Luis Gramajo fue despedido como el "héroe" que siempre quiso ser

"El siempre me dijo que quería ser héroe", le confesó su esposa Evangelina Segovia a El Patagónico, ayer en el cementerio Oeste, donde centenares de bomberos voluntarios despidieron entre lágrimas y aplausos a su compañero fallecido el domingo mientras combatía un incendio. Sus restos, escoltados por una multitud, llegaron al camposanto en una autobomba del Cuartel Central. La comunidad acompañó con aplausos el paso del cortejo por las calles. "Cuando lo traían quise venir en el camión para que su hijo -que está por nacer- se despida de la manera que su papá hubiese sido feliz", relató Evangelina.

Una comunidad conmovida le dio ayer el último adiós a Luis Gramajo (34), el primer mártir de la historia de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Comodoro Rivadavia, que lo ascenderá en un homenaje "post mortem" a sargento primero. Además será condecorado con "La Cruz Dorada al caído en servicio" por parte del Servicio Nacional de Bomberos Voluntarios.
El bombero que perdió la vida al quedar atrapado en el incendio del bar "Irlanda" el domingo al mediodía mientras combatía las llamas, fue despedido ayer a las 10 en el cementerio Oeste por centenares de bomberos voluntarios de todos los destacamentos de esta ciudad y la región. El ataúd con sus restos llegó al camposanto arriba de la autobomba 40 del Cuartel Central en donde Gramajo prestaba servicios. La caravana compuesta por varios móviles de Bomberos recorrió las calles comodorenses acompañada de los aplausos de los ciudadanos que cruzaban el cortejo en su camino.
Además de sus familiares y de las autoridades de Bomberos Voluntarios, estuvo presente el jefe de Unidad Regional de Policía, Humberto Lienan. Mientras, se notó la ausencia de funcionarios municipales. Sólo algunos representantes políticos acompañaron de manera individual la despedida.

SUS SUEÑOS
Junto a su esposa Evangelina Segovia, Gramajo tenía muchos proyectos inmediatos. Se conocieron en Caleta Olivia de donde era oriundo "El Pirry", como lo llamaban sus amigos. Luis tenía coraje y por eso ingresaba con "punta de lanza" en los incendios para arrojar agua. Esperaba con ansias ser padre de Alejo, que viene en camino con seis meses de gestación, y que ahora también llevará su nombre.
Darle un techo a "porotito", era una prioridad. Luis había estudiando gastronomía en Comodoro Rivadavia. Viajaba desde Santa Cruz para estudiar. Ya radicado en esta ciudad trabajaba como cocinero en Casino Club. Además vendía pasteles entre sus conocidos, esa era su especialidad.
Gramajo hacía muchas cosas, además de ser bombero. Se perfeccionaba en fotografía junto a David Muñoz. "Era un muy buen alumno", lo recordó el fotógrafo. Otra de sus aficiones eran los autos tuning. A bordo de su vehículo al que había tuneado con mucho esfuerzo, tuvo días atrás un accidente camino a Chile. Luis y su familia se habían salvado de milagro. Hoy se convierte en el primer caído en servicio en la historia del Cuartel Central de Bomberos Voluntarios de Comodoro Rivadavia.
Ayer Evangelina con Alejo en su vientre, recibió el acompañamiento de cientos de amigos de Luis. "Tuve mensajes, llamados, saludos, bomberos de diferentes lugares, de Chile, no me extrañaría que haya sido nacional", agradeció su esposa.

SER UN HEROE
"El se fue haciendo lo que le gustaba. Se hizo querer mucho. Al principio no te gusta (que sean bomberos), no te digo que sea fácil. Al principio pensás lo peor, reprochás que no esté con vos. Reprochás que pase más tiempo en el cuartel, que le dé más tiempo a su vocación, pero después pasa el tiempo y te das cuenta que ellos son así, tenés que entenderlos. Tenés que dejarlo ser", confesó Evangelina ayer en el cementerio Oeste al charlar con El Patagónico.
"Cuando lo traían quise venir en el camión para que su hijo se despida de la manera que su papá hubiese sido feliz. El siempre me dijo que quiso ser héroe, a él le encantaba esa ilusión que tenían los nenes", resaltó su esposa, quien está convencida de que "esto fue cosa del destino".
A Luis le inculcó ser bombero su compañero de trabajo Guillermo Salazar, quien se desempeñaba con él en Casino Club. Antes había intentado ingresar a la Policía de Chubut. "El quería ser policía". Sin embargo, desde esa fuerza le habían puesto "peros" y pese a estar en condiciones, no lo dejaron comenzar el curso de instrucción, recordó Evangelina.
"Hay gente que quiso empañar su situación. Leí comentarios en el facebook que no me gustaron, cosas incoherentes, de personas que no saben nada, y que hablan por hablar", criticó la mujer del bombero. Ayer en el cementerio Oeste Evangelina se puso el casco de Luis que le ofrendaron desde el Cuartel Central y lo despidió de la manera que a él le hubiese gustado irse, "siendo un héroe".

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