Matan en su vivienda a un joven de 28 años de un disparo

Jonatan Cattelani fue asesinado de un disparo en el pecho en el patio de su casa que había construido hace cinco meses en la zona alta de Pieragnoli y Antonio Garcés en el Máximo Abásolo. Según testigos, mientras compartía bebidas con sus amigos intercedieron en una pelea entre dos hermanos ebrios. Salieron en defensa del que reside en la zona y entonces el otro se fue. Pero no tardó en volver en busca de venganza. Esta vez no estaba solo y desde una Renault Kangoo le efectuaron varios disparos a la víctima. Recién lo hallaron sin vida dos horas después. Es el séptimo homicidio en lo que va de 2017.

Jonatan Adrián Cattelani tenía 28 años. Era de San Martín, Buenos Aires, y le decían "el Turro". Hacía cinco años que había llegado a vivir con sus familiares a Comodoro Rivadavia. Residió primero en la calle Las de Barranco del barrio Ceferino Namuncurá, pero hace cinco meses se había mudado a la zona alta de Pieragnoli y Antonio Garcés, en el límite de los barrios San Cayetano y Máximo Abásolo.
La víctima había construido un prolijo mono ambiente con madera prensada y techo de chapas sobre el cerro en el que predominan construcciones precarias en terrenos de ocupaciones ilegales. Trabajaba de changas como ayudante de albañil y en "La Saladita", donde ayudaba a vender y armaba y desarmaba puestos para la venta. Tiempo antes había trabajado en una empresa de seguridad.
En su casa solía juntarse con algunos muchachos del barrio a beber alcohol y escuchar música pero -según los vecinos- "no se metía con nadie".
Ayer, después de una noche de excesos Cattelani y sus amigos estaban sentados en el patio de la casa cuando observaron una pelea en el barrio. Según comentaron algunos testigos a El Patagónico, Ramón "El Moncho" Alvarado -que bebía junto a sus familiares y amigos a unos 50 metros de la casa de Cattelani- protagonizó una pelea con su hermano, a quien se conoce como "Perico".
Los amigos de Cattelani salieron en defensa de "El Moncho", más que nada por ser vecino ya que cuando bebe (lo cual es frecuente) se vuelve hostil. Pero al ser del barrio, lo defendieron. Hubo una pelea en la que habría participado un joven de 18 años, amigo de Cattelani que llegó hace poco de Buenos Aires. Todo indica que "Perico" Alvarado llevó las de perder. Fue golpeado y corrido del lugar.

REVANCHA
Según los testigos, poco después el agredido y tres personas más llegaron en una camioneta Renault Kangoo. Estaban armados. Cattelani y sus amigos seguían bebiendo como si nada. Algunos ya se habían ido a acostar. Eran las 8:30. Una vecina escuchó que una mujer gritaba que no quería problemas y otra vez se produjo un cruce de palabras que incluyó no pocos insultos. Luego se escucharon los tiros. Primero fueron cuatro, una pausa y después otros cuatro.
Por temor, ningún vecino salió a mirar qué ocurría. Si alguno lo hizo, fue sin que lo notaran. La mayoría de las construcciones en la zona son de paredes fácilmente permeables a los plomos, así que todos saben que cuando se escuchan disparos hay que recostarse sobre el suelo y dejar pasar el tiempo que haga falta.
Algunos de los amigos de Cattelani estaban sentados frente a la casa, otros arriba de la moto que recibió un tiro en el tanque de combustible. Al anfitrión le ingresó un proyectil en el pecho. Se apoyó la mano como queriendo mitigar el dolor y de inmediato trató de buscar refugio. Salió corriendo hacia la parte trasera de la vivienda y cayó detrás de la casa cuando intentaba colgarse del alambrado para saltarlo. Quedó boca abajo.
Sus amigos corrieron en distintas direcciones. El asesino se fue en la camioneta por el único ingreso y salida que hay en el lugar, un camino lateral al lado de una arboleda a la que se accede por avenida Pieragnoli. Un vecino que estaba durmiendo y vive enfrente de la casa, escuchó los disparos y se levantó. Fue al lugar y observó las corridas. Comenzaron a preguntarse por "El Turro". Uno decía que lo habían visto correr herido cerro abajo. Lo cierto es que nadie se percató de que Cattelani había caído detrás de su propia casa.
Cerraron la puerta con candado, y salieron a buscarlo. Algunos creyeron que lo habían llevado al Hospital. Pero allí tampoco llegó.

LO ENCONTRARON
A LAS DOS HORAS
Aproximadamente a las 11 un vecino dio cuenta a la Policía de que lo habían encontrado muerto en el patio de su casa; que ya no respiraba. Recién en ese momento la Policía de las seccionales Cuarta y Sexta tomaron intervención en el lugar. Es que más temprano nadie había alertado de los disparos. El asesino y sus cómplices le habían sacado casi tres horas de ventaja a los investigadores.
Rápidamente comenzó a circular la versión entre los vecinos de lo que había ocurrido, que habían escuchado los disparos temprano, y señalaban a los Alvarado. Algunos de los amigos que en la madrugada habían estado compartiendo bebidas con la víctima todavía estaban alcoholizados y no podían aportar mayores datos a la Policía. Solo gritaban y lloraban.
El oficial Carlos Sendon se hizo cargo de los primeros pasos en la instrucción policial con la supervisión del comisario Carlos Briceño, jefe de la Seccional Sexta. Lo ayudaron varios suboficiales y oficiales de las seccionales Séptima y Cuarta. Luego se le dio intervención a la funcionaria de fiscalía Andrea Rubio y al fiscal Martín Cárcamo, que llegaron al lugar para trabajar junto a la Brigada de Investigaciones con el subcomisario Pablo Lobos a la cabeza.
Mientras tanto el perito de la Policía Científica, Gonzalo Miguez Murillas, se encargó de los levantamientos de indicios en el lugar.
La que recibió reproches de los vecinos y familiares de la víctima fue una amiga de Cattelani que se escondió en lo de un vecino con las llaves de la casa. Y por eso también fue llevada a la comisaría para que aportara todo lo que sabía.
Al cierre de esta edición, Cárcamo cruzaba las entrevistas de varias personas. El fiscal buscaba identificar al autor de los disparos. La Policía de la Sexta ya había demorado a "El Moncho" Alvarado, quien alcoholizado agredía verbalmente en el lugar a la referente barrial de la zona, Ruth Torres.
Quedó una consigna policial en el domicilio donde se halló la Kangoo en el que llegó el asesino y se realizaban pedidos de órdenes de allanamiento.

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