Nació para correr

Miguel Otero se inició en el kárting en 2008 y corrió hasta 2013, cuando decidió parar y empezar con un nuevo desafío. Este año comenzó a correr en la monomarca Renault 12, y con 16 años se consagró campeón en la última fecha disputada en el autódromo Mar y Valle de Trelew.

Las maniobras y el talento del "Flaco" Juan María Traverso cautivaba por televisión a "Migue" de muy chico, y esos recuerdos de los domingos en familia mirando el Turismo Carretera no se olvidan.
Miguel Otero vive para el automovilismo, y su consagración en la monomarca Renault 12 en su primera temporada, con 16 años, lo hace un deportista destacado en la capital petrolera.
A los 8 años comenzó a correr en kárting en el viejo kartódromo Raúl Andrés Vilariño, cuando el "Ronco" Frcovich le compró un kárting. Su papá Marcelo es ex campeón del TC Austral, y como no podía ser menos, él también comienza a escribir su propia historia en el automovilismo de la provincia del Chubut.
En 2013 decidió bajarse del kárting y esperar su momento para volver. Nunca se alejó, porque estuvo siempre en el taller, y fue la mano derecha de su papá en el autódromo cuando la Dodge salía a pista, y tres años después de mucho trabajo puso en pista su máquina, armada casi desde cero por ellos.
El inicio no fue bueno porque los resultados no se daban como se esperaba, pero íntimamente sabía que las buenas estaban por venir. El segundo semestre comenzó a ser diferente, y vinieron los festejos hasta llegar a la definición de campeonato con una ventaja de 9 puntos sobre el santacruceño "Tati" Marsicano.
"La definición en Trelew fue tranquila. En la final tuve un poquito de nervios, por cómo llegamos. En la carrera anterior en Comodoro se nos dio todo redondo. Pudimos llegar a la última fecha con una pequeña ventaja (9 puntos) y sabíamos que ya era un logro. Tuvimos alegrías y también algunos sinsabores a lo largo del año, pero pudimos redondearlo de la mejor manera", comentó Miguel Otero a El Patagónico.
El cierre de campeonato en Trelew lo vivió tranquilo, y se decidió antes de lo pensado ante un desperfecto de Marsicano. "Tenía el auto para correrlo. Yo lo quería definir en la pista, pero se le quemó el módulo en la largada y eso simplificó las cosas, pero tuvimos que pelear con el tío Eduardo, quien finalmente ganó. A "Tati" lo conocemos bastante, hemos compartido asados en casa, y antes de largar le di un abrazo grande. Cuando subí al podio pedí que lo llamen porque se merecía ese trofeo", recordó el campeón de la monomarca Renault 12.
Cuando decidió dejar el kárting, hubo que tener el doble de paciencia porque no podía correr en la categoría Sudam por la edad, y menos en la categoría con techo en la provincia del Chubut. Sin embargo, de los talleres nunca se alejó. Primero colaboró en el armado del auto de su tío, y el último verano se propuso encarar el propio en Kilómetro 8.
"El tiempo que no corrí fue difícil. Era ir y no poder competir en el kárting, rompíamos motores. Hasta que no quise gastar más plata y Miguel Panquilto me regaló el auto, era de calle, y lo empezamos a preparar de a poco. Cortamos caños, y salió mi tío 'Lalo' con la idea de correr. Lo armamos, lo pusimos en pista y funcionó", rememoró.
El momento en que cerró la puerta de su auto, se ajustó los cinturones y chequeó el casco, no se le borrará más. "La primera vez que fui a probar no me la olvido más. Quería subirme al auto y ver qué hacía. Fue muy buena la prueba, y estábamos en los tiempos. El día de carrera fue algo tremendo, veníamos bien hasta que por un toque en la serie me quedé afuera, pero fue lindo", admitió.
El 2016 no fue fácil para el Team Otero. Entre los tiempos de la escuela y los horarios de su papá en el camión, hicieron que tuvieran que redoblar los esfuerzos para armar las máquinas en el taller de la casa. "Ibamos a asentar los motores. Eran 20 o 25 vueltas para ir probando, pero a dos por hora. Después en ese tiempo probé un fórmula, y fue una lástima que no se pudo armar la categoría hasta que nos definimos por la monomarca Renault 12. Como no prosperó el tema de los monopostos, nos pusimos de lleno en el auto nuevo, en el armado", señaló.
Miguel va al colegio Deán Funes y los talleres sirven para adquirir mayor conocimiento. El lo reconoce y lo valora mucho, pero la opinión del padre tiene su peso. "El taller de la escuela sirve, y mucho. Y siempre lo vi a mi viejo como un ídolo, porque más allá de cómo maneja, él se hace el chasis, se hace su motor. El se sube y sabe todo de su auto. Yo siempre quise eso, conocer todo de mi auto, qué hace la máquina y por qué. Eso me interesa", subraya.
Con el título bajo el brazo, los festejos latentes, se mira de reojo la temporada venidera donde habrá que defender el título. "Ya está bastante definido el 2017. Vamos a defender el título y vamos a tener que laburar el doble. Sabemos que es más difícil retenerlo que ganarlo, pero falta para eso. Ahora vamos a festejar esto, que no se consigue muy seguido", sentenció.
"El equipo está conformado por mi viejo, mi tío Eduardo, Pope, el Ronko y el Lucho de La Paz, que labura a la par de nosotros, Manu, el Polaco, Jorgito. Ellos nos dan una mano enorme en los autos que ahora son tres", aseguró.

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