Malvinas: un viaje con sentimiento argentino

Viajar a las Islas Malvinas resulta todo una aventura y una experiencia sin igual, en un destino único para cualquier argentino. Por su historia y las huellas que dejó el conflicto bélico de 1982, este remoto archipiélago del fin del mundo, con costumbres y cultura inglesa, despierta diferente sentimientos bajo un paisaje que combina la soledad y la nostalgia, entre bellos entornos e imágenes que parecen pintadas en acuarela.

fredi carrera,
periodista de El Patagónico
Al llegar a destino, sólo en avión - única conexión con las islas más allá de las decenas de cruceros que llegan en temporada alta - un paisaje cuasi tropical impacta a primera vista, con aguas turquesas que contrastan con un verde marítimo y arenas blancas que se pueden encontrar en diferentes puntos de la isla.
La sensación es única, pero al respirar la primera bocanada de aire malvinense, el clima frío hace volver a la realidad. Luego, el cachezato directo al corazón por tener que presentar pasaporte en un destino tan nuestro.
Malvinas despierta diferentes sentimientos. En el camino con aires bien patagónicos y alejados de la arquitectura inglesa se puede ver un paisaje llano, casi interminable tal como sucede en las rutas que descienden por toda la Patagonia.
Al llegar a la ciudad, Puerto Argentino, Stanley para ellos, el archipiélago se reconvierte en un nuevo lugar con techos ingleses, colorinches vehículos Land Rover y una avenida principal que atraviesa toda la extensión del núcleo urbano del pueblo. Todo frente a una imponente costa bordeada de cerros y aves que deambulan por el cielo.
El pueblo cuenta con dos hoteles. El "Malvinas House" considerado la estrella del archipiélago y "The Water Front", un pequeño hotel boutique ideal para descansar y contemplar el paisaje en un cálido ambiente. Además de otras casas que ofrecen alojamiento.
Todos sus atractivos turísticos tienen como eje el conflicto bélico del 82, con todo el dolor que eso apareja, pero también la variedad paisajística y de entornos que ofrece el territorio más allá del pueblo y de su zona suburbana, en lugares como Pradera del Ganso.
Así se puede encontrar un museo donde se puede ver desde cascos y fusiles hasta cuadros y el primer sillón odontológico del pueblo, donde más de un habitante sufrió el dolor de la extracción.
También se puede visitar Monte Longdon donde ocurrió uno de los combates más duros de la guerra, pero sólo en vehículos 4x4; o visitar el Cementerio de Darwin, único lugar donde uno puede sentir el sentimiento argentino, según la propia experiencia de este periodista.
Malvinas despierta sentimientos más diversos y extraños, entre el calor que brindan algunos isleños que sienten que la guerra es cosa del pasado y lo inhóspito que pueden resultar otros habitantes ante la presencia de un argentino.
Sin embargo, así es la isla, un territorio donde la experiencia será única para el viajero, los paisajes casi exclusivos y los recuerdos diferentes. Es que a diferencia de lo que sucede cuando se viaja a otros lugares los seres queridos no pedirán llaveros, tampoco remeras sólo un poco de tierra o piedras para tener un poquito de las islas en el propio seno del hogar.

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