Leila Ramos: "nada es imposible cuando uno se propone algo"

La campeona mundial en formas en formas 1º Dan y 2º en Lucha regresó a Comodoro Rivadavia luego de su consagración en el campeonato mundial de Tae Kwon Do ITF que se disputó en Brigthon, Inglaterra. Sus compañeros de 4to año de la escuela 732 del barrio Laprida la recibieron con una gran bandera, y en una charla con El Patagónico contó su experiencia en la competencia internacional que marcó un antes y un después en su carrera deportiva.

No se dio cuenta en el momento de lo que había logrado. Con el correr de los días, y al abrazar a su mamá recién comprendió que se había consagrado campeona mundial en formas en Brigthon, Inglaterra. Y a eso le agregó una medalla de plata en lucha hasta 50 kilos, y tres preseas más con el seleccionado juvenil argentino.
La taekwondista Leila Ramos regresó a Comodoro Rivadavia el jueves a la noche, y ayer a la tarde volvió a cursar el 4to año en la escuela 732 del barrio Laprida, que la vio crecer. La preceptora Patricia y sus compañeros fueron los artífices de un gran recibimiento, como el que tuvo al bajar del avión, con murga incluida en el aeropuerto local.
Ayer entró media hora más tarde, y ella comenzó a sospechar el motivo. Desde la escuela habían arreglado con su mamá, que al estacionar frente a la escuela la dejara entrar sola, y ahí estaba en el pasillo una gran bandera celeste y blanca con la leyenda: bienvenida campeona mundial.
En una charla con El Patagónico en la preceptoría luego de cursar Derecho y Matemática, la taekwondista de 15 años compartió sus sensaciones, y habló de la preparación, del gran logro, y de lo que le gustaría hacer de ahora en más. "No me esperaba este recibimiento. Necesitaba mucho volver a la escuela, fueron dos semanas muy largas para mí. Extrañe mucho Argentina, y mi familia. Mis amigos de acá", afirma mientras busca complicidad en su preceptora.
Leila Ramos comenzó a practicar taekwondo hace 8 años por su tío Santiago Mamaní, y con el tiempo fue rindiendo para avanzar y cambiar de cinturones. Sus inicios en barrio Laprida fueron con Vanesa Mansilla, quien ya había ido a participar de un mundial en Inglaterra, y desde hace cinco años lo hace con Sergio Oyarzo, que también compitió a nivel mundial.
Sobre el recuerdo que tiene de la consagración individual reconoce que no se dio cuenta de lo que había logrado hasta que pasaron unos días. "No sentía que había ganado en ese momento, no me había dado cuenta. No sentía nada en ese momento que gané. Después cuando hable con mi sabonim comencé a caer. Cuando llegué a Buenos Aires y me abrazó mi mamá empecé a darme cuenta de lo que había logrado", explica y sonríe de manera tímida.

ANSIEDAD MAS QUE NERVIOSISMO

Antes de comenzar la competencia reconoce que no se puso nerviosa, y que las charlas previas con Sergio Oyarzo sirvieron mucho. "No tenía nervios. Creo que era ansiedad por entrar a hacer formas y demostrar todo lo que había aprendido y esforzado para llegar ahí. Para participar en lucha sí estaba un poco cansada, pero muy feliz", remarcó.
Leila entiende que los medios locales quieren tener su palabra, y no le molesta. Ayer ya tenía agendada una visita a una radio a la tarde noche. La joven comentó además sobre la preparación para tan exigente competencia que se ganó la chance al pasar por un selectivo. "La preparación fuerte comenzó hace un año, antes del primer selectivo. Entrenamientos diferentes a los normales, más exigentes, más lucha y aguantar más peleas con mis compañeros y con Sergio Oyarzo que no pudo viajar porque fue papá".
La adolescente tiene los pies sobre la tierra, y entiende que ahora bajará en la intensidad sus entrenamientos, y será tiempo de disfrutar y pensar su futuro. "Mi deseo ahora es poder dar clases. Poder empezar con los más chicos, y que no estén tanto tiempo en la calle y empiecen a entrenar de chicos", adelantó.
Luego de su gran experiencia internacional, pese a su corta edad, Leila asegura que "no es imposible llegar a un mundial, y si uno se lo propone se llega. De chica yo decía que quería ir a un mundial y de a poco que fue avanzando hasta que me di cuenta que no era imposible. Con entrenamiento todo se puede. Le dedicábamos una hora y media a la mañana, y una hora y media a la noche mientras cursaba", reconoció.
Afuera, los compañeros y estudiantes de otros cursos pasan por la preceptoría y miran con curiosidad. La reconocen. Ella afirma entre risas "me hacía falta venir a la escuela, encontrarme con mis compañeros. Verlos, hablar, y volver a compartir el colegio".
A la hora de agradecer, sus padres son los primeros, pero también nombra a Sergio Oyarzo por las horas de entrenamiento y las palabras de aliento desde que se confirmó su viaje al mundial, como así también a Andrés Caffaro.

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