Macedonia cierra sus fronteras a refugiados y profundiza la crisis humanitaria

El gobierno de Macedonia cerró ayer su frontera sur a los refugiados afganos que escapan del conflicto armado en su país, una comunidad que representa alrededor del 30% de los que alcanzan diariamente en condiciones ya muy precarias las costas de Grecia en busca de una vida mejor.

Ni bien se conoció la noticia, Médicos Sin Fronteras (MSF), una de las organizaciones no estatales que más está ayudando a los refugiados que llegan masivamente a Europa, advirtió sobre las consecuencias que tendrá la decisión de Macedonia, la puerta de entrada a la llamada ruta de los Balcanes y segunda parada después de Grecia.
“¿Qué pasará con las familias afganas ahora que las fronteras están cerradas y que los traficantes de personas se volvieron su única opción?”, se preguntó MSF en su cuenta de Twitter.
Las dos rutas más rápidas para subir por el territorio europeo desde Grecia hasta Alemania y los países nórdicos -las naciones más ricas con las que sueñan la mayoría de los refugiados- son a través de Bulgaria o Macedonia, luego Serbia, Hungría y Croacia, y finalmente Austria.
Bulgaria hace tiempo valló su frontera con Grecia, Serbia y Croacia bloquean intermitentemente las suyas y Hungría se erigió en los últimos meses en el bastión del sentimiento antimigratorio, cerrando por completo sus zonas limítrofes.
Además, a finales del año pasado, la mayoría de los países por lo que los refugiados pasan o se instalan coincidieron en permitir sólo el ingreso de refugiados de tres nacionalidades: sirios, afganos e iraquíes.
Por eso, la decisión de ayer de Macedonia implica un paso en el cierre de Europa frente a cientos de miles de refugiados que siguen llegando desde las zonas más violentas del mundo.
Hace apenas una semana, la ONU informó que el año pasado marcó un nuevo récord en el número de civiles que fallecieron en Afganistán, a un año de que Estados Unidos y sus socios de la OTAN declararan el “final” de la guerra en ese país, que lleva décadas de invasiones extranjeras y conflicto interno.
Según los cálculos de la ONU, más de 3.500 civiles murieron y cerca de 7.500 resultaron heridos en 2015 en Afganistán.
En paralelo a los constantes cierres de fronteras y la multiplicación de medidas restrictivas para los demandantes de asilo, el sentimiento antimigratorio y xenófobo no para de crecer en la Unión Europea (UE).
El último episodio que desnuda la expansión de este sentimiento tuvo lugar en la ciudad de Bautzen, en el este de Alemania.
Nuevamente un hotel que sería utilizado como refugio para demandantes de asilo fue incendiado y grupos de vecinos salieron a festejar el ataque en las calles.
Una vez que el incendio del antiguo hotel que había sido habilitado para albergar a refugiados a partir de marzo comenzó a devorar el edificio, varios grupos de vecinos, muchos de ellos alcoholizados, se congregaron en el lugar y festejaron “de modo inequívoco”, según relató una fuente policial.
La policía tuvo incluso que arrestar a tres hombres de entre 19 y 20 años que intentaron evitar que los bomberos apagaran el fuego.
Desde que comenzó la llegada masiva de refugiados, especialmente de los conflictos más calientes de Medio Oriente y Asia Central, a principios del año pasado, los ataques contra centros de refugiados u otros símbolos vinculados a los demandantes de asilo son atacados casi todas las semanas en Alemania.
Durante las dos semanas del año pasado que la UE abrió sus puertas y fronteras para que los refugiados entraran y circularan casi sin restricciones, Alemania fue el país que más personas recibió.
Sin embargo, desde entonces, Berlín, como el resto de sus vecinos, han comenzado a imponer trabas y obstáculos para dificultar la llegada de nuevos refugiados.

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