Martín Tula, el 'chico' que compensó la falta de estatura con la confianza

Siempre quiso ser arquero, desde los 4 años cuando acompañaba a su padre Pedro y aprendía el oficio en Nueva Generación. En especial cuando su progenitor jugaba como marcador central de Huracán y Adrián Llesona volaba entre los palos. El "Loco" fue el modelo a imitar. Por ello supo que con 1,71 metro de altura y un antecedente cardíaco, sólo quedaba redoblar esfuerzos para volver de la mejor manera en la valla del "Lobo".

Martín Tula (30) dice que con el paso del tiempo va a empezar a dimensionar lo que fue la campaña más exitosa del Club Atlético Jorge Newbery: el ascenso al torneo Federal B y llegar a semifinales de ese mismo certamen en un año.
De hecho, no cae en la cuenta que en el engranaje que armó Luis "Pity" Murúa, él fue una pieza fundamental, porque en las definiciones desde los doce pasos fue determinante para que el "Lobo" llegara a las instancias que llegó, atajando y convirtiendo.
Para el chico formado en Nueva Generación, que siempre quiso ser arquero, mucho más cuando veía al compañero de su papá Pedro (Adrián "Loco" Llesona) atajar en Huracán, la palabra "mucho" nunca fue suficiente.
Por eso sostiene que aún le duele el penal de Matías Hildalgo, con el cual Germinal dejó afuera al "Lobo" en semifinales del Federal B. Ese hecho, sostiene, le opaca un poco todo lo que vivió.
Incluso le dolió más que cuando, en un estudio de rutina para renovar el carnet para la Liga de Fútbol de Comodoro Rivadavia, le salió una cardiopatía hipertrófica que lo tuvo lejos de las canchas por un tiempo.
Pero es tiempo de balance, y Martín siempre supo que a la falta de algo (en su caso, estatura) se lo suplanta con otra cosa (trabajo). Por eso volvió a renovar el vínculo para ir por más con el conjunto "aeronauta" en una etapa muy especial en lo personal, dado que su esposa Maira espera su segunda hija, que le hará compañía a Delfina (2).
"Así como entraba de la mano de mi viejo a las canchas. Ahora él me acompaña a todos lados. Eso, y verlo atajar a Llesona (Adrián) fueron las cosas que me marcaron. Y como siempre tuve en cuenta que la falta de altura iba a ser un impedimento (lo dejaron libre en la 7ª de Huracán de Parque Patricios) trabajé para superarlo", remarcó en diálogo con El Patagónico.
"Al principio, cuando estás en formación, esas cosas te pesan, pero luego vas avanzando. Y creo que este nuevo año que comienza vamos a ir por más con todo el plantel. Tampoco voy a decir que soy el mejor arquero, pero entreno como si fuera profesional", aseguró.
"Deportivo Penal", así se dirigían en forma despectiva los detractores del "Lobo". Y no estaban equivocados, porque fue desde el punto penal que Martín puso lo que había que poner para que el equipo siga con vida y lograra el ascenso desde el Federal C. Sin embargo, Tula no lo ve de esa manera, porque asegura que nunca se "agrandó" bajo los tres palos.
"Si bien yo siempre hablo de la eliminación con mi círculo cercano, creo que hicimos tremenda campaña con los chicos. Además, no hubo nada más lindo que el recibimiento que nos hizo la gente que nos esperó de madrugada para darnos la mejor bienvenida, a pesar de que no habíamos conseguido el ascenso. Creo que la cuota de confianza que la gente tiene en nosotros es enorme, y no hay que defraudar al hincha", remarcó.

SU REVANCHA
Tras el diagnóstico de la cardiopatía, a mediados de 2016, Tula esperó el visto bueno del cuerpo médico, que definiría su continuidad en el fútbol. En caso de ser negativo, Martín sabía que quedaba fuera de su alcance. Y que lo más importante, su familia, seguía intacto.
El arquero tuvo revancha, detrás quedó el consultar a varios cardiólogos para sacarse todas las dudas, por eso en el primer entrenamiento, cuando el profesor Osvaldo Galleguillo lo abrazó, las palabras del preparador físico fueron una premonición de lo que aconteció después.
"El día que volví, el 'profe' Galleguillo me dijo al oído 'acordate, si volviste es para hacer. En especial después de todo lo que pasaste'. Y fue dicho y hecho", rememora.
El ascenso y el protagonismo del equipo (y suyo, aunque le cueste hablar de él) fue lo más destacado en el plano deportivo. En el ámbito personal, Martín cuenta los meses para conocer a su nueva hija. Tanto en el trabajo (SCPL) como en el vestuario (donde sus compañeros le pegaban las notas donde salía), sabe del cariño y el reconocimiento dentro y fuera de la cancha.
No se anima a definir si es el Tula más destacado (un apellido ligado al fútbol de la capital petrolera). Sí reconoce que no tuvo ofertas de ningún lado para irse (sólo de su primo en un asado de navidad, para volver a Nueva Generación).
Vive el fútbol como si fuera profesional, pero bajo ningún punto de vista se iría de la ciudad. Sostiene que en Comodoro ya echó raíces. Y si existiera alguna propuesta a futuro lo agradecería, pero no aceptaría.
Tula, por el puesto que ocupa, es la antítesis del que no cuenta con habilidad. No es gordo. Sí es petiso para el puesto, pero eso no le impidió hacerse grande en el club del barrio 9 de Julio.

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