Los años del régimen soviético, revisitados por Julian Barnes en su nueva novela

El libro, publicado por la editorial Anagrama, es un fresco de época -desde la llegada de Stalin al Kremlin hasta la muerte del músico, en 1975- y una suma de requiebros, actos vanos de valentía, colapsos, cobardías y preferencias.

Si el novelista y ensayista británico Julian Barnes lo hubiera pensado, quizá su reflexión sobre el poder no sería tan eficaz como lo es en "El ruido del tiempo", su última novela, en la cual el músico Dmitri Shostakóvich padece y goza del terror que sobre su figura descarga el régimen soviético durante la mayor parte de su vida, en la cual se cifra la mutación de un sistema personalizado a otro, anónimo, igualmente práctico a la hora de quebrar la voluntad de un hombre.
El libro, publicado por la editorial Anagrama, es un fresco de época -desde la llegada de Stalin al Kremlin hasta la muerte del músico, en 1975- y una suma de requiebros, actos vanos de valentía, colapsos, cobardías y preferencias.
Barnes nació en Leicester en 1946; estudió En Londres y en Oxford. Entre sus libros, se destacan "El loro de Flaubert", "Antes de conocernos", "Metrolandia", "Mirando al sol", "Hablando del asunto", "El puercoespín", "Amor, etcétera" y "Niveles de vida".
En "El ruido del tiempo", bajo el recurso de la ficción como estructura de la verdad, el escritor inglés pone en escena una mutación epocal. El centro panóptico, decrépito, desmoronado, cede sus virtudes de vigilancia a una red de espionaje intrusiva de magnitud planetaria. Shostakovich es una víctima de Stalin y luego de su sucesor Nikita Jruschov, que resume un "liberalismo" que se pondrá en acto mucho después de sus primeros tanteos.
La lengua cambia, se ríe y llama a los objetos fiscalizados usuarios o clientes; a la supervisión del sistema, servidores. La invisibilidad del control convive con el aliento (de los emprendedores) a la exaltación de mostrarse. Es una representación de la obediencia civil lograda por los métodos coercitivos de la persuasión.

EDUCACION
IDEOLOGICA
Las anécdotas por las que Shostakovitch es censurado, reeducado ideológicamente, recuperado para la propaganda estalinista incluso a costa de ceder en la ironía, forma parte de la educación sentimental del músico, cómplice inevitable, por cobardía o lo que fuera, con los designios totalizantes de una política que no es posible nombrar así si no es por la atmósfera de terror en la que se mueven algunos sectores de la sociedad y algunos privilegiados, como el protagonista de esta novela.
La muerte de Stalin sorprende al compositor de "Lady Macbeth de Mtsensk", aún más conmovido por la emergencia aperturista de Jruschov, que hace desaparecer el terror a cambio de la persuasión. A tal punto que el héroe de Stalingrado e ideólogo de la abolición del culto a la personalidad, logra que Shostakovitch se haga cargo de la titularidad del instituto oficial de los músicos soviéticos después de que éste firma el carnet de afiliación al Partido Comunista.
Entonces, "tenía acceso a las tiendas cerradas de la nomenclatura. Había formado parte del comité organizador del septuagésimo cumpleaños de Stalin (...) Se le veía en fotografías codeándose con la élite política. Seguía siendo el compositor más famoso de Rusia", escribe Barnes.
Si es cierto que la tragedia se repite como farsa, la tragedia de Shostakovitch fue admitir la intrusión del poder en su vida personal primero y la farsa fue repetir el gesto después, cuando existía la posibilidad de ceder el extremo de su cobardía para despejar un campo, donde suena el ruido del tiempo, y al que Shostakovitch siempre entendió como imposible.

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