplicó con la recreación de otros personajes de historieta. El museo, que seguramente seguirá creciendo porque nuestra Argentina tiene mucha historia y futuro con el mundo de las viñetas, es uno de esos paseos recomendamos hacer, sin horarios ni tickets, en esa gran urbe que es Buenos Aires.
Llegar al Museo, a cielo abierto, ya es una agradable experiencia porque uno atraviesa el viejo barrio de Montserrat y San Telmo, donde uno observa, casi a cada paso que da, pedazos de la historia de la fundación y el viejo Buenos Aires, pero también y viendo en las paredes los rastros y vida que van dejando para la posteridad, o hasta cuando aguante, los artistas callejeros.
No hay una sola manera de recorrer este Museo, porque por un lado depende desde dónde uno llega pero sobre todo por la emoción que va despertando ir viendo a los personajes que, desde cada esquina, invitan no solo a la foto sino al recuerdo a la infancia, allí donde Borges dijo que vive la patria. Es así que cada paseante, en función de lo que va descubriendo, va saltando de una figura y de una evocación a otra.
En Defensa y Chile está el germen del Museo y los personajes más famosos y queribles. Allí está Mafalda, con Susanita y Manolito. Los personajes de Quino aceptan fotografiarse, como el resto, con todos los turistas, y parecen estar diciendo "Me cacho" o estar bailando con Los Beatles o buscando novio para casarse.
Si uno sigue se encuentra, en Balcarce y México a Larguirucho y Superhijitus, los personajes de Manuel García Ferré, que en los días de feria, quedan encerrados entre puesto y puesto, pero siempre mirados desde elparedón de enfrente, donde el comisario sigue mateando y prometiendo orden para los "desacatados"
Enfrente está Isidoro Quiñores, de Dante Quiterno, ese eterno playboy argentino, y un poquito más adelante, casi llegando a la Belgrano está, con su patineta Matías, el nene preguntón de Sendra. Cerca, casi como en espejo al niño de la eterna infancia está Don Fulgencio, el hombre que no la tuvo, con su sombrero, traje y globos
Luego del personaje de Lino Palacios, aparece Clemente, pidiendo que tiren papelitos, y Patoruzú, Patoruzito e Isidorito, más Gaturro.
En las paredes, aparecen los homenajes a Landrú, dibujos de Liniers, Inodoro Pereyra y Mendieta del gran Fontanarrosa, y muchos más que adelantan otros tantos que van a venir, porque la historieta y la historia en la Argentina tienen mucho para contar, y es lindo que ese cuento pueda vivirse así, de recorrida y de emoción en una tarde cualquiera, en la que la infancia, las ilusiones, las risas y la inocencia vuelvan a decir presente en cada esquina.
Como llegar; subterráneo línea A (bajar en Plaza de Mayo), E (en estación Belgrano), colectivos: 2, 7, 8, 53, 64, 86, 103, 105.

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