Lahire: "la sociología es cuestionada porque incomoda y enoja al poder"

"El recelo que genera la sociología tiene que ver con que habla de cosas que mucha gente que tiene poder no quiere ver reflejada en resultados. Es una ciencia que habla de relaciones de dominación entre hombre y mujeres, entre clases sociales o entre diferentes pertenencias étnicas. Y eso es algo que obviamente enoja y produce malestar", plantea.

El sociólogo francés Bernard Lahire, por estos días de visita en Buenos Aires para presentar su libro "En defensa de la sociología", desbarata los principales mitos en torno a esta disciplina a la que se acusa de tergiversar la realidad o justificar la delincuencia, imputaciones que según el autor "alientan los políticos y algunos sectores de la sociedad para no asumir su responsabilidad en cuestiones que van desde el aumento de la brecha entre ricos y pobres hasta la perpetración de atentados".
Lahire, conocido por publicaciones como "Sociología de la lectura", "La culture des individus", "El hombre plural" y "¿Para qué sirve la sociología?, llegó a Buenos Aires invitado por el Centro Franco Argentino para presentar este texto breve, pero certero en el que da cuenta de las impugnaciones frecuentes que recaen sobre la disciplina cuando se expide sobre el poder, las desigualdades o las relaciones de dominación.
"En defensa de la sociología" (Siglo XXI Editores) tiene un subtítulo bien elocuente que recoge las mayores objeciones a este saber: "Contra el mito de que los sociólogos son unos charlatanes, justifican a los delincuentes y distorsionan la realidad".
En esta obra que Lahire comenzó a escribir tras los atentados que en 2015 tuvieron como blanco la redacción de la revista Charlie Hebdo y el teatro Bataclan, el autor reivindica el aporte de una ciencia cuyo mayor atributo es ser disfuncional al poder y desbaratar la "ideología de la responsabilidad individual", esgrimida por políticos y ciertos sectores sociales para escindirse de sus responsabilidades.
"Cuando estudiamos la trayectoria de estos jóvenes asesinos vemos que Francia no los trató muy bien. Esto no los excusa de nada porque cometieron actos horribles pero hay que interrogarse de una manera muy realista qué es lo que lleva a cometer este tipo de acciones aberrantes. Y ahí nos encontramos con que el racismo francés contra los inmigrantes árabes es permanente pero a los políticos no les gusta comprobar este hostigamiento porque sienten que se vuelve en contra de ellos, ya que la responsabilidad política es ineludible", señala Lahire en una entrevista con Télam.

- Télam: ¿Por qué es frecuente que surjan las preguntas sobre la utilidad de la sociología como no ocurre con otras disciplinas? ¿Se la cuestiona porque es una ciencia que incomoda?
- Bernard Lahiere: El drama de las ciencias sociales es que su objeto es el sujeto. Un sujeto que piensa, habla y que a veces reacciona contra nuestros trabajos. Ese es justamente nuestro problema. Esta pregunta de que para qué sirve la sociología en realidad esconde la afirmación de que la sociología no sirve para mucho. Esta idea de ciencia mal vista está vinculada al hecho de que es una disciplina que perturba.
El recelo que genera la sociología tiene que ver justamente con que habla de cosas que mucha gente que tiene poder no quiere ver reflejada en resultados. Es una ciencia que habla de relaciones de dominación entre hombre y mujeres, entre clases sociales o entre diferentes pertenencias étnicas. Y eso es algo que obviamente enoja y produce malestar.
Por otro lado, cuestiona algo fundamental como es la necesidad de la gente de sentirse y pensarse libre. Lo que dice la sociología al respecto es también molesto: no es fácil aceptar que las personas están determinadas en su vida por su clase social, por su género sexual y por su pertenencia a una época y una sociedad dada.

