Los Gladiadores perdieron con Brasil en las semifinales del Panamericano

El equipo de Eduardo Gallardo jugará esta tarde por el tercer puesto en busca del último pasaje para el Mundial de Francia 2017.

El seleccionado argentino masculino de hándbol, "Los Gladiadores", perdió ayer ante Brasil por 23-20 (9-9 parcial del primer tiempo), en una de las semifinales del 17mo. Torneo Panamericano de la especialidad que se lleva a cabo en el Estadio Bicentenario de Tecnópolis.
Los "albicelestes" dirimirán hoy el tercer lugar y el último de los tres pasajes para el Mundial de Francia 2017 ante el ganador de Chile–Uruguay.
Esta será la primera vez, luego de diez Panamericanos, que los "albicelestes" no serán animadores del partido decisivo, en el cual buscaban el tetracampeonato.
El torneo disputado en Santa María, Brasil, en 1994 fue la última vez que los argentinos jugaron por el tercer puesto, luego de eso fue campeón en seis oportunidades y fue subcampeón en los cuatro restantes.
Fue un duelo ajedrecístico, que se definió en detalles, entre dos equipos que se conocen muy bien, que desde hace más de una década dominan el balonmano en esta parte del mundo y se alternan en la hora de las celebraciones.
Argentina dejó de lado todos los fantasmas que lo acecharon en los últimos dos partidos de la fase de grupos, ante Groenlandia y Chile, y sacó a relucir todo su espíritu guerrero y batallador para plantarse ante un Brasil, el único invicto en el torneo, que en los papeles previos era amplio favorito.
Brasil llegaba a este duelo con la espina clavada luego de morder el polvo en las últimas tres finales y, nada mejor, que sacarse las ganas ganando de visitante.
En lo que fue su mejor media hora en lo que va del campeonato continental, los dirigidos por Eduardo Gallardo pusieron en jaque y tuvieron a mal traer a los 'verdeamarillos', que por momentos se vieron desbordados por el marco imponente y el aliento de las 5.500 personas que colmaron el estadio y dejaron la garganta alentando.
Con las atajadas de Matías Schulz, una defensa homogénea y sólida, complementado con un ataque ordenado y bien conducido por Sebastián Simonet, los locales sorprendieron a un Brasil físicamente superior y que se sostenía con el excelente rendimiento de su arquero Maik Santos.
Un mano a mano contenido por Schulz, una bloqueo de Pablo Portela, una defensa de Gonzalo Carou y un gol de contra de Federico Fernández arrancaron en la gente el ensordecedor "soy argentino, es un sentimiento que no puedo parar", acompañado de un "el que no salta es brasileño".
En el segundo tiempo, con apenas treinta segundos jugados, el panorama se oscureció cuando el mayor de los Simonet, Sebastián, quiso hacer un cambio de lado y sintió un pinchazo en el hombre derecho y, con lágrimas en los ojos y tapándose la cara con la remera, pidió inmediatamente el cambio.
Ante la ausencia del "cerebro" del equipo, el entrenador Eduardo Gallardo intentó reorganizar el armado del equipo alternando con Pablo Simonet, Julián Souto Cueto y Guido Ricobelli, lo cual le dio excelentes resultados en los primeros minutos, llegando a adelantarse 14-12.
Sin embargo, ese oasis duró el primer cuarto de hora, momento en el cual el entrenador de Brasil, el español Jordi Ribera, pidió minuto para ordenar una defensa bien alta, casi en mitad de cancha, sobre el armador nacional, con lo cual le cerró a los dirigidos por Gallardo perdieron gran parte de sus caminos al gol.
Para colmo de males, los argentinos se empecinaron en jugar todos sus ataques con el pivote y capitán, Carou, que estaba bien tomado por las torres Thiagus y Pozzer, lo cual facilitó los contraataques para que Brasil pasara al frente 19-15, ventaja que se hizo indescontable pese al esfuerzo y el aliento del público.

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