LaMunicipalidad proyecta urbanizar La Saladita y ordenar su funcionamiento

La iniciativa es impulsada por la Subsecretaría de Fiscalización, la cual elevó el proyecto a la Secretaría de Gobierno para que lo envíe al Concejo Deliberante. El objetivo es que la popular feria se convierta en un paseo comercial, con la construcción de puestos, la instalación de luminarias y cámaras de seguridad. También se pretende limitar el número de feriantes a unos 500. Tendrían prioridad los de mayor antigüedad y los puestos estables.

La feria La Saladita es un fenómeno social, una nueva forma de venta y un escape a la crisis en tiempo de despidos y disminución del trabajo. Su funcionamiento, en el corazón del barrio Quirno Costa, despierta todo tipo de opiniones.
Por un lado están aquellos que lo ven como un lugar de oportunidades, donde a fuerza de trabajo se puede "ganar el mango". Por otro, están quienes aseguran que promueve la competencia desleal con el comercio establecido, el trabajo infantil y la precarización laboral con artículos de "dudosa procedencia", tal como en las últimas semanas denunció la Cámara de Comercio de Comodoro Rivadavia.
En el medio quedan ellos, los feriantes, algunos que participan desde hace poco tiempo y otros que forman parte de la iniciativa desde el origen de la feria, cuando funcionaba al lado de la sucursal que supermercados La Proveeduría tiene en el barrio San Martín.
Es el caso de Enolfa Millalonco, una mujer que pronto cumplirá 60 años y trabaja en la feria desde su origen vendiendo ropa usada y a veces nueva, como una alternativa al trabajo de limpieza que realiza en casas de lunes a viernes.
"Trabajamos hace bastante, desde que estábamos en La Proveeduría. Yo con esto vivo", reconoció la emprendedora que vive en una casa prestada del barrio Isidro Quiroga, y que asiste a la feria junto a su hermana y su hija, viuda con siete hijos.
La historia de Enolfa se repite en varios rincones de una feria cuya estructura informal podría cambiar a largo plazo. Es que el municipio evalúa un proyecto de urbanización para ordenar y controlar el funcionamiento de La Saladita.
La iniciativa es impulsada por la Subsecretaría de Fiscalización, que dirige Daniel Campillay, quien en la última semana confirmó a El Patagónico que ya presentó el proyecto a la Secretaría de Gobierno que dirige Máximo Naumann con el objetivo de que lo remita al Concejo Deliberante, para que sea tratado y sancionado mediante ordenanza.
Con esa urbanización se pretende reordenar la feria, construyendo puestos, incrementando los controles y dándole mayor seguridad a vendedores y clientes. Sin embargo, también significa delimitar el número de feriantes, con prioridad para los de mayor antigüedad y los puestos estables.
Según el último relevamiento, hay cerca de 1.200 puesteros de todo Comodoro Rivadavia que cada sábado y domingo asisten al predio del barrio Quirno Costa. Allí desde las 8 y hasta que cae el sol venden los más diversos productos: verduras; música y películas grabadas; ropa usada y nueva; comida; herramientas; artesanías, pescado y hasta churros.
Así miles de personas llegan desde los distintos barrios de la ciudad, aprovechando precios más bajos que en el comercio establecido, diversidad de marcas y productos, y también verduras fresca en los puestos de origen boliviano que se dedican a ese rubro.

LOS COMIENZOS
Fue en el playón de La Proveeduría -entre 2001 y 2002, en medio de la crisis- donde los puesteros comenzaron a vender productos usados y realizar trueques, acaparando la atención de la gente que iba a hacer sus compras al supermercado.
El pequeño paseo informal sobre la calle San Martín fue un éxito, que llegó a ser considerado una competencia pero ante diversos problemas que trajo aparejados para el comercio establecido del sector los feriantes tuvieron que abandonar el predio.
Así en 2006 los puesteros y manteros llegaron a la plaza del barrio Quirno Costa, ubicada entre la avenida Rivadavia y las calles Monseñor Jaime de Nevares, Doctor Federicci y Los Perales. La feria creció semana a semana, extendiéndose por la calle Angelelli hasta Andrés Minoli, cada vez con mayor cantidad de vendedores, compradores, ventas y también problemas.
Es que La Saladita donde abundan la gente trabajadora, por la falta de control se ha convertido también en un lugar propicio para la comercialización de objetos de todo tipo de procedencia.
El sector también se ha visto inmerso en casos judiciales, por la utilización de billetes falsos hasta el rapto de una niña de seis años que resultó violada. Algunas de estas situaciones ocurrieron en el seno de la feria y otros en cercanías, pero todos han derivado en la estigmatización que hoy sufren los feriantes.

