La Piedra del Peñol y sus 740 escalones al cielo

Con cerca de 220 metros de altura, la gran formación se eleva sobre el municipio de Guatapé, recibiendo cada año a cientos de turistas interesados por su espectacularidad y su fascinante historia.

Subir 740 escalones zigzagueantes a través de una grieta en una roca monumental merece la pena por las vistas increíbles que ofrece. El Peñón de Peñol o Piedra del Peñol es un monolito de cuarzo, feldespato y mica en Guatapé, un municipio de Colombia.
El peñón mide 220 metros y tiene millones de años. El 16 de julio de 1954 fue escalado por primera vez por un habitante de la zona, Luis Eduardo Villegas. Fue este hombre uno de los precursores de la escalera que hoy en día permite coronar su cima sin ser experto en escalada, aunque sí que se tiene que tener una buena forma física.
La escalera en zig-zag está ubicada en una grieta natural, dando un aspecto de corsé desde la distancia. Esta grieta ilustra una leyenda local según la cual es la muestra de un intento fallido del diablo de llevarse el peñón. La escalera actual tiene dos tramos, uno de subida y otro de bajada, pero se planea la construcción de un teleférico en un futuro.
Otro dato curioso es que quisieron pintar en la ladera la palabra "Guatapé", pero dado que es un patrimonio cultural, solo pudieron llegar a las letras "G" y "U" ya que el gobierno los obligó a detenerse, e incluso la "U" está inconclusa.
La localidad, sede de tan espectacular atractivo turístico, ostenta varios sitios que hacen de este lugar un destino único. Este municipio del oriente antioqueño, ubicado a una hora y media de Medellín, se abre a los viajeros con un mundo de color entre sus calles. Episodios para no olvidar desfilan por los muros de las viviendas, adornadas con zócalos que cuentan historias del pueblo y su gente: la religiosidad, los campesinos, los primeros pobladores.
Pero sin lugar a duda un plan imperdible es subir el Peñol de Guatapé. Son muchas las leyendas que se han contado acerca de su origen. Entre ellas, una aseguraba que se trataba de un meteorito, explicación que ha sido totalmente desmentida.
El ascenso es exigente, pero vale toda la pena del mundo. A buen ritmo, el inmenso peñasco se corona en unos 15 minutos. Llegar hasta el final tiene su recompensa porque desde allí se aprecia la mejor panorámica del embalse y de todo el pueblo.

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