Museo del Fin del Mundo: historia de naufragios, pioneros y convictos

El recorrido por la historia de Tierra del Fuego es una de las ofertas turísticas más clásicas y son muchos los visitantes que se ven atraídos a él. El edificio está dividido en diferentes salas dedicadas cada una de ellas a una época y temática distinta, que contienen objetos de importante valor histórico.

El origen del Museo del Fin del Mundo en Ushuaia tiene un profundo contenido social y cultural, basado en la búsqueda de las raíces que representan el pasado. El edificio, ubicado en Maipú 173 perteneció al Banco de la Nación Argentina de 1912 hasta el año 1977. En 1978 cede el edificio al gobierno del Territorio de Tierra del Fuego, para la creación del Museo Territorial y a partir de 1979 Museo del Fin del Mundo. El recorrido es uno de los más realizados por turistas que visitan estos confines.
Cuenta con salas de información los orígenes de la ciudad, etnias, barcos hundidos en las costas fueguinas y del presidio, además de una muestra de la mayoría de las especies que componen la avifauna local.
En el anexo de Maipú Nº 465, al que se accede con la misma entrada, se encuentra la particular y característica edificación de fines del Siglo XIX, que fuese la antigua residencia del Gobernador y Casa de Gobierno, construida entre los años 1890 y 1893.
El museo es producto de varios intentos oficiales de un grupo de pobladores decididos a rescatar el pasado. En 1973, crearon una asociación civil, hoy conocida como H.A.N.I.S, que en lengua yámana significa "lenga" y que son las siglas de Historia, Antropología, Naturaleza, Isla y Sur, todos términos que definen la identidad de la institución.
La primera sala recibe al visitante con el imponente mascarón de proa que perteneció al Duchess of Albany, la nave inglesa que naufragó en las costas fueguinas en 1893. El mascarón de 800 kilos representa a Helena Federica Augusta (esposa de Leopoldo, cuarto hijo de la reina Victoria de Inglaterra), fue rescatado en 1950 en Caleta Policarpo, al sudeste de la isla Grande. Se estima que la imagen protectora de la fragata de tres mástiles que la portaba fue esculpida en 1884 por un artista inglés desconocido: la figura mira el horizonte, luce corona y vestido de época, tiene el brazo izquierdo pegado al cuerpo y el derecho, cruzado sobre el vientre con un abanico cerrado en la mano. Los restos del Duchess of Albany permanecen deteriorados, en el sitio donde encalló hace más de un siglo.
Además se exhiben restos del naufragio del buque alemán Monte Cervantes, el primer crucero de turismo a Tierra del Fuego, hundido en el Canal de Beagle en 1930.
De la mano de un guía es posible ir conociendo la vida y las características sociales y culturales de los grupos indígenas, principalmente de los yámanas y los selk'nam, que habitaron el archipiélago. La colección de elementos y utensilios abarca más de 8.000 años de historia, y comprende desde arpones, armadores y pedernales hasta réplicas de canoas y cesterías yámanas.
A estos impresionantes objetos, pruebas de la vida pasada en la zona, le suceden los testimonios de la presencia de las misiones anglicanas en 1870 y de las salesianas en 1890, la llegada de la expedición del comandante Lasserre (1884) y la controvertida figura de Julio Popper, el ingeniero rumano que aspiraba a una Patagonia diferente sin comunidades nativas, repoblada por europeos.
También se pueden encontrar láminas con las crónicas del aviador alemán Gunther Von Plüschow y pequeños objetos de su avión "Cóndor de Plata", el primero que sobrevoló el Cabo de Hornos.
La segunda sala del museo, convertida en un auténtico almacén de ramos generales – tienda donde se conseguía todo lo necesario a principio del siglo XX- que era crucial para la vida en aquella época. Todo el abastecimiento se recibía vía marítima cada tres meses y los almaceneros eran personas cruciales en el desarrollo del pueblo, ya que debían calcular las necesidades de los pobladores para estimar los fletes de mercadería.
Luego de quizás la sala más esperada por los visitantes, la de la cárcel, se encuentran las que concentran una amplia colección de fauna autóctona. Más de 180 especies de aves conforman la exposición más completa de Tierra del Fuego, con ejemplares representativos de los ambientes marítimos, costeros y del bosque, además de la sala 5, que exhibe pinnípedos como lobos marinos, focas y morsas de la zona.
Además el edificio, como rezago de la sucursal del Banco Nación, preserva la bóveda con su puerta exterior blindada, los cerrojos de seguridad, el mostrador original y la caja fuerte de La Comercial, entre otros documentos financieros.
LA SALA DEL PRESIDIO
Quizás la sala con las historias más jugosas para muchos sea la tercera, dedicada al presidio. Emplazada en la actual base naval de Ushuaia, el presidio y cárcel de reincidentes empezó a construirse en 1902 por los mismos presos.
Los uniformes usados por guardiacárceles y penados, cigarreras, costureros, portaplumas y verdaderas reliquias como un bastón hecho de naipes y un fósforo tallado con el himno, son algunas de las tantas piezas fabricadas por los reclusos que hoy resguarda el museo.
Allí estuvieron los condenados más peligrosos del país, pero también confinados políticos. La llamaban el Penal de Reincidentes y se levantó a principios del siglo pasado. Destinada a reclusos sentenciados a cadena perpetua, los reos pasaban sus días en pequeñas celdas de un metro y medio por dos. Los pasillos, patios y celdas, reconvertidos en museo, aún exudan dolor y espanto. El relato sobre hombres condenados detalla torturas y anécdotas macabras que pone piel de gallina a los turistas.
Entre las historias más sórdidas el guía relata la de Mateo Banks, hijo de inmigrantes enriquecidos que mató a sus hermanos, cuñadas y sobrinos, para heredar la fortuna familiar. Tras declararse inocente, en Ushuaia se convirtió en un religioso fanático, y se ganó el apodo de "El Místico" entre sus compañeros de pabellón.
Simón Radowitzky, el anarquista que en noviembre de 1909 detonó la bomba en el auto de Ramón Lorenzo Falcón, jefe de la Policía Federal y autor de la brutal represión de huelguistas en esa década también estuvo entre esos muros. Fue el único en la historia que logró fugarse, pero su libertad no duró mucho. Un mes después lo capturaron en Punta Arenas y en 1930 Hipólito Irigoyen conmutó su pena por el destierro.
Como fin de una escalofriante historia de terror, el reo más conocido queda para el final del paseo en la sala: Cayetano Santos Godino, "El Petiso Orejudo", quien como una celebridad, tiene el honor de estar representado con una figura tamaño real.

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