Macron, el "outsider" de la política que llegó a la Presidencia de Francia

El liberal e independiente Emmanuel Macron se convirtió ayer en el presidente electo de Francia con una corta hoja de vida política, libre de escándalos y grandes logros, pero con el respaldo de un amplio entramado de conexiones que nació en las instituciones educativas más elitistas del país y se consagró en el corazón más impenetrable del poderoso mundo de las finanzas.

En la recta final de una campaña política en la que el debate estuvo centrado en la cuestión de "más o menos Europa" y el refuerzo de la seguridad pública tras la ola de atentados que en los últimos años sufrió Francia, Emmanuel Macron se presentó como la opción de centro, ajeno a los casos de corrupción y la crisis de credibilidad que azotaba a los partidos mayoritarios, frente a la ultraderechista y xenófoba Marine Le Pen.
Tras su victoria en la primera vuelta, prácticamente todo el establishment francés encumbró como candidato moderado a este hombre de 39 años, nacido en Amiens, en el hoy empobrecido norte de Francia, en el seno de una familia de la alta burguesía de la provincia.
Macron empezó su carrera profesional en el sector privado, mientras militaba en las filas del Partido Socialista (PS). Se graduó en Filosofía en la Universidad de París de Nanterre y en Ciencias Políticas en el reconocido Instituto de Estudios Políticos de París, popularmente conocido como Sciences Po, una de las universidades más prestigiosas y elitistas de Francia.
Sin embargo, posiblemente haya sido su paso por la Escuela Nacional de Administración, la facultad en la que son formados la mayoría de los funcionarios que terminan en los cargos más importantes del Estado francés, la que le abrió las puertas del poder, el privado y el público.
Pese a que cumplió con todos los pasos necesarios para convertirse en un político, esa no fue su primera elección: en abril de 2010, hace apenas siete años, en una entrevista con la revista interna de la Science Po, Rue Saint Guillaume, Macron aún se veía lejos de la vida pública.
"Hoy no estoy listo para hacer las concesiones que imponen los partidos, es decir, pedir disculpas por ser un hombre joven, blanco y universitario, pedir disculpas por haber aprobado concursos (para cargos públicos) de la República, que son abiertos a todo el mundo", reveló el joven Macron.
Ya para entonces se había convertido en un influyente ejecutivo de la Banca Rotschild, una institución financiera bautizada por algunos medios franceses como "el banco del poder".
Desde la Banca Rotschild, que lo contrató en 2008, Macron cultivó estratégicas amistades que cuatro años después lo sentaron a la derecha del actual presidente, Francois Hollande, como secretario general de la Presidencia, y, sólo dos años después, como ministro de Economía.
El ala izquierda del PS cuestionó a Hollande el nombramiento de Macron, quien dentro del partido siempre se ubicó como referente del sector más liberal y partidario del libre mercado, una parte del oficialismo que sólo conserva de sus raíces socialdemócratas una férrea defensa de las libertades individuales.
Macron fue ministro de Economía durante dos años. En ese período, el desempleo aumentó en el país y el gobierno aprobó una reforma laboral que reivindicó las demandas de las empresas en detrimento de los derechos laborales, y que fue resistida, sin éxito, por los sindicatos.
En agosto pasado, en medio de la creciente turbulencia social y la caída a pique de la popularidad de Hollande, el joven en ascenso abandonó el barco para fundar su primer movimiento político, ¡En Marcha! (EM) y lanzar su candidatura presidencial.
Desde entonces su candidatura creció de manera desenfrenada. Pero no lo hizo solo.
Sin una estructura política que lo sostenga, Macron avanzó gracias a una gran red de contactos cosechados en poco más de una década en su paso por las principales universidades y algunas de las empresas más poderosas del país.
Macron suele recordar su relación con el reconocido filósofo de la hermenéutica Paul Ricoeur, a quien acompañó durante dos años como asistente editorial de su obra La memoria, la historia y el olvido. A lo largo de la campaña, el favorito para suceder a Hollande citó varias veces a su antiguo maestro y hasta contó que fue él quien lo incitó a meterse en la política.
Como secretario de Ricoeur logró acercarse al consejo editorial de la emblemática revista filosófica Esprit, fundada por el filósofo cristiano Emmanuel Mounier en 1932, en la cual publicó decenas de artículos sobre educación.
Sus intereses culturales y sociales parecieron perder protagonismo cuando Macron comenzó a escalar posiciones dentro de las entrañas de uno de los bancos más importantes de Francia.
Según el diario español El Mundo, durante sus últimos ocho meses como ministro, entre enero y agosto de 2016, el ahora presidente electo gastó 120.000 euros en cenas -hasta dos por noche- organizadas en su departamento frente al río Sena para agasajar a personalidades de la política, las finanzas, y los medios, los mismos que meses después lo terminarían encumbrando como el candidato perfecto.

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