Le tatuaron en la frente "soy un ladrón y un idiota" a un menor

El país se conmueve con el vídeo, en el que dos hombres marcan a un joven al que acusan de robar.

Un ladrón entró a robar a un estudio de tatuajes en Brasil pero fue descubierto por el dueño del lugar. Éste, en vez de arremeter contra el ladrón o llamar a las autoridades decidió regalarle un tatuaje al joven delincuente, uno que jamás olvidará.

El hombre sentó al adolescente y puso a un cómplice que grabara el momento. En el video se muestra como el tatuador empieza a desinfectar la zona de la frente. "Yo soy un ladrón y un idiota", escrito en portugués, plasmó en la frente del delincuente.

La policía detuvo a los autores del vídeo esa misma noche de viernes. Uno es Maycon Wesley Carvalho dos Reis, de 27 años, el tatuador. Otro, su vecino, Ronildo Moreria de Araújo, un abañil de 29. Ellos mismos mandaron la grabación a sus contactos por WhatsApp, donde comenzó a viralizarse. A la policía le contaron que el joven había intentado robar una bicicleta aquella misma mañana y que ellos le estaban enseñando una lección.

La juez estimó, como han hecho docenas de expertos desde entonces, que aquel acto constituía tortura y decretó prisión preventiva para los dos. Irónicamente, el albañil había sido detenido en 2008 por robarle el bolso a una mujer. Fue condenado a cinco años y cuatro meses de prisión.

El vídeo viral conmocionó a la opinión pública brasileña, por lo violento y truculento de su contenido. La familia contó en varios medios que el joven, que abandonó los estudios en el instituto por su déficit de atención, tiene problemas con el alcohol y las drogas. Vive con su madre y con su abuelo, ambos desempleados, que intentan cuidarle a él y a sus tres hermanos.

"No volvió a casa (después del ataque). Se quedó andando por las calles, con vergüenza y con miedo", contó su tío, Vando Rocha, a Buzzfeed Brasil.

El joven negó ante la policía haber robado nada. También contó que le habían cortado el pelo para despejarle la frente. Una campaña online recaudó ya casi los 20.000 reales (6.000 dólares) que cuesta borrarle el tatuaje de la cara.

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