- T: ¿En qué medida ese cuestionamiento está motorizado por la política en el sentido que colisiona con el discurso de muchos mandatarios -usted cita el caso de Obama- que interpretan muchas situaciones haciendo hincapié en la responsabilidad individual antes que en la social?
- B.L: A los dirigentes políticos les gusta remarcar la idea de que somos libres y por lo tanto tenemos una responsabilidad individual. Hoy prospera una ideología de la responsabilidad individual que funciona tanto para los ricos como para los pobres. Esta idea de que tenemos el destino en nuestros manos es una negación de todas las determinaciones sociales. A los políticos no les gusta la sociología porque es una disciplina que suele demostrar que la política no hizo lo que debía hacer.
El origen de este libro, de hecho, fueron los atentados de los últimos años en suelo francés. A partir de esos episodios, los sociólogos empezaron a preguntarse por qué habían ocurrido, ya que quienes cometieron esos atentados no son extranjeros sino franceses con raíces musulmanas: personas que asistieron a escuelas francesas y tuvieron empleos en territorio francés.
Llega un momento en que los hombres de la política se empiezan a sentir molestos con nuestras interpelaciones. Ellos hablan de una "excusa sociológica", de que al tratar de comprender estamos excusando a los asesinos. Pero a un sociólogo jamás se le podría ocurrir que un atentado esté bien. Lo que sí sabemos es que esas personas los cometieron por razones que tienen que ver con la sociedad. La idea es comprender el fenómeno para poder actuar, pero no a través de la cárcel o la guerra como propone el gobierno francés. Esas son políticas de corto alcance.
La sociología viene a recordar que los individuos no son malos sino las situaciones que crean a los individuos las que logran esa transformación hacia el mal, hacia el delito.

- T: ¿Esta impugnación ha crecido en los últimos años en que la lucha por imponer una visión del mundo en la sociedad se ha vuelto más virulenta?
- B.L: Sí, sobre todo a partir de esta cuestión de la responsabilidad individual. Es una ideología que está en todas partes: en los tribunales, en los discursos filosóficos -las clases de filosofía en Francia siempre hacen foco en la libertad de los sujetos y el manejo de nuestro destino- mientras que los sociólogos venimos a decir justamente lo contrario, aquello de lo que la gente no es tan consciente: la sociología viene a decir que no existe el libre albedrío y a contradecir esta lógica muy arraigada de la responsabilidad individual.
Que la gente de derecha tenga este discurso no me molesta ya que todo el liberalismo se basa en esta idea así que es coherente. Me sorprende sí que el Partido Socialista francés mantenga la misma posición. O por ejemplo Obama en Estados Unidos.
La izquierda de manera más general se basa en la idea de que se puede transformar el orden social, de que el orden social no es un orden natural y se puede cambiar a los individuos volviendo a educarlos. Que si se los encarcela después de un delito se los puede reinsertar. Pero si en cambio alentamos una lógica de la responsabilidad individual, ahí dividimos el mundo entre gente buena y gente mala. Y hay que eliminar a los malos. Eso es cualquier cosa menos un discurso de izquierda.
La izquierda está históricamente vinculada a las ciencias sociales. Y fueron justamente estas disciplinas las que demostraron que el mundo no era natural, que aquello que se había hecho se podía deshacer. Y esto fue justamente lo que dio la idea de un progreso social posible. Pero hoy la izquierda abandonó esta idea y su confianza en las ciencias sociales.

- T: ¿Por qué sostiene en su libro que la sociología es hoy más útil que nunca?
- B.L: Desde hace mucho tiempo milito porque las ciencias sociales se enseñen en la escuela primaria, así como se estudia geografía o historia que son ciencias humanas. Por ejemplo, para que los chicos puedan entender qué es una encuesta, así como se les enseña a hacer experimentos en un laboratorio. Creo que hay que enseñarles a los chicos a que pueden mirar al mundo con una mirada un poco distante. La enseñanza es una de las mejores herramientas para cambiar el mundo.

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