Manu y Luifa: dos super héroes

Emanuel Ginóbili y Luis Scola son tan inmensos que para el caso sí se volverían odiosas comparaciones que, en realidad, muchas veces, acaso la mayoría de las veces, son indispensables.

La gran noticia-gran-gran reside en el regreso de Manu y el sarmientino presentismo de Luifa a la Selección Argentina de la pelota naranja, más conocida como la Generación Dorada, la cual dispondrá en Río de las dos piezas de lujo a la hora de soñar con una epopeya a simple vista improbable pero jamás imposible.
También contarán con la sangre caliente del 'Chapu' Nocioni, con el crepitante fervor de los maduritos que piden cancha y el natural empuje de los más pibes, y como plus, con los chispazos imaginativos de Carlos Delfino y desde ya con el minucioso tablero que operará el entrenador Sergio Hernández, 'Oveja', pero con Ginóbili y Scola todo adquiere otro sentido y otro color.
Manu nació hace 39 años en Bahía Blanca y Scola, el abanderado argentino en Río 2016, lo hizo en el porteño barrio de Floresta hace 36, uno es escolta y el otro ala pivote, los dos juegan en la NBA (uno en San Antonio Spurs y el otro en Brooklyn Nets): la historia grande del básquet argentino ha necesitado de los dos y los dos ya han quedado en el bronce.
Pensemos que entre otras arenas compartieron equipo en el Preolímpico ganado en 2001 y en el subcampeonato del Mundial de Indianápolis, en 2002, lejanas épocas en las que Ginóbili ya transitaba el pasaje de su estrellato en el Kinder Bolonia de Italia a la NBA y Scola destacaba en tierras navarras, en Vitoria, en el Saski Baskonia.
También tienen una historia común en los Juegos Olímpicos, vaya si la tienen.
En Atenas 2004, cuando escribieron la página más maravillosa de la historia del deporte argentino (les ganaron al campeón mundial, Serbia y Montenegro, eliminaron al Dream Team de los Estados Unidos y se quedaron con la medalla dorada a expensas de Italia), Manu integró el quinteto ideal y fue nada menos que MVP (Jugador más Valioso), en tanto que Luifa, sin ser titular, ofreció respuestas providenciales y, en más de un caso, magistrales.
En Beijing 2008 se invirtieron los términos de la gravitación: Manu hizo lo que pudo y lo que pudo fue escaso, por una lesión que no le dio tregua; Luifa, en cambio, fue una máquina de contagiar, de bajar rebotes y de anotar.
La derrota con Rusia, en Londres 2012, les dolió por partida doble, por haber visto cómo la medalla de bronce se les escapaba al cabo de un juego parejo, incluso con algunos momentos de marea alta, pero también porque sobrevolaba la pregunta más postergada y más antipática: ¿cuántos de la Generación Dorada estarían en Río 2016?
En aquellos Juegos, los de Londres, Scola fue de más a menos y Ginóbili de menos a más, al punto que ante los rusos el ala-pivote iniciado en Ferro colaboró con módicos 11 puntos y en cambio el bahiense sobrellevó un animado duelo de estrellas con el gigante Andrei Kirilenko y con sus 21 puntos mantuvo en partido a una albiceleste con poco resto de piernas y de lucidez.
Desde entonces, un poco por imperio del desgaste biológico y otro poco por decisiones que de tan íntimas y sustantivas son inapelables, Manu se fue alejando de la Selección, declinó jugar el Mundial de España y declaró que pese a que le costaba cerrar el capítulo, ya no le daba "el cuero".
Entretanto, en Luifa se consolidó el perfil del crack-emblema, del crack-estandarte: fue figura en el Mundial de España de 2014, pieza vital en el Preolímpico de México, en 2015, donde además de MPV devino máximo goleador de ese tipo de competencia, formalmente llamada Campeonato FIBA Américas por delante de una celebridad como el brasileño Oscar Schmidt, así como un lustro antes había quebrado el récord del misionero
Ernesto Gehrmann, "Finito" Gerhmann, como máximo anotador argentino en Mundiales.
¿Qué opina Manu de Luifa?
Así dijo en 2011: "La Selección es mejor sin mí que sin Scola".
¿Qué opina Luifa de Manu?
Palabras más, palabras menos, así dijo más de una vez: "Si por mí fuera, quisiera que Manu jugara a mi lado en todos los partidos".

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