"Me interesa trabajar sobre la construcción de las jerarquías sociales en la Argentina"

"La educación de la clase alta argentina" (Siglo XXI Editores) avanza en los criterios de diferenciación con los que las familias tradicionales disputan su condición con aquellas que pretenden reinsertarse por la vía del crecimiento económico en la cúspide de la pirámide social.

La tradición pública y gratuita de la educación argentina obligó a las clases altas a diseñar estrategias para sortear la pretensión igualadora de ese ideal y cifró el surgimiento de una serie de instituciones privadas -la mayoría ligadas al ideario católico- que buscaron preservar el capital social y simbólico de estas élites, según rastrea la antropóloga Victoria Gessaghi en el ensayo "La educación de la clase alta argentina".
Los sectores medios y bajos han sido durante décadas la cantera rica y polisémica que alimentó la agenda de las ciencias sociales mientras que las clases más acomodadas fueron estudiadas de manera fragmentaria o periférica, a pesar de que sus recorridos y aspiraciones pudieran aportar matices reveladores de la trama social.
La investigación de Gessaghi se suma al aporte de otros trabajos que en los últimos años desandaron los pasos de esta omisión para indagar no sólo en los hábitos de la clase privilegiada sino en los modos de legitimarse a sí misma y diferenciarse de los sectores favorecidos que centran exclusivamente en el dinero y no en el linaje su pertenencia de clase.
En esa línea, "La educación de la clase alta argentina" (Siglo XXI Editores) explica la manera en que este grupo dirime los valores asignados a la escolarización -que a lo largo del tiempo incluyó la labor de abuelas e institutrices así como la creación de instituciones privadas con acento en la formación católica- y paralelamente avanza en los criterios de diferenciación con los que las familias tradicionales disputan su condición con aquellas que pretenden reinsertarse por la vía del crecimiento económico en la cúspide de la pirámide social.
Gessaghi analiza la trayectoria de tres generaciones de familias tradicionales que vieron una amenaza en el ideario democratizador de la escuela pública y en su afán de propiciar la movilidad social: "Me interesó trabajar sobre la construcción de jerarquías sociales en la Argentina y cómo distintos grupos se disputaron la legitimidad de las posiciones de privilegio a partir de un horizonte atravesado por esa experiencia histórica donde la igualdad obró como un motor de lucha a lo largo del siglo XX", señala en entrevista con Télam.

EDUCACION Y PODER

n Télam: ¿Cómo atraviesa la tradición pública y gratuita de la educación argentina las relaciones entre clases y cómo incide específicamente sobre los sectores altos?
- V.G: Por un lado forma parte del imaginario de la experiencia igualitaria desde la cual miramos estos procesos. Estas familias de clase alta hicieron usos muy diversos de la escuela pública a través del tiempo. En un primer momento, durante la conformación de la escuela pública el sistema era flexible y permitía por ejemplo que los alumnos estudiaran en sus casas y luego rindieran en las instituciones públicas. Si uno revisa los archivos del Colegio Nacional Buenos Aires se detectan una cantidad importante de alumnos que rindieron sus exámenes pero no concurrieron a clases porque fueron educados en sus casas. Cuando se empieza a masificar el acceso a la escuela pública, a principios del siglo XX, en un contexto en que a nivel mundial están las amenazas del comunismo, las revoluciones en Rusia y los fascismos, estos sectores abandonan la escuela pública y empiezan a educarse en estas instituciones privadas que son católicas. Ante el avance del estado en la educación, en el marco de la disputa laica-católica, estas familias se empiezan a refugiar en esta tradición de educación católica. Salen del circuito público muy tempranamente pero no en oposición a lo público sino a lo laico. Y también en oposición a la masificación que se produce a partir de la escolarización de la inmigración masiva y los sectores populares.


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