La Reserva Federal abandona política de suba de tasas por la crisis global

A partir de aquí, los analistas estiman que en lugar de cuatro incrementos de la tasa de interés en 2016, tal como se preveía hasta la semana que concluye, habría un máximo de dos subidas, la primera de las cuales tendría lugar en junio y la siguiente en setiembre.

La decisión de ralentizar el plan de aumento de la tasa de interés anunciada esta semana por la Reserva Federal de Estados Unidos, constituye un claro reconocimiento de la gravedad de las dificultades de la economía mundial, incluyendo el temor a dinamitar la frágil recuperación de la potencia norteamericana.
En su reunión del pasado miércoles, los miembros del Comité Abierto de la Reserva, divididos entre "halcones" (partidarios de un inmediato incremento de la tasa) y "palomas" (aquellos que impusieron una pausa en el aumento de la Prime rate), discutieron a fondo no sólo la situación en Estados Unidos sino y principalmente el empeoramiento en el cuadro internacional.
Como resultado de esta evaluación, las "palomas", lideradas en esta reunión por la titular de la Reserva, Janet Yellen, lograron imponer su visión de que era necesario esperar, al menos hasta su reunión de junio próximo, para proceder a un aumento de 250 puntos porcentuales (0,25%), ante la falta de claridad sobre el impacto posible de los desequilibrios externos.
Hasta enero pasado, la Reserva seguía firme en su programa de incremento de la tasa Prime anunciado en diciembre, en ocasión de la primera subida del 0,25% en casi nueve años.
Pero la perspectiva creada a comienzos de 2016, con el derrumbe bursátil en todo el mundo pero con epicentro en China, junto a las dificultades en aumento en ese país y el hundimiento de los precios de las materias primas, hicieron que Yellen y sus colegas comenzaran a enviar señales al mercado de que ponían en duda el plan de incremento de tasas decidido en diciembre.
El miércoles, Yellen fue muy clara al poner el acento en el empleo como el principal factor que preocupa a la Fed y, en ese sentido, dijo que el actuar con la cautela actual "nos permite verificar que el mercado de trabajo continúe fortaleciéndose a pesar de las amenazas del exterior".
En otra palabras, la prudencia se ha convertido en la principal virtud del banco central estadounidense que prefiere esperar y ver para no poner en cuestión el crecimiento del empleo, que subió en 242.000 puestos de trabajo en febrero, ni frenar la expansión moderada de la economía que refleja tanto la mejora laboral como el ascenso de la tasa de inflación, objetivo primordial para alejar a Estados Unidos de la deflación.
En su declaración de la semana pasada, la Reserva Federal fue muy clara en este sentido al afirmar que "los acontecimientos económicos y financieros globales continúan planteando riesgos" que pueden amenazar la precaria pero sostenida recuperación de Estados Unidos.
Los mercados han recibido muy bien el anuncio de Yellen ya que éste ha confirmado la presunción de los inversores de que la Reserva optaría, finalmente, por congelar momentáneamente la subida de tasas, una medida que siempre es del agrado de las Bolsas y de los fondos que en ella invierten ya que supone que el dinero no aumentará su costo.
De esta manera, la óptica de la Reserva se ha acercado ahora a la de los mercados, que deseaban este retroceso de la política de subida de las tasas, al tiempo que lo daban como un hecho al analizar el contexto mundial en el que opera la economía de Estados Unidos.
A partir de aquí, los analistas estiman que en lugar de cuatro incrementos de la tasa de interés en 2016, tal como se preveía hasta la semana que concluye, habría un máximo de dos subidas, la primera de las cuales tendría lugar en junio y la siguiente en septiembre, no superando medio punto porcentual entre ambas.

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