La película "Terror 5" reflexiona sobre el abuso de poder y el horror cotidiano

Los hermanos Sebastián y Federico Rotstein son los directores de "Terror 5", filme en el que a través de cinco historias, que convocan el horror desde lo cotidiano, realizan una aguda reflexión sobre el abuso de poder, la decadencia política, la indiferencia frente a la violencia y el peligroso rol de algunos medios de comunicación.

“La idea central es que si ves un poco de cerca el mundo que te rodea, o lo que se transmite a través de los medios de comunicación, ves que el horror está muy cerca y que la realidad podría ser, o es, una película de terror”, dijo a Télam Federico Rotstein, quien junto a su hermano Sebastián mañana estrenarán “Terror 5”, su primer largometraje.
En el filme convocan al horror desde lo cotidiano y realizan una aguda reflexión sobre el abuso de poder en todas sus formas, la decadencia de la política, la indiferencia frente a la violencia y el peligroso rol de algunos medios de comunicación que fogonean una olla a presión social a punto de explotar.
Luego de ser exhibida en los festivales de Cannes, La Habana y Mar del Plata, además de otros en España, México y Estados Unidos, la ópera prima de los hermanos Rotstein llegará a las salas locales con cinco historias que, si bien están fuertemente ancladas en lo real, transitan diversos subgéneros del terror: zombis, vampiros, snuff y slasher (o cine de cuchilladas).
Con las actuaciones de Rafael Ferro, Gastón Cocchiarale, Walter Cornás, Lu Grasso, Nai Awada, Julián Larquier y Cecilia Cartasegna, la pelicula hace referencia a hechos reales de la historia reciente argentina y en ese sentido propone, como ironizó Sebastián Rotstein, que “es tan probable que un político cumpla con sus promesas de campaña como que los zombis se levanten de sus tumbas para pedir justicia”.

CINCO HISTORIAS EN UNA

Una de las historias que componen la película, y que se entrecruza con las demás en una estructura tan compleja como atractiva, es la de una tragedia urbana que queda impune y cuyas víctimas, frente a la injusticia y a la posible absolución de los responsables, se levantan de sus tumbas como zombis para tomar el Congreso nacional y hacer justicia por mano propia.
“Van a legislar, es una revolución parlamentaria”, bromeó Sebastián sobre sus zombis, y añadió que “las verdaderas revoluciones se producen en donde se discuten las ideas, es decir en la televisión, en los medios y en el Congreso. En verdad, cada una de estas historias tiene su momento de revolución frente a la manipulación y el abuso de poder que algunos ejercen a través del sexo y la represión sexual”.
Para Federico, existe además “un concepto de linchamiento, un momento en donde lo animal sale, hay una reacción que genera un encadenamiento y te lleva a una especie de psicosis colectiva que surge de una necesidad previa. Nace de la indignación frente a un poder superior que te presiona y cuando explota, el oprimido explota para cualquier lado”.
En la entrevista con Télam, el cineasta también expresó que “en muchos casos su explosión es justa, pero no necesariamente es justa su reacción. Pasa en la sociedad en la que vivimos, donde si bien sufren una opresión constante, los pobres no explotan en contra de los responsables que la provocan, sino contra quienes tienen al lado. Se generan ollas a presión todo el tiempo”, advirtió.
Precisamente eso es lo que sucede en otra de las historias que componen el filme, en la que durante un encuentro nocturno entre amigos, un adolescente supuestamente virgen sufre "bullying” por parte de sus compañeros que se mofan de él, lo maltratan, se ríen de su incapacidad para estar con una chica y lo manipulan psicológicamente al punto de conducirlo, sin remedio, a un callejón sin salida.
Los Rotstein también narran la historia de un grupo de alumnos que secuestran y escarmientan a sus profesores (“personas que no hacen lo que pregonan”) y otra sobre dos amigos que esperan algo que misteriosamente no parece llegar nunca.
Sin embargo, la historia más impactante del filme es la que protagonizan Larquier y Cartasegna, una pareja de amantes que pasan una noche de horror en un albergue transitorio.
Allí, estos admiradores de cineastas tan conscientes del poder de la representación y la puesta en escena como Brian De Palma, Alfred Hitchcock y Robert Bresson, coquetean con el género snuff, una especie de leyenda urbana, cuya existencia es dudosa pero indica que existen en el mundo del cine perversos que contratan o secuestran a los actores de sus películas para filmar documentales reales de torturas, asesinatos y descuartizamientos, en vivo y sin cortes.
“El snuff es una leyenda pero es muy probable que exista. El cine agrandó el mito. Para nosotros era importante mostrarlo de manera explícita, porque en la película hay secuencias de violencia que son menospreciadas y desestimadas por los propios protagonistas, como si fueran una ficción”, dijeron los directores, que exponen así “una reflexión bastante consciente acerca de la realidad”.

UNA FORMA DE PENSAR EL CINE

Federico y Sebastián coincidieron en que ambos trabajan “de una manera orgánica” durante el rodaje, tanto cuando dirigen actores como cuando diseñan la puesta en escena de acuerdo a cada espacio particular. Pero indicaron que lo logran debido al trabajo de mesa minucioso y detallado que hacen para buscar un punto de vista y convertir en imágenes el guión.
“Hay algo muy orgánico que tiene que ver con la experiencia adquirida. Los dos sabemos qué queremos buscar en la película. Hay una forma natural en la que cada uno va encontrando su lugar. A mí me gusta mucho trabajar con los actores y Federico trabaja más con la realización técnica. Pero se hace esencialmente en grupo y hablando sobre cine, es un diálogo permanente”, afirmó Sebastián.
“Nos gusta la idea de representación de De Palma: lo que ves y lo que realmente es, que depende de la percepción de la mirada. Hay algo en la película que De Palma tiene desde sus orígenes: la televisión como una puesta en escena manipuladora. La única manera de llegar a la verdad, según su cine, es la puesta en escena. Por eso todo lo que pasa en la película es más realista, salvo lo que pasa dentro de la televisión, que parece fantástico”, indicó.
“A nosotros el género que más nos gusta son las películas buenas”, agregó Federico y añadió: “No nos interesa el género de terror per se. Nos gusta John Carpenter y George Romero, porque aprovechan el género para esconder cosas. Usan el género de terror cuando les conviene. Pero lo importante son los temas que tratan, que tienen peso específico por sí mismos. En esos casos, el terror está en lo cotidiano, no demasiado lejos”.

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