Lanús no dejó dudas de que es el mejor equipo del momento

Fue el equipo que más puntos logró sumando las dos zonas (38), el que más ganó (12, sin contar la final), uno de los tres que menos perdió (2, compartido con Estudiantes y San Lorenzo), el segundo más goleador (28, superado por Racing con 29), el que menos tantos recibió (10).

Lanús es el nuevo campeón argentino tras propinarle una paliza futbolística a San Lorenzo, goleada 4-0 incluida, en una demostración que, más allá de la obtención del título no dejó dudas sobre su condición de mejor equipo del momento, algo que podía ser cuestionado en un campeonato tan corto, en el que enfrentó a sólo 16 de los 30 participantes y con varios de los denominados "grandes" enfocados en la Copa Libertadores.
Pero fue tan contundente la campaña del equipo de Jorge Almirón en cuanto a juego y resultados, de principio a fin, que cualquier reparo sobre sus auténticos méritos quedó hecho trizas por la realidad.
Lanús es el campeón y también el mejor de un torneo armado a las apuradas, como una transición al formato definitivo que comenzara a tomar forma en el segundo semestre del año, que no puede empañar el formidable trabajo de Almirón para plasmar en cancha un equipo que logró armonizar velocidad con precisión, quizás lo más difícil de obtener en un fútbol como el argentino en el que la presión es moda impuesta, más allá del sector de la cancha que se realice.
Y si a esa conjunción de velocidad y precisión se le agrega inteligencia táctica para aprovechar el ancho de la cancha y buscar el espacio para "lastimar" al rival, la resultante es la lección de fútbol que Lanús le dio a un impotente San Lorenzo en el Monumental.
Lanús es el equipo que mejor aprovecha el ancho de la cancha en el fútbol argentino pero no por utilizar extremos (Lautaro Acosta, Junior Benítez o Pablo Mouche), cosa que hacen otros equipos, ejemplo el Boca de Guillermo Barros Schelotto, un poco el padre de la criatura "granate", sino porque por los costados se suman volantes y laterales para generar el desequilibrio y llegar rápido y claro a posición de remate.
Así, Miguel Almirón, Román Martínez, Víctor Ayala, José Luis Gómez o Maximiliano Velázquez se acercan a triangular con sus extremos y lograr el desborde que aprovechará el inoxidable "Pepe" Sand o el volante o defensor lanzado al ataque.
Claro está, y este es un galardón a otorgar a Almirón, sin desprotegerse en el fondo y quedar mal parados. Porque sus futbolistas presionan lo más lejos posible de su arco y porque el paraguayo Gustavo Gómez, Diego Braghieri e Iván Marcone, cerca de los centrales, forman un triángulo difícil de superar. A lo que se agrega un arquero como Fernando Monetti, que en Lanús alcanzó la madurez que no tenía en Gimnasia.
La idea futbolística de Almirón no es ningún misterio y de hecho otros equipos juegan o intentan hacerlo parecido. E inclusive mejor. Lo admirable en su caso es que pudo darle forma en poco tiempo, por supuesto ayudado por los resultados que siempre sirven para cimentar las convicciones, las mismas que tuvo en Argentina en su paso por Defensa y Justicia, Godoy Cruz e Independiente y que quedaron en la categoría de buenas campañas.
Esta vez su propuesta prendió más rápido porque contó con el imprescindible buen material humano y porque Lanús es una institución ideal para desarrollar un proyecto futbolístico, mucho más cuando se emparenta con el gusto por el buen trato de pelota que es un sello en la entidad del sur.
Lanús fue el equipo que más puntos logró sumando las dos zonas (38), el que más ganó (12, sin contar la final), uno de los tres que menos perdió (2, compartido con Estudiantes y San Lorenzo), el segundo más goleador (28, superado por Racing con 29), el que menos tantos recibió (10), hizo la segunda campaña como local (21 puntos, uno por debajo de Atlético Tucumán), la mejor como visitante (17) y tuvo el mejor porcentaje de puntos (79,17 por ciento sin contar la final).
Números que hablan por sí solos de la valía del equipo, a lo que hay que agregar que fueron logrados con una apuesta ofensiva generosa en la que el conjunto fue más que las individualidades, aunque Sand haya sido el goleador del campeonato con 14 tantos.
Con el plus de su determinación de demostrar que era el mejor en el partido final, ese en el que no hay revancha, ese, como el del domingo, en el que impuso condiciones desde el primer minuto ante un San Lorenzo superado en todos los terrenos, incluido el anímico.
La dinámica del fútbol argentino, tan amiga del cortoplacismo, marcará cuál es el techo del flamante campeón. Si podrá mantener este nivel o inclusive proyectarlo en el ámbito internacional (jugará las próximas copas Sudamericana y Libertadores). Por lo pronto es el campeón. Y el mejor.


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