Meningitis: adolescentes en riesgo de contagio

En los últimos meses se registraron casos aislados de meningitis en distintas provincias del país. La vacuna contra el meningococo que previene la meningitis meningocócica se incorporó al Calendario Nacional de Vacunas a principios de este año.

Los adolescentes y adultos jóvenes tienen un riesgo aumentado de contraer la enfermedad meningocócica. Algunos factores tales como el estilo de vida o comportamientos sociales pueden poner a los adolescentes frente a un mayor riesgo de contraer la infección por meningococo. Estar cansados o tener patrones irregulares de sueño pueden debilitar el sistema inmunológico, lo que podría hacerlos más propensos a contraer enfermedades como la meningitis por meningococo.
La bacteria que produce la enfermedad se transmite de persona a persona a través de gotitas de secreciones respiratorias o de la garganta y el contagio se produce por el contacto estrecho y prolongado de besos, estornudos, tos, dormitorios colectivos o por medio de vajillas y cubiertos compartidos con una persona infectada, conductas muy frecuentes entre los adolescentes.

Se estima que un 10 a 20% de la población es portadora de la bacteria que produce la enfermedad, también llamada meningococo. Sin embargo, la tasa de portación puede ser más elevada en situaciones epidémicas y muchos de los portadores pueden ser adolescentes o adultos que transmiten la bacteria a los lactantes y niños pequeños con mayor riesgo de enfermarse.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda la vacunación como medida de prevención primaria. “Es importante vacunar a los grupos de riesgo, así como también a los adolescentes ya que estos últimos se encuentran frecuentemente en situaciones sociales que favorecen la trasmisión de la bacteria, como por ejemplo, reuniones sociales, bailes, fiestas o incluso asistir al club o al colegio”, señaló el Dr. Roberto Debbag, médico pediatra infectólogo y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Infectología Pediátrica.

La meningitis meningocócica es una infección bacteriana grave de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Puede causar importantes daños cerebrales y es mortal en el 50% de los casos no tratados.
“La enfermedad meningocócica invasiva (EMI) posee una alta tasa de mortalidad y en muchos casos trae complicaciones y secuelas graves, principalmente neurológicas como la pérdida de la audición, convulsiones, hidrocefalia, retraso madurativo neurológico y amputación de miembros. Es una enfermedad devastadora que puede llevar a la muerte en menos de 24 horas”, manifestó Debbag.
El periodo de incubación medio es de 4 días, pero puede oscilar entre 2 y 10 días. Incluso cuando se diagnostica tempranamente y se recibe tratamiento adecuado, un 5 a 10% de los pacientes fallece, generalmente en las primeras 24 a 48 horas tras la aparición de los síntomas.

MENINGITIS POR MENINGOCOCO

En Argentina se registran entre 200 a 300 casos por año de enfermedad meningocócica invasiva (EMI). Si bien la tasa de incidencia es baja, aproximadamente 0.75 /100.000 habitantes, la enfermedad es muy severa y requiere de un diagnóstico temprano y un tratamiento efectivo, ya que puede causar la muerte en menos de 24 horas.

VACUNACIÓN

Con el consenso de la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn), la Sociedad Argentina de Infectología, la Sociedad Argentina de Pediatría y la Sociedad Argentina de Infectología Pediátrica, la vacuna contra meningococo (que incluye uno de los serogrupos de mayor circulación en nuestro país) fue incluida en el Calendario Nacional de Vacunación a partir de enero de 2017. La misma está indicada para bebés con un esquema de 3 dosis y para niños y niñas que cumplan los 11 años, con una dosis única.

“Esta estrategia ofrece no sólo la protección directa de quien recibe la vacuna, sino también la protección indirecta que genera la disminución en la trasmisión del germen, lo que se llama efecto de rebaño. El hecho de favorecer el acceso a la vacuna a los niños de todos los estratos sociales constituye una forma de igualdad en la salud. Es una vacuna segura y efectiva que aplica a los serotipos presentes en nuestra población y es la medida de control más adecuada de prevención”, concluyó Debbag.

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