UN ESTIGMA QUE DUELE
El último caso policial vinculado con La Saladita ocurrió hace dos semanas, cuando la Policía Federal detuvo a un matrimonio que tiene un comercio habilitado frente a la feria, por presunta explotación de menores.
Nancy Ordoñez Cuellar (43) y Oscar Parada (37) fueron detenidos el domingo 20 de mayo en el marco de los allanamientos en la vivienda que la familia habita en la extensión del barrio Moure, el almacén que tienen en el Quirno Costa y en un puesto que instalaron en la feria.
En este último lugar estaba una niña de 12 años que fue rescatada por la Policía Federal, por la denuncia de que era sometida a trabajo infantil y esclavo en la feria.
El matrimonio pasó diez días de detención en un calabozo de la Policía Federal procesado por el delito de presunta trata de personas o servidumbre laboral, según la información que se dio a conocer previamente a dictarse el secreto de sumario.
La niña aseguró a psicólogos y trabajadores sociales que no era obligada a trabajar, sino que lo hacía por propia voluntad y como una forma de colaborar con la familia con la que la vivía. En la última semana el matrimonio procesado recuperó la libertad, pero sigue vinculado a la causa.
Ese casó dejo grandes heridas en la familia implicada, pero también dañó a los feriantes, quienes sintieron la estigmatización de la pobreza más fuerte que nunca. "A esa señora la ensuciaron injustamente. Es una señora honesta como nosotros. Día a día vendiendo acá, entonces esas cosas son feas porque no podes ensuciar a otro", señaló Enolfa a El Patagónico.
"Lo primero que hacen es nombrar a La Saladita, pero no todos somos iguales y tampoco se investiga si la persona es culpable o no", agregó Emilia Reynoso, quien también sintió la estigmatización de cerca.
"Como dice el dicho hasta que no se investiga nadie es culpable. Entonces todo esto para el nombre de La Saladita repercute porque el cliente piensa que está todo mal. Y es diferente, la gente que viene sabe que es un beneficio, no solo para nosotros que estamos trabajando, sino en estos tiempos que estamos pasando para la gente que viene, para aprovechar cosas buenas y baratas porque algunos dicen que La Salada es para gente que necesita, pero acá vas a ver gente de toda las clases sociales", remarcó Emilia.
En su caso, también comenzó en tiempos del predio de la calle San Martín y asiste tanto sábado como domingo. "Es un trabajo digno, no estamos robándole a nadie, es un intercambio. Si estás a gusto me comprás y si no comprás en otro lado. Esto no es competencia para los comercios", aseguró la mujer, quien comercializa cremas de enjuagues, cremas para la piel y otros productos de tocador.
Lo mismo piensa Alba, esposa de Adrian Spin, uno de los referentes de la feria. "Siempre inventan cosas, pero acá nos conocemos todos, convivimos todas las semanas, y cuando vemos algo raro está la policía porque acá tenemos adicional", agregó haciendo referencia a la organización de La Saladita.
Es que lejos de ser un espacio desorganizado existe una estructura interna que delimita los espacios por antigüedad, "como derecho adquirido", describió la feriante, que también ratificó que ellos pagan servicio adicional al personal policial y que tratan de acordar los precios.

UN PROYECTO
El proyecto de Campillay promete cambiar la lógica de la feria a partir de la urbanización y ordenamiento. Para su implementación ya en febrero se comenzaron a realizar los primeros relevamientos que continuarán durante el año, para completar un total de tres censos que permitirán conocer el tipo de productos que comercializan los puesteros y su condición comercial y social.
Este paso será fundamental, ya que de alguna forma también determinará quiénes son los puesteros de La Saladita, feria que se pretende convertir en un paseo de compras. "La idea es urbanizar, lograr mejorar la calidad de los vendedores y hacer un paseo de compras para la gente", detalló Campillay sobre la iniciativa.
"Van a quedar cerca de 500 puestos. Módulos chicos para evitar que los feriantes vivan ahí adentro. Del tamaño de un mostrador, una división en bloque para que puedan vender parados", detalló sobre los puestos fijos.
Estos se sumarán a la construcción de dos baños que estarán a cargo de un futuro consorcio y la instalación de luminaria y cámaras de seguridad. Pero esto no será todo ya que la urbanización también traerá aparejada la regularización de la situación comercial.
"Seguramente van a tener que adaptarse a las normativas de AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) y de Ingresos Brutos del municipio. No se les va a cobrar nada por el puesto, pero si vamos certificar realmente cuáles son los puesteros que están desde siempre, porque el Estado no puede designarlos a dedo", argumentó el funcionario.

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